¿que os parece? continuo o cambio de tema?

Casi nunca e escrito nada serio y en verdad me gusta escribir pero no se si realmente es lo mío. Me gustaria que dierais vuestra opinion para lo que quiere ser una "novela", no se me da muy bien de momento pero espero que con el tiempo vaya mejorando y por eso necesito opiniones (tengo 14 años recien... mostrar más Casi nunca e escrito nada serio y en verdad me gusta escribir pero no se si realmente es lo mío. Me gustaria que dierais vuestra opinion para lo que quiere ser una "novela", no se me da muy bien de momento pero espero que con el tiempo vaya mejorando y por eso necesito opiniones (tengo 14 años recien cumplidos no seais muy exigentes:P)


Los humanos, tendemos a ser espejos; a reflejar lo que la sociedad es, a decir lo que oímos, a actuar como los demás solo para ser simplemente aceptados y unidos a la monotonía de nuestra sociedad.
Omitimos nuestra personalidad y nuestra forma de ser; y algunas veces hasta tales extremos en que ya nos es prácticamente imposible el volver a recuperar lo que éramos en un principio.
Algunas veces es porque ya ni siquiera nos acordamos de cómo éramos, o porque nos incomoda pensar en lo que la gente que nos rodea podría pensar sobre los cambios, y por el temor, preferimos seguir llevando esa mascara tan sofocante durante lo que nos queda de vida. Nosotros, o por lo menos yo, siempre he temido a lo desconocido, y ya sabemos que el miedo es nuestro peor enemigo.

Soy simplemente una de millones y millones de personas en el mundo, pero de una cosa estoy segura; no tengo planeado ser “normal”. No soy ninguna rebelde o niña que necesita más atención, tan solo me horroriza pensar que podría pasarme la vida temiendo lo que los demás piensen sobre mí, me da miedo pensar en que la muchedumbre que me rodea puedan herirme por culpa de su falsedad si dejo de ser quien soy, me aterroriza pensar que al final de mi vida, ninguna persona haya llegado a tocar mi corazón y haya querido estar a mi lado sabiendo como es mi verdadero “yo”. No pienso dejar que la gente me moldee y decida lo que debo ser. Pienso tomar las riendas de mi destino y dictar mi vida de la manera que yo quiera, aún si tengo que nadar a contra corriente.


La humedad de esa estrecha y oscura calle de Londres que se colaba por la ropa y se esparcía por lo más profundo de tu ser era insoportable. Era la típica fría noche de invierno y no había luna. La figura de una persona se podía distinguir vagamente al final de dicha calle.
Era una mujer, parecía joven. Los colores de su vestido no se podían distinguir ni a la tenue luz de las farolas. Ella miraba al suelo, su pelo largo y seguramente más rizado de la cuenta por la humedad, le llegaba hasta poco más de las rodillas. Su piel blanca resaltaba con el vestido de color indefinido; parecía cansada.
De pronto oí un golpe. La chica cayó al suelo rendida. Me levante instintivamente y fui a socorrerla. El contacto de su piel helada con la mía me hizo estremecer, pero al ver su rostro, de alguna manera una calidez invadió mi mente.

Londres , 1890


Los pocos débiles rayos del sol que lograban escabullirse entre las grises nubes que vestían el cielo, entraron por las ventanas cerradas de esa habitación.
Abrí lentamente mis ojos. Estaba tendida sobre una cálida i esponjosa cama. Mi mente estaba confusa; de lo único que consigo acordarme es de los gritos de mi madre y del ruido de esa jarra de porcelana arrojada al suelo por mi padre. Después de eso solo logro recordar frío i la asfixiante penumbra que me envolvía.
Miré a mi alrededor. En frente, al final de la habitación, había una puerta de madera de roble con pequeños detalles esculpidos en su marco, las paredes pintadas de azul se alzaban hasta llegar a un techo liso, blanco. Varias columnas sujetaban la gran habitación; al lado de una de ellas había una adorable mesita de la misma madera que la puerta i con las mismas formas esculpidas; la rodeaba un par de sillas del mismo material y semejanza. En un rincón se veía un piano, parecía antiguo pero estaba muy bien conservado a pesar de los años que debía tener.
Al fondo de la sala se alzaban unos grandes ventanales cubiertos por unas finas cortinas de seda blanca.
Giré mi cabeza medio aturdida. Vi una silla al lado de la cama; encima de ella se hallaba un hermoso vestido de terciopelo azul con bordados plateados y tela blanca.
Sobre la mesita de noche había una taza de té, aún salía el vapor de ella, quizás sea porque aún conserva su calidez o porque comparada con la temperatura de dicha habitación estaba mucho más caliente; y al lado un plato de galletas que parecían ser caseras.
Me di cuenta que algunos rebeldes tirabuzones se deshacían del moño que no recordaba haberme hecho rozando así mi pálida piel. Pasado unos instantes, observe de que no llevaba las mismas ropas del día anterior.
Todo era muy confuso. No lograba explicarme donde estaba y cómo había llegado allí.
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