Anónimo
Anónimo preguntado en Ciencias socialesOtros - Ciencias Sociales · hace 1 década

¿ decidme una leyenda mitologica que sea facil de recordar...?

os doi 5 estrellas me hace falta plis

2 respuestas

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  • Anónimo
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    A continuación la leyenda sobre la primavera:

    Cuenta la leyenda que en el sureste de Europa hubo un tiempo en el que reinaba la eterna primavera. La hierba siempre era verde y espesa y las flores nunca marchitaban. La artífice de tanta maravilla era Démeter, esposa de Zeus. De este matrimonio nació Perséfone. Se dice que su belleza cautivó a Hades (el dios del infierno) y la raptó para llevarla al subsuelo, su territorio. Deméter, al no encontrar a su hija y con una antorchas en cada mano, emprendió una peregrinación. Fue el Sol quien le confesó el rapto. Ante esto la madre dolida dejó el Olimpo (hogar de los dioses) y no permitió que nada creciera y floreciera hasta que su hija no fuera devuelta.

    Ante este desastre Zeus intervino pero no pudo devolverle la hija a su madre. Pero no pudo hacer nada: Perséfone ya había probado el fruto de los infiernos (la granada) y por eso le era imposible abandonar las profundidades y regresar al mundo de los vivos. Sin embargo, se pudo llegar a un acuerdo: una parte del año Perséfone lo pasaría con su esposo y, la otra parte, con su madre.

    Por eso cuando Perséfone está con su madre, el mundo se llena de color y flores,es primavera; mientras está con Hades, no hay fruto sobre la tierra.

    Espero que te haya gustado

    Saludos!

    Alicia

    Fuente(s): De esta página saqué los nombres que no me acordaba http://cuentosdehadas.fullblog.com.ar/post/una-his...
  • Anónimo
    hace 1 década

    El Paso del Tiempo

    Resultaba irónico cómo en su ancianidad había recibido una valiosa lección de manos de su hijo. Igual que Crono destronara a su padre Urano al comienzo de los tiempos para proclamarse gobernador del universo, Zeus había hecho lo mismo con él para apropiarse del mandato real sobre los dioses. Y si no hubiese sido por Jano, aún andaría vagando por tierras baldías.

    Hijo del cielo y la tierra, Crono era el señor del Tiempo. Demacrado y avejentado por el peso de su dogma, vivía entre lamentos viendo marchar aquello que por su simple existencia se desvanecía. Ante sus ojos languidecidos, marchitaba todo lo se dejaba llevar por el paso de las estrellas a lo largo y ancho del firmamento. Sin él no existiría nada, pues todo seguía una perfecta consecución, coherente e irrefrenable y esta idea le erizaba el cabello de espanto. A veces Jano se mostraba preocupado, pues a pesar de haberle dado cobijo en su reino a cambio de sus valiosas enseñanzas, veía a Crono como se evadía en contadas ocasiones y desaparecía paseando en sus divagaciones mentales. Muchas veces lo encontraba sentado sobre una roca en lo alto de un risco que daba al mar, observando el acantilado que crecía a su pies hacia la profundidad, quizá pensando en arrojarse o cualquier otra senilidad que trae la desesperación y la edad solitaria. Pero ahí estaba, encorvado sobre la roca, triste y abatido, portando un reloj de arena y mirándolo con desasosiego, como aguardando el caer del último grano. A veces llevaba consigo una hoz de afilada hoja y al ocaso acariciaba suavemente con sus dedos aquel instrumento, como insinuando que nadie podía escapar al tiempo que todo lo destruye. Incluso él se vería avocado a la muerte que el paso inexorable de las lunas traería consigo. Su época de dios y sus momentos de gloria habían pasado. Lloraba en silencio por esto, alzaba la vista hacia el cielo e imaginaba a su poderoso hijo Zeus espléndido en su trono, en lo alto del Olimpo, rodeado de fastuosidad y ambrosía, desdeñando el más minúsculo recuerdo de aquel que le diera la vida. Esto apenaba profundamente a Crono, pero al tiempo pensaba que era una lección que bien merecía.

    Pasaba la mayoría de su vida junto a Jano evadido en recuerdos del pasado remoto, de cuando Urano y Gea le engendraron allí en el punto en el que ambos se cruzan, justo en la delgada línea que dibujara el firmamento. No era el primogénito, hubo otros hijos a los que él hubo de acostumbrarse a llamar hermanos, pues lo horrendo de su apariencia retumbaba en sus sienes haciéndole difícil creer que aquellos monstruos de cien manos y cincuenta cabezas pudieran haber sido engendrados por la misma mujer. Hecatonquiros los llamaba su padre y así los mentaba antes incluso de encerrarlos en un lugar secreto cuya posición solamente él conocía. Este apresamiento hizo que Gea entrara en cólera con su esposo y le diera la espalda. Fue entonces cuando Crono se rebeló contra su padre y lo derrotó, sin ayuda, en solitario. Nadie quiso ayudarle, ni sus hermanos, titanes y cíclopes, reunieron el valor para acompañarle en la ardua lucha que mantuvo con su progenitor. Gea agradecida por la venganza cumplida quiso agradecer el valor de su hijo y hubo de suplicar a Titán, el mayor de sus hijos, que cediera el trono a Crono. Recordaba este el día en que se sintió poderoso, controlando el devenir de las eras, las elipses de los astros y la vida de todo cuanto existía. Su hermano mayor había renunciado al trono por él, pero no lo hizo sin mediar condiciones, pues advirtió a Crono que debía matar a su propia descendencia para que Titán pudiese recuperar el poder en el momento que fuera necesario. Paradójicamente, si lo hubiese hecho ahora no estaría desterrado y vagabundeando por unas tierras ajenas a él, como si de un perro viejo se tratase. Pero él no podía obrar tan pérfidamente y derramar la sangre de sus queridos hijos, prefería sufrir la pena de su desdicha antes que aniquilar su propia estirpe. Al expulsarle había perdido su condición de dios y rara vez era visitado por su esposa-hermana Rea o por alguno de sus hijos, pero sentado sobre la roca del borde del acantilado, en ocasiones se alegraba al ver a lo lejos el tridente de su hijo Poseidón, o la ver las estaciones pasar y las cosechas listas para recolectar que su hija Deméter protegiera. A Hera no la podía ver más que en sueños o rebuscando en su memoria pues estaba junto a Zeus en las alturas. En cambio, sabía que pronto se reuniría con el último de sus apreciados hijos, Hades, que, como dios del Inframundo, del Mundo Subterráneo y de los Muertos, estaría esperándole en el fin de sus días. Sería un reencuentro anhelado por Crono, estaba ya muy cansado de seguir esperando.

    Jano lo vio un día especialmente apenado y se acercó hasta la roca que frecuentaba. Durante toda la tarde hablaron de amigo a amigo y, viendo que ya había ofrecido toda la sabiduría que en su interior contenía a su pueblo, ambos determinaron que era momento de decir

    Fuente(s): Extraído del libro “Senderos de Mitología Olvidada�? de Víctor Morata Cortado
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