¿que se puede rescatar del socialismo, lo bueno y lo malo?

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  • Anónimo
    hace 3 meses
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    Desde fines de la década de los 90’, en América Latina se van a gestar procesos políticos progresistas que van a poner en cuestión la hegemonía neoliberal. La hazaña venezolana -con la figura de Hugo Chávez- y el proceso bolivariano iniciado, ayudó a cambiar la situación geopolítica latinoamericana, a favor de las clases subalternas, situando en el escenario un nuevo término: Socialismo del siglo XXI. Pero, ¿Qué significa Socialismo del siglo XXI?, ¿Cuáles son sus bases teórico-ideológicas? ¿A quiénes define como sus protagonistas sociales y políticos? ¿Cuáles son sus instituciones fundamentales? Estas interrogantes implican identificar el contexto de aparición de este concepto, los contrapuntos en relación al legado del socialismo, para luego situar el significado particular que representa al calor de los discursos de Hugo Chávez.

    Diversos autores contemporáneos, tienden a coincidir en que este término aparece desde una crítica tanto a la experiencia de los llamados socialismos realmente existentes, como en el plano teórico a la reificación y reduccionismo sufrido por la teoría marxista. Por un lado, esto implica hacer cuentas con el pasado de los “socialismos reales” y enfrentar críticamente sus componentes como la falta de democracia, el totalitarismo, el capitalismo de Estado, la planificación central y burocrática, el colectivismo entendido como anulación de las diferencias, el productivismo sin límites frente a los límites de la naturaleza, el dogmatismo e intolerancia a la divergencia, el partido único en la conducción del proceso de transición, el mantenimiento de la lógica del capital como forma de relación con la producción y el trabajo, o dicho de otro modo, la linealidad del progreso y/o etapismo en el avance hacia el socialismo, un esencialismo economicista y la ingenua creencia en que nacionalizar los medios de producción es socializar estos, la falta de participación y protagonismo de las clases subalternas en las cuestiones de definiciones políticas, en definitiva, la creencia en que el modelo de la Unión Soviética podía replicarse en cualquier parte del mundo.

    Frente a estos límites del socialismo (en el siglo XX), diversos autores han planteado una crítica al modo de producción capitalista y su fase neoliberal (con sus consecuencias), y con ello aparece el problema de la transición hacia el socialismo, como una suerte de etapa posterior a la sociedad actual y previa a una sociedad plenamente socialista. Todos estos elementos señalan una necesidad de superar las formas en que lo económico, lo político, lo social y lo cultural se relacionan y determinan en un orden específicamente capitalista.

    Alejados de un modelo único, serían estos elementos parte constitutiva de la transición al Socialismo del Siglo XXI. Al respecto, Dieterich, señala que el paso hacia el Socialismo del Siglo XXI implica un medio de superación de los sistemas económicos y políticos actuales. En concreto, plantea que el actual sistema económico posee cinco limitaciones sistémicas: es inestable, asimétrico, de carácter mercantil-nacionalista, con transnacionales que controlan la economía de forma excluyente y, finalmente, es ecológicamente imposible. Ante esto, propone una economía de equivalencias y “democráticamente planificada”, es decir, donde los intercambios de los sujetos económicos se realicen sobre valores iguales o cantidad de trabajo y esfuerzos laborales iguales aportados a la generación de riqueza social. Por otro lado, en el campo político, Dieterich habla de Democracia Directa y Participativa, para superar la democracia burguesa formal y la relaciona con “la capacidad real de la mayoría ciudadana de decidir sobre los principales asuntos públicos de la nación”.

    Por otra parte, el sujeto emancipador, para Dieterich, no es solo la clase obrera, como se creyó durante el siglo XX, sino todos aquellas víctimas del capitalismo neoliberal reunidas en un campo multicultural, pluriétnico, policlasista, global y de géneros y “abarca a todos aquellos que coincidan en la necesidad de democratizar a fondo la economía, la política, la cultura y los sistemas de coerción física de la sociedad mundial”. A su vez, Marta Harnecker coincide en la idea que el “Socialismo del Siglo XXI” implica una democracia social y política en que la ciudadanía es la “que conquista, que toma decisiones; que ejecuta y controla; que autogestiona, que autogobierna [...] La participación, el protagonismo en todos los espacios, es lo que permite a la persona crecer, ganar autoconfianza, es decir, desarrollarse humanamente”. Asimismo, estos rasgos se conjugan con potenciar la “autonomía y descentralización en la toma de decisiones”, para evitar la burocratización del Estado.

    En el plano económico, Marta Harnecker señala que el “Socialismo del siglo XXI”, se caracteriza por poner en su centro la persona, pues se rige por una lógica humanista y solidaria orientada a la satisfacción de las necesidades humanas y no a la obtención de lucro. Además, respeta la naturaleza y lucha contra el consumismo, ella dirá, nuestra meta no debe ser “vivir mejor” sino “vivir bien”. En este sentido, Harnecker, sigue las contribuciones de Michael Lebowitz respecto de la producción, quien plantea que esta debe responder a una planificación participativa y estar orientada a la satisfacción de las necesidades, respetando a la naturaleza bajo el uso racional de los recursos naturales y buscando el pleno desarrollo humano. Respecto de los medios de producción, se plantea la propiedad social, lo cual no es equivalente a que el Estado pase a ser el propietario legal de estos medios, sino que los trabajadores se apropien del proceso de producción y participen en las diversas etapas de este, aportando su pensamiento-conocimiento y su hacer.

    Por otra parte, Mészáros coincide con lo señalado al destacar como núcleo central del “Socialismo del Siglo XXI”, la progresiva transferencia de la toma de decisiones a los productores asociados, expresado en la participación democrática y propiedad colectiva de los medios de producción. Otro aspecto central en el “Socialismo del Siglo XXI” es la discusión respecto a la planificación, la que se entiende como oposición al despilfarro y destrucción del mercado capitalista, en la medida que el capital subordina el valor de uso al valor de cambio (acá se pueden considerar como un elemento complementario las críticas al crecimiento capitalista que no consideran el respeto al medio ambiente). El socialismo real habría sostenido una planificación centralizada de la economía desde el Estado, en cambio, el énfasis del socialismo del siglo XXI se encuentra en la propiedad colectiva de los medios de producción bajo los principios de la autogestión.

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