Franco preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 1 mes

¿De verdad todo lo que nos queda representar (en palabras) es sólo un fantasma de la realidad?

Pienso… que el Hombre cree gustar de lo predecible. Se siente cómodo, pero es por miedo; miedo a lo real, miedo a lo de afuera, miedo a la oscuridad. La verdad es que el ser humano lo que quiere es lo impredecible. …El misterio, la magia, el poder de lo irreconocible.

Nos llamamos “racional” cuando ponemos en orden el catálogo de las cosas –el gusto por clasificar todo–, pero bien a gusto que nos sentimos mediante la sorpresa de las películas, o de los espectáculos, o del arte en general. Bien alguien dijo: “Los artistas mienten para decir la verdad. Los políticos, para ocultarla”.

En realidad sentimos gusto no cuando decimos que amamos, sino lo que implica y hacia dónde lleva ese amar (a veces más directo, a veces más indeciso; más fuerte, más débil). Como una corriente de riachuelos conformando raíces, hasta tocar frente nuestro y maravillarnos por lo que resultó ser “real”.

Las palabras pierden su fuerza a medida que las unidimensionamos. Lo que es árbol, no es árbol, sino muere, por figura estática en una infértil memoria. ¿De verdad todo lo que nos queda representar es sólo un fantasma de la realidad? A veces quisiera que fuera más simple: que cada palabra sea una sustancia, pero no, cada palabra es una deixis de algo más profundo; será la voluntad, será el alma, será una deidad… Lo cierto es que las palabras llevan a algún lugar, sea a un suelo muerto, vivo, a ninguna parte o a un más allá.

2 respuestas

Calificación
  • Lia
    Lv 7
    hace 1 mes
    Mejor Respuesta

    Franco, soy Ada. Se me ocurrió editar mi respuesta y ésta despareció. Es una falla de YR. Por eso coloco de nuevo la respuesta original con este otro personaje mío. Espero tu comprensión. Saludos

    ........

    Será porque la “realidad que vivimos” no es tal, sino que es una simulación de la matrix. Será que el lenguaje está diseñado para mentir y distorcionarlo todo. Por ejemplo digo enamoramiento y “en amor a”, miento, fingiendo ser lo que el otro espera, para luego quejarme que no me conoce y no me ama.

    Será que la verdad trascendente es tan individual como la existencia, y por tal incomunicable por cualquier medio que no sea la experiencia vivencial misma: nadie comprende a otro hasta “estar en sus zapatos”. O será que nos gusta o nos acomoda mejor juzgar y condenar que comprender y empatizar con el otro, con los otros.

    Y, no obstante sus limitaciones para describir la realidad o comunicar sentimientos, la palabra tiene un indudable poder. La palabra crea, sana, enferma y mata, acaricia y fustiga. El diagnóstico de un médico ha desahuciado y condenado a muerte a más de un enfermo, y ha sanado “religiosamente” a más de un creyente, levantándolo de su lecho de dolor. La palabra de declaración de guerra ha desatado genocidios y las palabras literarias crean mundos hermosos que regocijan el alma de millones de lectores de poesía y novela del planeta. La Biblia consigna el poder creador de la palabra: “En un principio fue el verbo.” Y a partir de allí brotó el universo y la vida en él. Los militares dan la orden de: “Fuego” y sus subalternos empiezan la masacre o llevan a cabo el fusilamiento de los héroes solitarios, detractores del sistema, declarados “enemigos del Estado”.

    Será que vivimos tan dentro de nuestra propia mente, y nos hemos vuelto tan individualistas que nos es prácticamente imposible entender la realidad y a los seres que la pueblan. O será, simplemente, que nos damos cuenta del largo camino que nos queda por recorrer como especie cósmica, en búsqueda de la evolución y la trascendencia.

  • Anónimo
    hace 1 mes
¿Aún tienes preguntas? Pregunta ahora para obtener respuestas.