¿en que consistieron las llamadas cruzada del pueblo y la cruzada de los niños? me urge porfavor ayudenme!!?

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  • Anónimo
    hace 1 década
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    LA CRUZADA DE LOS NIÑOS

    En 1212 dos jovencitos afirmaron ser depositarios de un mandato divino: organizar una cruzada de niños para reconquistar los Santos Lugares. El primero de ellos, Nicolás, partió desde Colonia y fue pronunciando arengas por los pueblos hasta reunir unos veinte mil muchachos, todos dispuestos a seguirlo para cumplir con la supuesta orden de Dios. Así atravesaron los Alpes, en un penoso intento por llegar a Génova donde esperaban embarcarse rumbo a Palestina. Muchos murieron de hambre y frío, pero otros lograron su cometido aunque en la ciudad italiana fueron disuadidos por el propio papa. Algunos optaron por regresar a sus lugares de partida y otros prefirieron quedarse trabajando en Italia, desempeñando los hombres los más diversos oficios y las muchachas entrando en prostíbulos.

    El otro niño que declaró haber sido ungido por Dios fue el francés Esteban. Con similares procedimientos a los utilizados por Nicolás, logró reunir un contingente de treinta mil jóvenes que se encaminaron hacia Marsella, cruzando Provenza. En la ciudad portuaria esperaban que las aguas se separaran para que ellos pudieran cruzar. Cuando el milagro no ocurrió, buscaron ser transportados en barcos. Mercaderes sin escrúpulos prometieron llevarlos a su destino, pero en realidad cambiaron de rumbo y los vendieron como esclavos en el Norte de África y en Egipto.

    CRUZADAS DEL PUEBLO

    A finales del siglo XI la Cristiandad se embarcó en una de las aventuras más apasionantes y crueles de la Historia: la recuperación de los Santos Lugares de Oriente. Las crónicas de aquellas batallas, que se convirtieron en un auténtico choque de civilizaciones –Cristiandad frente Islam– están repletas de leyendas, sucesos milagrosos y enigmas que aún hoy esperan una explicación.

    En el año 1095, una multitud inquieta esperaba junto a la iglesia de la localidad francesa de Clermont. En su interior, cardenales, obispos, nobles y el mismísimo papa Urbano II celebraban un Concilio cuyas decisiones iban a cambiar para siempre el curso de la Historia.

    Tras las deliberaciones, el pontífice se asomó a la rebosante plaza y, en medio de un gran silencio, proclamó: «Lo que nos ha reunido aquí es el inminente peligro que os amenaza, no sólo a vosotros, sino a todos los fieles.

    De los confines de Jerusalén y de la ciudad de Dios han invadido las tierras de aquellos cristianos y las han despoblado con la espada, el pillaje y el fuego».

    Urbano II continuó su discurso enumerando los atroces delitos cometidos por las hordas turcas: la profanación y saqueo de iglesias, la violación de mujeres y el asesinato y tortura de los hombres.

    «¿A quién, pues, incumbe vengar estas injurias y recobrar estas tierras sino a vosotros? Tomad el camino del Santo Sepulcro, arrancad aquellos lugares del poder de esa malvada raza y queden bajo vuestro dominio…».

    El pueblo, enfervorecido por el discurso del pontífice, contestó con gritos unánimes: ¡Dieu le volt! (¡Dios lo quiere!). En ese preciso instante, nacía la Primera Cruzada.

    Este «¡Dios lo quiere!» sería, a partir de ese mismo momento, el grito de guerra «oficial» contra el infiel. Urbano estableció además que todos los cristianos que participaran en la santa lucha debían llevar sobre sus ropas el símbolo de la cruz.

    Dicen las crónicas que muchos de los presentes hicieron jirones con sus atuendos e improvisaron allí una cruz sobre sus vestimentas.

    El Papa y los nobles organizaron una expedición oficial, formada por tropas de distintos países.

    Pero también hubo otra «cruzada», más popular, dirigida por Pedro, un ermitaño de Amiens. Según las crónicas de la época, Pedro había realizado una peregrinación a Jerusalén antes de que se celebrara el Concilio de Clermont.

    Cuando alcanzó el Santo Sepulcro, tuvo un sueño en el que Jesús le instaba a regresar a su hogar, organizar un ejército y liberar así los Santos Lugares de la opresión musulmana.Y así lo hizo.

    Tras el Concilio de Clermont, Pedro «el Ermitaño» logró convocar a miles de personas, especialmente franceses y alemanes, que siguieron sus arengas. Se calcula que unas 50.000 –entre las que había familias enteras– secundaron su llamada.

    Pero las ansias de liberar al mundo de los infieles se escaparon de las manos de Pedro de Amiens, convirtiéndose en una matanza descontrolada. En Alemania, algunos aspirantes a cruzados pensaron que la mejor forma de ir probando sus aceros pasaba por eliminar a los judíos de ciudades alemanas.

    Miles de ellos fueron linchados en Colonia, a pesar de que el arzobispo de la ciudad intentó evitarlo cobijándolos en su propio palacio.

    Las atrocidades no quedaron ahí. Durante el camino, los «cruzados del pueblo» consideraron que los ricos labriegos de Bulgaria también tenían aspecto de infieles, así que mataron a muchos de ellos y expoliaron sus posesiones.

    Pese al «arrojo» mostrado por los cruzados del Ermitaño, el duro y peligroso camino pudo con muchos de ellos. Las enfermedades y el cansancio diezmaron las improvisadas tropas, y sólo unos pocos alcanzaron Constantinopla en 1096.

    Alejo Comneno, el emperador bizantino, vio que aquella descontrolada turba podía ser peligrosa, así que se desembarazó de ellos embarcándolos en dirección a Asia Menor, donde los turcos los masacraron con gran facilidad.La llamada «Cruzada del Pueblo» había sido un absoluto desastre.

  • hace 1 década

    En realidad fue una gran turba,que fue masacrada antes de llegar a destino

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