Pandi preguntado en Arte y humanidadesLibros y Autores · hace 8 años

¿Resumen Del El Pequeño escribiente florentino?

10 Estrellas

Actualización:

Si Puden Pongan Links, De Paginas, Me Serviria Que Fuera Del Rincon Del Vago

Actualización 2:

Me Di Cuenta De Donde sacaste eso.. cortaste y pegaste la primera parte ..

3 respuestas

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  • Anónimo
    hace 8 años
    Respuesta preferida

    Tenía doce años y cursaba la cuarta elemental. Era un simpático niño florentino de cabellosrubios y tez blanca, hijo mayor de cierto empleado de ferrocarriles quien, teniendo unafamilia numerosa y un escaso sueldo, vivía con suma estrechez. Su padre lo quería mucho,y era bueno e indulgente con él; indulgente en todo menos en lo que se refería a la escuela:en esto era muy exigente y se revestía de bastante severidad, porque el hijo debía estar pronto dispuesto a obtener otro empleo para ayudar a sostener a la familia; y para ellonecesitaba trabajar mucho en poco tiempo.Así, aunque el muchacho era aplicado, el padre lo exhortaba siempre a estudiar. Era éste yade avanzada edad y el exceso de trabajo lo había también envejecido prematuramente. Enefecto, para proveer a las necesidades de la familia, además del mucho trabajo que tenía ensu empleo, se buscaba a la vez, aquí y allá, trabajos extraordinarios de copista. Pasaba,entonces, sin descansar, ante su mesa, buena parte de la noche. Últimamente, cierta casaeditorial que publicaba libros y periódicos le había hecho el encargo de escribir en las fajasel nombre y la dirección de los suscriptores. Ganaba tres florines por cada quinientas deaquellas tirillas de papel, escritas en caracteres grandes y regulares. Pero esta tarea locansaba, y se lamentaba de ello a menudo con la familia a la hora de comer.-Estoy perdiendo la vista -decía-; esta ocupación de noche acaba conmigo.El hijo le dijo un día:-Papá, déjame trabajar en tu lugar; tú sabes que escribo regular, tanto como tú.Pero el padre le respondió:-No, hijo, no; tú debes estudiar; tu escuela es mucho más importante que mis fajas: tendríaremordimiento si te privara del estudio una hora; lo agradezco; pero no quiero, y no mehables más de ello.El hijo sabía que con su padre era inútil insistir en aquellas materias, y no insistió. Pero heaquí lo que hizo. Sabía que a las doce en punto dejaba su padre de escribir y salía deldespacho para dirigirse a la alcoba. Alguna vez lo había oído: en cuanto el reloj daba lasdoce, sentía inmediatamente el rumor de la silla que se movía y el lento paso de su padre.Una noche esperó a que estuviese ya en cama; se vistió sin hacer ruido, anduvo a tientas por el cuarto, encendió el quinqué de petróleo, y se sentó en la mesa de despacho, donde habíaun montón de fajas blancas y la indicación de las direcciones de los suscriptores.Empezó a escribir, imitando todo lo que pudo la letra de su padre. Y escribía contento, congusto, aunque con miedo; las fajas escritas aumentaban, y de vez en cuando dejaba la pluma para frotarse las manos; después continuaba con más alegría, atento el oído ysonriente. Escribió ciento sesenta: ¡cerca de un florín! Entonces se detuvo: dejó la plumadonde estaba, apagó la luz y se volvió a la cama de puntillas

  • hace 6 años

    esta bien pero falta

  • hace 5 años

    Mejor respuesta: Tenía doce años y cursaba la cuarta elemental. Era un simpático niño florentino de cabellos rubios y tez blanca, hijo mayor de cierto empleado de ferrocarriles quien, teniendo una familia numerosa y un escaso sueldo, vivía con suma estrechez. Su padre lo quería mucho, y era bueno e indulgente con él; indulgente en todo menos en lo que se refería a la escuela: en esto era muy exigente y se revestía de bastante severidad, porque el hijo debía estar pronto dispuesto a obtener otro empleo para ayudar a sostener a la familia; y para ello necesitaba trabajar mucho en poco tiempo. Así, aunque el muchacho era aplicado, el padre lo exhortaba siempre a estudiar. Era éste yode avanzada edad y el exceso de trabajo lo había también envejecido prematuramente. En efecto, para proveer a las necesidades de la familia, además del mucho trabajo que tenía en su empleo, se buscaba a la vez, aquí y allá, trabajos extraordinarios de copista. Pasaba, entonces, sin descansar, ante su mesa, buena parte de la noche. Últimamente, cierta casa editorial que publicaba libros y periódicos le había hecho el encargo de escribir en las fájasela nombre y la dirección de los suscriptores. Ganaba tres florines por cada quinientas desaquellas tirillas de papel, escritas en caracteres grandes y regulares. Pero esta tarea lo cansaba, y se lamentaba de ello a menudo con la familia a la hora de comer.-Estoy perdiendo la vista -decía-; esta ocupación de noche acaba conmigo. El hijo le dijo un día:-Papá, déjame trabajar en tu lugar; tú sabes que escribo regular, tanto como tú.Pero el padre le respondió:-No, hijo, no; tú debes estudiar; tu escuela es mucho más importante que mis fajas: tendría remordimiento si te privara del estudio una hora; lo agradezco; pero no quiero, y no me hables más de ello. El hijo sabía que con su padre era inútil insistir en aquellas materias, y no insistió. Pero he aquí lo que hizo. Sabía que a las doce en punto dejaba su padre de escribir y salía del despacho para dirigirse a la alcoba. Alguna vez lo había oído: en cuanto el reloj daba las doce, sentía inmediatamente el rumor de la silla que se movía y el lento paso de su padre. Un noche esperó a que estuviese ya en cama; se vistió sin hacer ruido, anduvo a tientas por el cuarto, encendió el quinqué de petróleo, y se sentó en la mesa de despacho, donde habían montón de fajas blancas y la indicación de las direcciones de los suscriptores. Empezó a escribir, imitando todo lo que pudo la letra de su padre. Y escribía contento, congosto, aunque con miedo; las fajas escritas aumentaban, y de vez en cuando dejaba la pluma para frotarse las manos; después continuaba con más alegría, atento el oído y sonriente. Escribió ciento sesenta: ¡cerca de un florín! Entonces se detuvo: dejó la pluma donde estaba, apagó la luz y se volvió a la cama de puntillas

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