Anónimo
Anónimo preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 7 años

¿De que trata el poema el Caballo de los conquistadores gracias?

Buenas tardes alguien que me pudriera ayudar con esta pregunta por favor de que trata el poema Los Caballos de los conquistadores de Jose Santos Chocano por favor gracias

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  • Anónimo
    hace 7 años
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    LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    Sus pescuezos eran finos y sus ancas

    relucientes y sus cascos musicales...

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    ¡No! No han sido los guerreros solamente,

    de corazas y penachos y tizonas y estandartes,

    los que hicieron la conquista

    de las selvas y los Andes:

    Los caballos andaluces, cuyos nervios

    tienen chispas de la raza voladora de los árabes,

    estamparon sus gloriosas herraduras

    en los secos pedregales,

    en los húmedos pantanos,

    en los ríos resonantes,

    en las nieves silenciosas,

    en las pampas, en las sierras, en los bosques y en los valles.

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    Un caballo fue el primero,

    en los tórridos manglares,

    cuando el grupo de Balboa caminaba

    despertando las dormidas soledades,

    que de pronto dio el aviso

    del Pacífico Océano, porque ráfagas de aire

    al olfato le trajeron

    las salinas humedades;

    y el caballo de Quesada, que en la cumbre

    se detuvo viendo, en lo hondo de los valles,

    el fuetazo de un torrente

    como el gesto de una cólera salvaje,

    saludo con un relincho

    la sabana interminable...

    y bajó con fácil trote,

    los peldaños de los Andes,

    cual por unas milenarias escaleras

    que crujían bajo el golpe de los cascos musicales...

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    Y aquel otro, de ancho tórax,

    que la testa pone en alto

    cual queriendo ser más grande,

    en que Hernán Cortés un día

    caballero sobre estribos rutilantes,

    desde México hasta Honduras

    mide leguas y semanas entre rocas y boscajes,

    es más digno de los lauros

    que los potros que galopan

    en los cánticos triunfales

    con que Píndaro celebra

    las olímpicas disputas

    entre el vuelo de los carros y la fuga de los aires

    Y es más digno todavía

    de las odas inmortales

    el caballo con que Soto, diestramente,

    y tejiendo las cabriolas como él sabe,

    causa asombro, pone espanto, roba fuerzas,

    y entre el coro de los indios,

    sin que nadie haga un gesto de reproche,

    llega al trono de Atahualpa y salpica con espumas

    las insignias imperiales.

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    El caballo del beduino

    que se traga soledades.

    El caballo milagroso de San Jorge,

    que tritura con sus cascos los dragones infernales.

    El de César en las Galias.

    El de Aníbal en los Alpes.

    El Centauro de las clásicas leyendas,

    mitad potro, mitad hombre,

    que galopa sin cansarse,

    y que sueña sin dormirse,

    y que flecha los luceros,

    y que corre como el aire,

    todos tienen menos alma, menos fuerza, menos sangre,

    que los épicos caballos andaluces

    en las tierras de la Atlántida salvaje,

    soportando las fatigas,

    las espuelas y las hambres,

    bajo el peso de las férreas armaduras,

    cual desfile de heroísmos,

    coronados entre el fleco de los anchos estandartes

    con la gloria de Babieca y el dolor de Rocinante.

    En mitad de los fragores del combate,

    los caballos con sus pechos arrollaban

    a los indios, y seguían adelante.

    Y, así, a veces, a los gritos de "¡Santiago!",

    entre el humo y e fulgor de los metales,

    se veía que pasaba, como un sueño,

    el caballo del apóstol a galope por los aires

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    Se diría una epopeya

    de caballos singulares

    que a manera de hipogrifos desolados

    o cual río que se cuelga de los Andes,

    llegan todos sudorosos, empolvados, jadeantes,

    de unas tierras nunca vistas,

    a otras tierras conquistables.

    Y de súbito, espantados por un cuerno

    que se hincha con soplido de huracanes,

    dan nerviosos un soplido tan profundo,

    que parece que quisiera perpetuarse.

    Y en las pampas y confines

    ven las tristes lejanías

    y remontan las edades

    y se sienten atraídos

    por los nuevos horizontes:

    Se aglomeran, piafan, soplan, y se pierden al escape.

    Detrás de ellos, una nube,

    que es la nube de la gloria,

    se levanta por los aires.

    ¡Los caballos eran fuertes!

    ¡Los caballos eran ágiles!

    Aqui el poeta quiere render honores a los caballos

    de los conquistadores,que arriesgados y valientes

    junto a los conquistadores hicieron la conquista.

    saludos...

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