Anónimo

¿Me pueden decir algo de los "cholos"?

Miren me urge para mañana reunir la mayor información posible sobre esta tribu urbana ya que mi maestro no ha aceptado los datos que les llevo pero tengo esperanza de que alguien me de una respuesta de lo más grande posible.

5 estrellas en juego.

2 respuestas

Calificación
  • Angel
    Lv 4
    hace 7 años
    Respuesta preferida

    Entre los punks y las bandas, a fines de los años setenta en la costa suroeste de Estados Unidos aparecieron los cholos, herederos directos de los pachucos, cuya huella se hizo cada vez más nítida en los jóvenes que vinieron después de ellos. Cuando, en los años sesenta, surgió el movimiento chicano, que tuvo como fin la reivindicación de la dignidad y los derechos usualmente pisoteados de los mexicano-estadunidenses, los pachucos fueron reconocidos, con razón, como antecedente directo del movimiento chicano. Éste no fue una forma de contracultura, pero su necesidad de afirmarse en una sociedad explotadora y discriminadora los hizo albergar numerosos rasgos de oposición al sistema, empezando, claro, por su identificación con los pachucos.

    Los primeros cholos eran chícanos y por tanto no es de extrañar que muchas señas de identidad chicana pasaran al cholo, especialmente el barrio como territorio sagrado. También la reverencia por el pasado mítico: Aztlán, los aztecas y, finalmente, una religiosidad profunda cuyo centro era el culto a la Virgen de Guadalupe. De los chícanos también se heredó el gusto por la expresión a través de pintura mural, que derivó en la práctica de los placazos, grafítis o pintas, como se les conoce en el sur de México. Estos murales representaban su simbología básica y eran marcas cholas en los barrios. Los cholos también usaban el paliacate en la frente, casi cubriendo los ojos, o sombrero, y pantalones muy guangos.

    Los cholos surgieron con fuerza en los momentos en que se daba el movimiento punk en Inglaterra y en otros países europeos, y la influencia de éste se reflejó entre los cholos en la violencia, en el hermetismo de la grafía de sus pintas, en el consumo de drogas (la pobreza impidió que el cholo se aficionara a la heroína, pero tuvo el alcohol, la mariguana, los inhalantes y las pastillas). Por otra parte, los cholos aportaron un espanglés sensacional, fronterizo, rico en coloquialismos inéditos y en giros idiomáticos.

    Los cholos chícanos, como suele ocurrir, pronto extendieron su influencia, por lo que en poco tiempo hubo cholos en Tijuana, Ciudad Juárez, Culiacán, Mazatlán y Guadalajara. No llegaron a la capital de México porque allá se habían dado ya las bandas, pero los cholos vinieron a ser un punto de enlace entre las culturas alternativas de México y las de Estados Unidos. El cholismo evidentemente representó un punto de identidad y estabilidad de muchísimos jóvenes pobres, por lo que, con sus variaciones, en los noventa aún había cholos.

    Como todos sus hermanos contraculturales, los cholos padecieron incomprensión y desprecio por parte de la cultura institucional, así como represiones incesantes. Los arrestos por la mera apariencia, las razzias, las golpizas y las humillaciones eran incontables en todas partes donde había cholos. Su presencia era muy visible y por tanto las autoridades tuvieron que buscar formas para lidiar con ellos; por lo general se buscaba despojarlos de sus rasgos e integrarlos en el sistema. Esto ocurrió en los años ochenta en Ciudad Juárez, donde el entonces presidente municipal Francisco Barrio salió con su programa "Barrios Unidos con Barrio", con el que quiso manipular a los cholos para que lo apoyaran a él y al PAN, a la vez que seguía reprimiéndolos.

    Sin embargo, los cholos representaron una manifestación contracultural hasta cierto punto menos intensa, pues, como las bandas y los punks, carecían de un gran mito de transformación que canalizara la creatividad y la expresividad artística hacia un fin mayor, trascendente. Al no disponer de una mística, los cholos le dieron un enorme énfasis a la ropa y a formas superficiales de identidad, como era el caso de los lowriders y sus coches brincalones, que implicaba una mayor enajenación al consumismo. Se explicaba entonces que la música preferida de muchos cholos fueran las viejas rolitas de los cincuenta y sesenta, las oídles but goodies, o, si no, canciones románticas, convencionales, desprovistas de la mínima densidad expresiva.

    Fuente(s): La contracultura en México de José Agustin.
  • hace 7 años

    Matan.

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