Anónimo
Anónimo preguntado en Música y entretenimientoComics y Animación · hace 10 años

¿en que batallas y por quien fue vencido rosas?

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  • Anónimo
    hace 10 años
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    resumen xd

    En la batalla de Caseros, ocurrida el 3 de febrero de 1852, el ejército de la Confederación Argentina al mando de Juan Manuel de Rosas, Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina fue derrotado por el Ejército Grande, compuesto por fuerzas del Brasil, el Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes, liderado por el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, quien se había sublevado contra Rosas el 1º de mayo de 1851 en que lanzó el llamado Pronunciamiento de Urquiza.

    La batalla culminó con la victoria del Ejército Grande y la derrota de Rosas, que dejó de dicha forma el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

    algo mas para saber xd

    Para la tradición liberal conservadora, la derrota de Rosas marca el fin de la “tiranía” de Buenos Aires, y abre el camino de la “organización nacional”, bajo el imperio de una Constitución. Sin embargo, en los hechos la unidad nacional no duró demasiado: ya el 11 de septiembre de 1852, el Estado de Buenos Aires, bajo la gravitación de Bartolomé Mitre -quien inicialmente había acompañado a Urquiza contra Rosas-, se escindía de la nueva Confederación Argentina. Recién en 1862, tras la batalla de Pavón, quedaría afianzado el principio de unidad territorial que dio lugar a la Argentina contemporánea.

    Por otra parte, ¿acaso el propio Sarmiento, en su inmortal Facundo, no había reconocido en el legado de Rosas un antecedente ineludible del proceso de constitución del Estado?

    En cualquier caso, la relevancia histórica de Caseros estriba también en el nuevo contexto internacional: a diferencia del período inmediatamente posterior a las independencias latinoamericanas, en el cual no había un relevo específico a la división colonial del trabajo, el avance de la revolución industrial en Inglaterra y Europa desde la segunda mitad del siglo XIX abría nuevas posibilidades económicas y sociales. Países como la Argentina, siempre y cuando contasen con la dotación adecuada de factores, podían insertarse en una nueva división del trabajo, en la cual eran requeridos no meramente como consumidores de manufacturas, sino también como abastecedores de materias primas para las nacientes economías fabriles.

    ¿De qué “factores” estamos hablando? Principalmente, mano de obra e infraestructura. Para ello, era imprescindible remover los obstáculos que impedían la acumulación capitalista, alentar la inmigración europea -aunque la elite terrateniente de la Pampa Húmeda se cuidó bien de limitar su acceso a la propiedad de la tierra-, así como convocar al capital extranjero a radicarse en el territorio. A tales fines debía abocarse la Asamblea Constituyente conformada en Santa Fe en 1853. De hecho, si leemos el capítulo primero, “Declaraciones, derechos y garantías”, veremos rápidamente una sucesión de definiciones esenciales en ese sentido. Por el artículo quince, los constituyentes declararon taxativamente que “en la Argentina no hay esclavos”, por el artículo dieciseis, consagraron el principio de igualdad ante la ley. Por el artículo diciesiete, garantizaron el derecho de propiedad. El artículo veinte extendía los derechos civiles a los extranjeros, y el artículo veinticinco, hasta la fecha, y pese a sucesivas reformas, reza:

    “El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes.”

    Hay, entonces, un trasfondo de verdad en la constante evocación de la derrota federal por parte de las elites sociales y políticas del país, puesto que si Caseros no garantizó de inmediato la paz y el control territorial, fue la piedra basal del consenso nacional que daría lugar, en el tiempo, a la Argentina de los granos y las mieces -y la lana también, si queremos mantener cierto rigor-.

    Retrospectivamente, tanto los intelectuales orgánicos del liberalismo como los voceros de los diversos populismos del siglo XX se esforzaron en convertir a Rosas en un enemigo de estos fines. Durante décadas, se ha querido ver en Rosas y sus montoneras a la encarnación de una alternativa “nacional” frente a la hegemonía liberal. En esa línea, Caseros habría dirimido el conflicto entre dos proyectos de nación antagónicos, así como entre dos modelos de inserción externa opuestos e incompatibles.

    Estas afirmaciones, efectuadas con menos evidencia que esperanza, chocan de frente contra algunas comprobaciones elementales. Pues es con Rosas que se afianza el predominio comercial y económico de Gran Bretaña sobre nuestro territorio. Asimismo, es con Rosas que se afirma la primacía de Buenos Aires sobre las provincias, y de los sectores terratenientes orientados hacia la economía atlántica por sobre aquellos comerciantes que habían amasado sus fortunas en torno del corredor altoperuano.

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