Anónimo
Anónimo preguntado en Arte y humanidadesFilosofía · hace 9 años

¿Que es lo que cambia y lo que permanece en la historia de una sociedad?

Necesito una respuesta antes del martes, xfaaa!!

3 respuestas

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  • Anónimo
    hace 9 años
    Respuesta preferida

    ralidad alimentada por el sentido común y que se fundamenta en la contingencia.

    De entre todas, la principal quiebra reconocible en el tiempo histórico occidental puede haber sido la modernidad, una forma inédita de experimentar el decurso del tiempo, una ruptura fundamental con respecto a los modos premodernos de la figuración histórica. Entre la modernidad y las épocas precedentes se rompe la continuidad. La revolución de 1789 proporcionó una nueva perspectiva histórica, la génesis de una nueva conciencia. El tiempo devenía en una dimensión inmanente, algo que los sujetos desencadenan con su mismo actuar. La temporización de la historia permitió situar a la diversidad cultural en un orden secuencial. El progreso surgió como la noción que permitía establecer un antes y un después, atribuir a cada fenómeno el momento apropiado en la lógica del desarrollo de la historia.

    Pero en realidad la noción de cambio en la historia tiene que ver con la propia categorización del tiempo histórico1. De entre todos los posibles, el tiempo corto sitúa el ámbito de la experiencia inmediata, es el más ajustado a la idea de cambio tal y como dicta el sentido común. En el tiempo corto se mueven los acontecimientos, los eventos. El tiempo medio, el tiempo de las generaciones, constituye un marco temporal muy útil para hacer referencia al establecimiento de las condiciones estructurales que pretenden la permanencia, tal y como decía antes. Aquí el cambio adopta la forma de un conjunto de secuencias evolutivas de más largo alcance, lastradas por las resistencias al cambio, o bien por el establecimiento de patrones de comportamiento entre los diversos fenómenos. Finalmente, el tiempo largo, que sobrepasa al de las generaciones, nos permite observar el cambio en las condiciones estructurales fraguadas en el tiempo medio. La visión del cambio en este tiempo largo sólo puede hacerse mediante el ejercicio de la abstracción. En él observamos las grandes mutaciones, los cambios profundos de los que la experiencia humana es objeto.

    En el tiempo de la experiencia inmediata, aquel que está recorrido por los eventos históricos, el cambio se expresa a menudo de forma violenta por medio de acciones tumultuarias. Irrumpe actuando como una válvula de escape de la conflictividad social en las sociedades tradicionales plenamente asentadas. Sus formas a lo largo de la historia han encajado en una tipología diversa: motines, protestas callejeras, rebeliones de esclavos, levantamientos anti señoriales, desobediencia civil, alborotos callejeros y urbanos, la destrucción de herramientas nuevas… Semejantes repertorios de protesta en la antesala del cambio se han dado, con mayor o menor éxito, en todos lo momentos de la historia y en todos sus ámbitos, bien sean los productivos, bien los políticos2. La manifestación del cambio se ha difundido y hecho pública en los medios de opinión propios de cada tiempo histórico. Desde los mentideros, las plazas públicas y mercados, las tabernas y las iglesias a los espacios restringidos a la información burguesa en los albores de la edad contemporánea: salones, teatros, periódicos. En tiempos más recientes, los mass media e internet3.

    La idea de revolución como cambio fue utilizada por los historiadores cuando la Historia constituía un modelo de aprendizaje. La visión de la historia como progreso nos indicaba que convenía acercarse a las revoluciones del pasado porque servirían de modelo a las futuras. De tal suerte que llega a sacralizarse una historia de las revoluciones, a las que se atiende con idénticos instrumentos de indagación y reconstrucción. Si, para quienes hacían la revolución no existía más que una revolución, la suya, para los historiadores, la revolución constituye una secuencia en el eje de la discontinuidad. Nada, pues, más caduco que la revolución: un momento de ruptura para quienes están instalados en la permanencia, un momento de construcción socio-histórica para aquellos que pretenden satisfacer sus anhelos de cambio histórico.

    En nuestros días, subsiste una suerte de tradición cultural que nos señala infatigablemente que somos hijos de las revoluciones, de las revueltas políticas, sociales, y culturales del cambio histórico, de las que la herencia occidental –incluso aquella que hace gala de su conservadurismo- se siente orgullosa sin mediar vacilación. Pero la revolución, como forma drástica del cambio, como sinónimo de modernización y de progreso, expresa también la aceleración de un tiempo histórico. Constituye un concepto imperecedero cuya buena prensa indiscutible ha de cargar hoy en día sin embargo con los matices que le proporciona la condescendencia con que afrontamos el desencanto y la media sonrisa que desplegamos ante las utopías. Entendamos que la revolución seguirá siendo vista conilustrado.

    Fuente(s): esto no sirve, no es serio por los recortes no hay lugar
  • hace 6 años

    LO QUE NO CAMBIA ES EL T

    RASCUSO DE GENERACION EN GENERACION HASTA LA ACTUALIDAD

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