¿Y qué importa que el cielo me escupa?

Nuestro querer nos ha conducido a una irremediable tragedia,

¡Oh, poetas!. ¿Qué hacemos pues en los margenes de la existencia con un cuerpo joven y alma vieja?

¿Cuándo por fin moriré a manos del más grande desprecio?

El tiempo se agotará sobre mí sin escrúpulo,

mis esperanzas se avergonzarán,

las gotas caerán sobre mi cabezota sin compasión,

me observarán con asco y a distancia, ahí, postrado sobre el suelo.

¡Estoy muriendo!

¿Y qué importa la muerte cuando base a una gran pasión se ha consumado la existencia?

Nada, la muerte no importa nada.

¡Qué el cielo negro se enfurezca conmigo, qué grite, qué escupa y que sus ojos alumbren mi legendaria alma oscura!

Vosotros tenéis un grave problema con la vida: No viven.

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