Anónimo
Anónimo preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 8 años

¿suave el amor se filtra en la vida?

Tanto amor ha quedado sin ser compartido

guardado en el alma, en el pensamiento

en las manos…

Seres inocentes no saben qué hacer

el azar los lleva por rutas con fin indeciso

Se consume el tiempo y la vida

solo basta guardar los recuerdos

suspirar e iniciar de nuevo

suave el amor llega a tu vida

http://www.youtube.com/watch?v=NGyVc4zitk4

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  • Anónimo
    hace 8 años
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    AMBAR

    DECLARACION DE AMOR

    Efrain Huerta.

    Ciudad que llevas dentro

    mi corazón, mi pena,

    la desgracia verdosa

    de los hombres del alba,

    mil voces descompuestas

    por el frío y el hambre.

    Ciudad que lloras, mía,

    maternal, dolorosa,

    bella como camelia

    y triste como lágrima,

    mírame con tus ojos

    de tezontle y granito,

    caminar por tus calles

    como sombra o neblina.

    Soy el llanto invisible

    de millares de hombres.

    Soy la ronca miseria,

    la gris melancolía,

    el fastidio hecho carne.

    Yo soy mi corazón desamparado y negro.

    Ciudad, invernadero,

    gruta despedazada.

    Bajo tu sombra, el viento del invierno

    es una lluvia triste, y los hombres, amor,

    son cuerpos gemidores, olas

    quebrándose a los pies de las mujeres

    en un largo momento de abandono

    -como nardos pudriéndose.

    Es la hora del sueño, de los labios resecos,

    de los cabellos lacios y el vivir sin remedio.

    Pero si el viento norte una mañana,

    una mañana larga, una selva,

    me entregara el corazón desecho

    del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad,

    el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso,

    de una tierra sin vida?

    Porque yo creo que el corazón del alba

    en un millón de flores,

    el correr de la sangre

    o tu cuerpo, ciudad, sin huesos ni miseria.

    Los hombres que te odian no comprenden

    cómo eres pura, amplia,

    rojiza, cariñosa, ciudad mía;

    cómo te entregas, lenta,

    a los niños que ríen,

    a los hombres que aman claras hembras

    de sonrisa despierta y fresco pensamiento,

    a los pájaros que viven limpiamente

    en tus jardines como axilas,

    a los perros nocturnos

    cuyos ladridos son mares de fiebre,

    a los gatos, tigrillos por el día,

    serpientes en la noche,

    blandos peces al alba;

    cómo te das, mujer de mil abrazos,

    a nosotros, tus tímidos amantes:

    cuando te desnudamos, se diría

    que una cascada nace del silencio

    donde habitan la piel de los crepúsculos,

    las tibias lágrimas de los relojes,

    las monedas perdidas,

    los días menos pensados

    y las naranjas vírgenes.

    Cuando llegas, rezumando delicia,

    calles recién lavadas

    y edificios-cristales,

    pensamos en la recia tristeza del subsuelo,

    en lo que tienen de agonía los lagos

    y los ríos,

    en los campos enfermos de amapolas,

    en las montañas erizadas de espinas,

    en esas playas largas

    donde apenas la espuma

    es un pobre animal inofensivo,

    o en las costas de piedra

    tan cínicas y bravas como leonas;

    pensamos en el fondo del mar

    y en sus bosques de helechos,

    en la superficie del mar

    con barcos casi locos,

    en lo alto del mar

    con pájaros idiotas.

    Yo pienso en mi mujer:

    en su sonrisa cuando duerme

    y una luz misteriosa la protege,

    en sus ojos curiosos cuando el día

    es un mármol redondo.

    Pienso en ella, ciudad,

    y en el futuro nuestro:

    en el hijo, en la espiga,

    o menos, en el grano de trigo

    que será también tuyo,

    porque es de tu sangre,

    de tus rumores,

    de tu ancho corazón de piedra y aire,

    de nuestros fríos o tibios,

    o quemantes y helados pensamientos,

    humildades y orgullo, mi ciudad,

    Mi gran ciudad de México:

    el fondo de tu sexo es un criadero

    de claras fortalezas,

    tu invierno es un engaño

    de alfileres y leche,

    tus chimeneas enormes

    dedos llorando niebla,

    tus jardines axilas la única verdad,

    tus estaciones campos

    de toros acerados,

    tus calles cauces duros

    para pies varoniles,

    tus templos viejos frutos

    alimento de ancianas,

    tus horas como gritos

    de monstruos invisibles,

    ¡tus rincones con llanto

    son las marcas de odio y de saliva

    carcomiendo tu pecho de dulzura!

    saludos.

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