¿ Por qué en las bodegas hay bichos y pulpos? Última parte?

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Así le dejé, y me fui tan feliz a disfrutar de la fantástica fiesta, en la cual ya estaban cantando rancheras y en aquel momento “ El Rey”.
En ningún momento sentí cargo de conciencia, puesto que allí si le daba la sed, tendría infinidad de vinos, cavas y demás para beber, bueno, menos agua. Y si acaso le daba el hambre que comiera queso, que era muy bueno y tenía calcio.
Las posibilidades de salir de allí eran remotas, le descubrirían cuando volvieran a bajar a la bodega y tal vez hasta la próxima fiesta no lo harían.
Así que podría pasarse bastantes días e incluso semanas, tampoco había cobertura para poder hacer una llamada desde su móvil.
¿ Lástima?... no, no me daba lástima, hasta incluso con las botellas vacías podría entretenerse haciendo una escala musical, dando percusión a la casa.
La fiesta continuaría hasta que el último se cansara, para todos él estaba de viaje, y a mi ya me estaba entrando sueño, deseaba llegar al hotel y descansar. Estaba dentro de una gran mansión, no podía quejarse.
Pasadas unas horas dejaría Laredo y no volvería hasta después que pasaran cien años.
Pero…curioso fue, que me desperté pensando en él y comencé a calcular cuanto líquido se necesitaba para vivir. No había problema, allí tendría de sobra, aunque claro, a esas horas ya estaría más borracho que el último de la fiesta.
Me levanté temprano para aprovechar e ir un poco a la playa, había descansado poco y me volví a quedar dormida, con el recuerdo del día anterior, cuando descubrí que estaba a mi lado. Sé que soñé, tal vez las gaviotas que gritaban en el aire no dejaban que mi sueño fuera profundo, pero en el sueño caprichoso, él volvía a estar a mi lado sentado en aquella silla, sonriéndome como en la mañana anterior. Desperté con las risas de unos niños que pasaban corriendo, miré a un lado, pero él no estaba.
En ese momento me llamé de todo, ¿ cómo iba a estar, si le había dejado encerrado en la bodega? Sentí impulsos de ir a abrirle la puerta, pero mi orgullo me lo impidió.
Antes de ir al hotel, me detuve en aquella cafetería que habíamos estado, sonreí, recordándole con aquel aspecto tan descuidado que traía y cuando marché furiosa, llamándole entre dientes zarrapastroso.
Llegué a la habitación me di un baño relajante, me vestí y bajé a la recepción a pagar la factura del hotel. Me quedé sorprendida, estaba todo ya abonado, me dijo el empleado, entregué la tarjeta de la puerta y me dio un sobre. Supuse que habían sido los ancianos que habían pagado mi hospedaje, no reparé en el sobre, pensando que sería la nota de abono.
Me dirigí a mi coche introduje la maleta y marché de aquel hermoso lugar, diciéndome que jamás en mi vida volvería.
Después de varios kilómetros me detuve a comer, abrí el bolso y vi el sobre que me había dado el recepcionista, dentro había una nota, quedé pálida cuando la leí:

“ La bodega tiene dos puertas, aún me gustas.”

En se momento algo se revolvió en mi, pero…no iba a dar la vuelta y regresar a la villa, mi orgullo me había inmovilizado.
Recordé a aquella arañita que estaba en la bodega y que se había quedado atrapada en su propia red…así me sentí yo.
Mis sentimientos están confundidos, mezclados… y mi consuelo en aquel momento fue que si le gustaba, me buscaría, tenía suficientes medios si quería localizarme, así que continué mi viaje…

Continuará… 3-7-2011
Azul
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