FeR
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FeR preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 1 década

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La esposa que de un golpe aprendió a ser feliz.

En la ciudad de las siete colinas vivía una nostálgica cenicienta con vestido de princesa, en su castillo de teja con sirvientes de poncho sin alas de pájaro ni dientes de ratón. Junto a su esposo el rechazado y noble príncipe que se había convertido en sapo, luego de soportar el peso del anillo que un día con tanto amor los unió y que hoy le sumergía en charcos de lodo cada vez que a su princesa quería abrazar y consolar.

La monotonía se había vuelto el eje principal en la actuación y su escenario cena a cena perdía inspiración, la princesa trato de dar un toque original a la comida de ese día, pero llovieron gritos y la tarde se tornó gris luego de una sopa sin sal, así que la mujer se puso sus guantes tomó su carruaje con doble suspensión y salió a ciclear por las afueras de la ciudad.

Llegó a la conocida pista del brujo, el descenso se tornó de un lento crosscountry a un acelerado downhill, no se podía frenar, un árbol inmenso en el camino le obligó a girar hacia la izquierda…

Una anciana mujer despechada del mundo frío en la ciudad decidió construir una humilde y cálida cabaña en el hueco temeroso del precipicio al que nadie se atrevía a mirar, ni siquiera las princesas que con alas mágicas, si lo deseaban, podían volar sobre él para investigar lo que allí hay; pero bueno retornando, como escondida de todos vivía la anciana en paz, hasta que una linda tarde mientras preparaba en el fogón con olor a leña de eucalipto un delicioso chocolate con amaretto, una bicicleta cayó del cielo rompiendo su techo viejo, bum!!! Allí quedó el chocolate desparramado por el piso junto a una ciclista golpeada e inconsciente.

Después de horas de oír entre sombras recuerdos e historias de una hermosa niñez y juventud de la anciana, la princesa recordó quien era… abrió los ojos, buscó a la mujer de aquella voz, pensó confundida que era su madre la cual había muerto hace años, miró aquel árbol de eucalipto causante de su choque y junto a él una piedra con la que se había golpeado la cabeza, tomó su bicicleta y las calabazas desinfladas, trató de caminar para llegar a su hogar, pero esta vez su mente no dejó que volviera a lanzar los recuerdos a aquel profundo precipicio; sin salida se sentó, recordó cada palabra que su libro interno y viejo de tanto corrector le había leído mientras estuvo en aquella auto-iluminación, comprendió que el vació de la falta de un ser amado no puede ser llenado por el príncipe de su castillo, comprendió que era ella quien debía dar un beso al sapo y revertir el hechizo, permitirse ser feliz sin ataduras como aquella niña de sus memorias que reía con tan solo mirar al sol.

Cuenta la leyenda que cada vez que la mujer entristecía, ya no se estresaba con su esposo, si no que acudía al libro del precipicio y tomaba fuerzas de todas las vivencias que tuvo que luchar para poder ser feliz.

Actualización:

Acertada Mariette, solo debo decir que las apariencias no eran el problema de la mujer si no la nostalgia no superada de perder a su madre....

pero me hiciste pensar mucho, y la comparación realizada puede llevar al lector a entenderlo de esta tb forma...

Esa es la fascinación de lo subjetivo y expresar siempre te enriquece más, por eso...

Mil Gracias por tu respuesta!!, saludos

1 respuesta

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  • hace 1 década
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    Hola!!! Es una hermosa historia, que muchas mujeres han vivido alguna vez. El encontrarse cara a cara con la realidad,Las princesas no tienen que ser rescatadas por ningún principe. Deben rescatarse a si mismas. Ese es el verdadero final del cuento de la Cenicienta. La mujer gris, opacada por las apariencias, se aventura por el sendero que lleva a la comprensión de si misma. Regresa convertida en luz, en una luz que emana directamente de su persona, no del reflejo de la luz del otro. Por mas besos que se de a un sapo, seguirá siendo sapo. Pero los sapos también son hermosos, es cuestión de aprender a mirarlos bien. A veces, no queremos mirar la belleza de los sapos, porque pensamos que si la miramos quedaremos atrapadas en el hechizo de sus ojos abiertos a la verdad. ¿Será ella una princesa o es también una sapo hembra? Cómo verás las comparaciones siempre son odiosas. Todos tenemos el derecho y la obligación de visitar nuestro jardín interno tantas veces como lo necesitemos, y traernos las flores que han crecido ahí, para compartirlas, como afortunadamente para nosotros, haz hecho tu, aquí y ahora. Muchas gracias y un abrazo.

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