Anónimo
Anónimo preguntado en Familia, Amor y RelacionesAmigos · hace 1 década

¿Hola chico o chica necesito un cuento de miedo?

Es para mi amigas para la noche de bruja pero no se me ocurre nada por favor me puede ayudar.

5 respuestas

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  • Anónimo
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    EL TESORO ESCONDIDO.

    Cuenta una antigua leyenda paraguaya, que si en tu casa escuchás ruidos extraños, oís ruidos de cadenas o ves un espectro deambulando es porque cerca, muy cerca, hay un tesoro escondido. Esto le ocurrió a Dionisio. El y su familia se establecieron en una localidad llamada Campo Nuevo. Comenzaron a construir su casa y pronto empezaron a escuchar ruidos extraños, aullidos y voces misteriosas. En una ocasión una sombra empujó a Dionisio de su bicicleta unos metros, y en otra, un espectro, sacudió fuertemente un naranjo hasta hacer caer casi todos los frutos. Una noche escucharon un fuerte golpe en la puerta de entrada, Dionisio se levantó de la cama para ver que ocurría. Una sombra envuelta en niebla se paseaba por el frente de la casa. El miedo se apoderó de la familia y pensaron seriamente en abandonar la finca ya que no podían pegar un ojo en toda la noche. Se encerraban cuando llegaba la noche y no se animaban a salir hasta que saliera el sol.

    Dionisio, que había escuchado la leyenda pero nunca había creído en ella, comenzó a pensar que seguramente había un tesoro escondido en su propiedad. Ellos eran humildes y un hallazgo de esa naturaleza podría dar lugar a una oportunidad de progreso para toda la familia. La casa había quedado sin terminar por falta de recursos La cosecha de algodón no había sido buena y apenas les alcanzaba el dinero para pagar la comida. Su mujer, Azucena lloraba y sus hijos querían mudarse. No soportaban la idea de convivir con esas presencias misteriosas. Azucena, tenía un gallinero con varias gallinas, tres perros y dos gatos. Una noche en que los aullidos envolvieron la casa, escucharon cacarear a las gallinas, ladrar a los perros y maullar a los gatos con un vigor fuera de lo común.

    Azucena, que estaba sola con sus hijos temiendo que algún espectro pudiera entrar a la casa, amontonó varios muebles contra la puerta. Al día siguiente tres gallinas, uno de los perros y los dos gatos habían desaparecido.

    Los animales que se esfumaron eran todos blancos. Al fantasma por lo visto, no le gustaban los animales de color blanco. Dionisio que era muy valiente, al día siguiente compró una pala y comenzó a cavar. La finca era grande y avanzaba lentamente.

    Entonces pidió ayuda a dos de sus primos y entre todos dieron vuelta el terreno con picos y palas. Los aullidos y las voces se agudizaban por las noches, su mujer quería marcharse con sus hijos, pero el entusiasmo y la valentía de Dionisio por descubrir las riquezas los calmaba por lo menos durante el día. Dionisio sabía también, por las historias que había escuchado hasta entonces que solo una persona debería encontrar el tesoro. La leyenda decía que si más de una persona veía el tesoro, este desaparecería ante sus ojos. Cansados de cavar estaban a punto de abandonar la búsqueda, cuando se les ocurrió mirar hacia unos arbustos. Una luz resplandeciente, mezcla de bruma y sol los envolvía. Los arrancaron rapidamente. Aunque estaban cansados continuaron paleando con entusiasmo. Allí encontraron un envoltorio hecho con sábanas de hilo ajadas y sucias. En su interior había una antigua ollita de hierro con tapa. Y dentro de la ollita un puñado de relucientes monedas españolas de oro.

    Dionisio y sus dos primos contemplaron embelezados el hallazgo. No podían creer lo que estaban viendo. Al instante, la ollita y todo su contenido se transformó en carbón esfumándose de su vista. Dionisio haciendo caso a la antigua leyenda, les dijo a sus primos que se marcharan para continuar cavando solo. Esa noche no pudieron dormir. Los fantasmas golpearon las puertas y ventanas, sacudiéndolas con una potencia increíble. Era una fuerza sobrenatural que hacía temblar toda la casa. Al día siguiente, Dionisio tomó la pala y cavó más profundamente en el mismo lugar con la esperanza de encontrar algo más. En el mismo lugar apareció otro envoltorio. Era un baúl de madera envuelto con varias capas de tela. Seguramente sábanas, pero estaban deterioradas por la humedad y el paso del tiempo. El baúl estaba cerrado con un candado de hierro muy oxidado. Dionisio no tardó en quebrarlo con una tenaza. Al abrirlo se desplegó el fruto de tanto esfuerzo. El baúl contenía muchas alhajas. Había collares, diademas, aros y pulseras. Todos de oro antiguo. Muchos engarzados con piedras preciosas de maravillosos colores. Un tesoro de valor incalculable. En esta oportunidad estaba solo. Espero un tiempo para asegurarse que no desaparecería. El tesoro continuó ante su vista sin desaparecer tal cual narra la leyenda. Comunicó la noticia a su familia y a sus primos que alborozados festejaron el hallazgo. Las sombras y los aullidos se retiraron de la casa. Volvieron a aparecer las gallinas, el perro y los dos gatos. Los fantasmas ya no tenían que custodiar su tesoro. No sabemos adonde fueron a parar, seguramente se retiraron a descansar, después de tantos años de vagar en las sombras custodiando su fortuna. Hay infinidad de leyendas cuyo origen está centr

  • hace 1 década

    Esto es una réplica del cuento mas corto sobre el tema:

    - El último hombre vivo sobre la Tierra está sentado en su cuarto.

    - Alguien llama a la puerta.

  • hace 1 década

    EL CUERPO

    Alicia llegó al campus en autobús como todas las mañanas. Sin embargo, el paisaje que encontró no era el habitual. En lugar del típico trajín de estudiantes circulando de un lado a otro, había una gran reunión en círculo frente a una de las facultades. Dos coches de policía daban el toque final a la escena.

    - Oye, ¿qué a pasado? – preguntó Alicia al bajar del autobús a otra chica que pasaba con la cara desencajada.

    - Han matado a una chica, ¡es horrible!

    Alicia no podía dejar de pensar qué era lo que había pasado y la curiosidad le pudo, como a todos, y se acercó a ver qué ocurría.

    Un policía hablaba con un par de chicos, bastante afectados, les hacía un montón de preguntas. En medio del grupo de estudiantes, en el suelo, estaba el cuerpo. Era una chica muy guapa, rubia de ojos castaños, los tenía abiertos y miraba al cielo con curiosidad vacía. La boca entreabierta, los brazos extendidos sobre la hierba, las piernas ligeramente flexionadas y dobladas a un lado. Parecía que ella misma se hubiese tirado en el suelo y hubiese muerto de un infarto. Salvo, claro, por las doce puñaladas que tenía en la parte superior del tronco.

    Alicia no se sorprendió. Era estudiante de medicina y ya se había acostumbrado a la sangre, aunque todavía sentía un poco de inquietud con los cadáveres. Aún así, aquello era distinto: era brutal pero, a la vez, tenía cierta belleza artística.

    Aquel día, la vida en el capus se salió de la rutina, no hubo clases y no se comentaba otra cosa. Las chicas temían que se tratase de un loco o de un violador. Los chicos bromeaban con la posibilidad de que fuese alguno de los profesores “hueso” con la esperanza de que les diesen aprobado general pero todos, bromas a parte, estaban preocupados.

    A media tarde, Alicia volvió a casa, por seguridad habían decidido que no habría clases por la tarde.

    Ella compartía piso con otro estudiante, Diego, que estaba terminado un curso de Bellas Artes. Normalmente, por horarios, no coincidía mucho pero esta tarde se lo encontró en casa.

    Mientras ambos se tomaban un refresco, le contó que aquella tarde se habían suspendido las clases y le explicó el motivo. Diego no se preocupó demasiado y le dijo que no le diese importancia, que eran cosas que pasaban. Luego se fue a su cuarto, ya que tenía cosas que hacer.

    Ella intentó estudiar algo, pero no estaba todo lo concentrada que le gustaría por lo que, finalmente, vio la televisión. Por supuesto, salió la noticia del cuerpo del campus y, naturalmente, los familiares de la chica destrozados.

    Alicia se hartó. Lo mejor era cenar y meterse en la cama. Le apetecía pizza pero no para ella sola, así que preguntó a Diego. Llamó a la puerta.

    - ¿Si? – preguntó

    Alicia abrió la puerta y se encontró a su compañero enfrascado en un cuadro. Diego le lanzó una mirada furiosa y ella se quedó paralizada. Quería correr pero sus piernas no se lo permitían. Sus ojos no podían apartarse del cuadro: era la chica del campus, tal cual ella la había visto.

    Diego se dirigió a ella pero, en ese momento, algo la ayudó a correr. Su compañero salió tras ella pero le dio alcance y la derribó en mitad del pasillo, aunque con dificultad y mientras Alicia se resistía, consiguió darle la vuelta y taparle la boca. Diego tenía los ojos fuera de las órbitas y sonreía. Ella trató de gritar y entonces le propinó un fuerte golpe que la dejó inconsciente.

    Alicia se despertó con un gran dolor de cabeza. La había atado y amordazado. Estaba de pie, sujeta por el tronco con una especie de arnés y atada a una polea. No sentía las piernas y comprobó que las tenía cubiertas de escayola. Se fijó en un boceto pintado a mano: iba a convertirla en árbol, basándose en una escultura clásica. Alicia, impotente, empezó a llorar.

    Diego entró en la habitación, llevaba un cuchillo en la mano. Miró a Alicia y le lanzó una escalofriante sonrisa.

    - Te lo dije cuando viniste a vivir aquí: no entres en mi cuarto. Pero no sabemos convivir, ¿verdad? En fin, lo mejor que es que ahora serás mejor compañera que nunca. Contigo termino mi colección completa. Eres perfecta para la última pieza. – Diego le acarició la cara cariñosamente – Lo siento, esto te dolerá, pero sólo un momento, ¿vale?

    Alicia lloró. Sintió una presión fría en el cuello y luego calor, líquido caliente recorriendo su cuello, después dolor y por último, sueño.

    +++

    Un mes después, apareció el siguiente titular en el periódico:

    ¡Gran Inauguración!

    EL DOLOR DE LA MUJER

    Exposición artística de Diego Sánchez

    FIN

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  • Anónimo
    hace 1 década

    El Fantasma Del Teatro Municipal.

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