Anónimo
Anónimo preguntado en Familia, Amor y RelacionesOtros - Familia, Amor y Relaciones · hace 10 años

¿hola,quiero que me ayuden,para la tarea de mi nena, necesito 05 actos de fe y 05 actos de amor.?

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  • hace 10 años
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    Actos de fe

    A lo largo de nuestra vida asumimos muchos actos de fe. El mero acto de darse la mano es uno de los vestigios de cuando la confianza iba escasa. Los guerreros de antaño se daban la mano, a ser posible las dos, para demostrar que no llevaban ninguna arma escondida. En realidad el progreso de la humanidad consiste en ir dándonos márgenes de confianza mutua. Para ello se recurre siempre al lenguaje simbólico.

    Cuando los banqueros genoveses inventaron la letra de cambio dieron un gran paso adelante. Una letra de cambio no era una bolsa de monedas de oro. La letra de cambio, en pura lógica, sólo era papel escrito y timbrado mientras que la bolsa de oro era una convención mucho más extendida. El oro, un mineral al fin y al cabo, valía lo que valía no por su eficiencia sino por su escasez. A partir de la letra de cambio pasaron algunos siglos antes de llegar al papel moneda. Pero ahí está, con sus filigranas y sus falsificadores, con gente dispuesta a matar y hasta a morir por un buen fajo de papel. Todos los animales, desde las ratas hasta los tigres pasando por el hombre, podríamos luchar por un pedazo de carne. Pero las ratas devorarían los billetes de 100 euros y los tigres los usarían como servilleta después de devorarnos a nosotros. El dinero siempre es un acto de fe.

    EJemplos

    Pero toda nuestra vida --es decir: todo nuestro progreso-- se basa en esa confianza intuitiva que ni siquiera es racional. Los actos de fe inundan nuestras horas. Ahí van unos ejemplos. Tomarnos el café que nos han servido a las doce de la noche después de haber insistido en que sobre todo fuera café descafeinado. Más. Ir a la barbería y confiar en que el barbero que nos está pasando una navaja por el cuello enjabonado no enloquezca de pronto y nos degüelle.

    Estar convencidos de que el billete de avión que compramos por internet hace unos meses no nos deje en tierra. Saber que todo va bien cuando, desnudos y desvalidos en la mesa de operaciones, el anestesista nos diga que todo va a ir bien. Confiar a pies juntillas que, cuando nos dicen que aquel perrazo con unas fauces llenas de dientes no muerde, es que no nos va a morder. Tener la certeza de que, tras una entrevista de trabajo, nos llamarán porque han dicho que nos llamarían.

    Estar seguros de que el candidato cumplirá sus promesas. Creer que la paz será con nosotros. Esperar que aquella mujer que nos dice que nos quiere sepa realmente lo que se dice. Suponer que el hijo adolescente que asegura que volverá pronto llegue antes de las tres de la madrugada. Sostener que aquel que no se nos pone al teléfono porque dicen que está reunido está realmente reunido. Creer que el pescado es fresco. No preocuparnos cuando el médico nos dice con semblante grave y sin mirarnos a los ojos que, por favor, no nos preocupemos.

    Si, tras el amor, preguntamos "¿en qué piensas?" y nos responden que "en nada", es evidente que no piensa en nada.

    Son actos de fe cotidianos. Tan habituales como el del maquinista de un talgo, ese que cuando el jefe de estación le dijo que la vía estaba libre estaba convencido de que estaba libre.

    "Los actos de amor"

    Decía la Madre Teresa de Calcuta: "Los actos de amor generan adicción hacen de la generosidad un acto de amor. U

    Mencionaba José Luis Martín Descalzo: El amor que dimos, el consejo, el apoyo moral, la palabra de ánimo, el dar de lo que no teníamos de sobra. Porque es fácil dar de lo que tenemos, y no muy fácil dar de lo que somos.

    Decía Aristóteles, que "nos volvemos valientes haciendo cosas valientes". Nuestro objetivo esencial en este mundo es sin duda ser felices. Y mencionando de nuevo a Aristóteles, decía que hay dos maneras de encontrar la felicidad: la primera, "es disminuyendo nuestras necesidades", pero no para plantear un conformismo; sino para evitar la búsqueda obsesiva por el tener. Así San Francisco de Asís deseó poco, y lo poco que deseó, lo deseó muy poco: Y en este santo tenemos un hombre que fue feliz.Y la segunda forma de encontrar la felicidad, continúa Aristóteles diciendo; es "aumentando nuestra capacidad de dar amor". Esto es, la entrega generosa para quien nos necesita y de cuanto nos necesita. Sin duda la Madre Teresa de Calcuta fue un ejemplo de generosidad. Pues decía: "Para la generosidad no se requiere hacer grandes cosas, sino simplemente hacer las pequeñas cosas con mucho amor".

    Hoy la vida nos ofrece muchas oportunidades para encontrar la felicidad mediante el amor, el servicio y la entrega desinteresada. Cuestionemos qué actos de amor estamos dando o qué actos de amor hemos dejado de dar. No olvidemos que al final de nuestra existencia, esa será la medida con la que seremos juzgados.

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