¿Es cierto que fragatas de guerra de Uruguay abrieron fuego a barcos de pescadores brazileros?

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  • Anónimo
    hace 1 década
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    La habitación tiene unos siete metros de largo por cuatro de ancho y está en el corazón de un buque de guerra de la Armada Argentina, que avanza por aguas brasileñas, a unas cien millas náuticas de Río de Janeiro. Son cerca de las cuatro de la madrugada y la corbeta A.R.A. Parker es como un fantasma: va cerrada herméticamente, sin una sola luz prendida en su exterior.En la habitación, que es el Centro de Información de Combate (CIC), unos veinte oficiales y suboficiales se mueven nerviosamente. Van de tablero a tablero, miran las consolas de los radares, se comunican por radio con otros buques. En el ambiente, en penumbras, sólo se destacan las luces de los equipos electrónicos. Como ante un gigantesco videojuego, el equipo espera con ansiedad el momento oportuno para apretar los botones que iniciarán el ataque a los enemigos.De pronto, los blancos buscados parecen localizados y el comandante de división, capitán de navío Pedro De la Fuente, da la orden de que se apure la marcha para que el buque se coloque a 40 millas de los del bando contrario, que es la distancia máxima de tiro. Pocos minutos después, desde la Parker se comunican con el árbitro de la competencia -que va a bordo de otro buque- y le informan que se ha decidido realizar la simulación del lanzamiento del primer misil Exocet de los cuatro que lleva el barco. Enseguida se supo que la elección fue correcta: si efectivamente hubiera sido lanzado, habría dado en el blanco y hundido -o al menos dañado- al enemigo.Ese juego de la guerra fue uno de los puntos culminantes del Atlasur IV, un operativo conjunto que la Armada Argentina realiza desde 1993, cada dos años, junto a las de Brasil, Sudáfrica y Uruguay. El primero se había realizado frente a Buenos Aires y Mar del Plata; el segundo y el tercero, en Sudáfrica; el de este año en Brasil.El Atlasur consiste básicamente en la realización de ejercicios de entrenamiento conjuntos en situaciones de guerra. El objetivo es aceitar la relación entre las armadas para contar con una fuerza operativa multinacional en el área del Atlántico sur, que es compartida por los cuatro países.Desaparecidas las hipótesis de conflicto con las que durante décadas se manejó la Argentina -Chile, por caso-, hoy la Armada se prepara con la mente puesta en otro tipo de situaciones. Fundamentalmente, la protección de los recursos ictícolas (pesca) y de las otras riquezas naturales del mar. La propia Parker, de hecho, patrulla habitualmente el Mar Argentino y en 1991 abrió fuego de cañón para frenar a un pesquero español que pretendió huir cuando se le dio la orden de detenerse.Otra hipótesis son las migraciones masivas por vía marítima y la participación en misiones de paz de la ONU.Además de la Parker, comandada por el capitán de fragata Eduardo Castro Rivas, otra corbeta argentina participó en el Atlasur IV: la A.R.A. Rosales, al mando del capitán de fragata Ricardo Schroeder. Junto a ellas practicaron tres buques sudafricanos, dos brasileños y uno uruguayo.La situación de guerra en la Parker, entre el 3 y el 7 de mayo, fue prácticamente permanente. Sus 110 tripulantes cumplieron funciones de todo tipo. Mantenerla en funcionamiento requiere una tarea intensiva de sus tripulantes.Las vida de la tripulación -que en el caso de los suboficiales de menor grado duerme en camarotes de hasta 15 personas- es algo así como un continuado: la mayoría cumple guardias denominadas de seis por seis. Es decir, seis horas de trabajo por cada seis de descanso. Para el entretenimiento queda alguna película en video, juegos de cartas o la lectura del tradicional libro verde de los buques de guerra, con las anécdotas de navegación.De todos modos, la sirena que marca la entrada en combate -susceptible de sonar en cualquier momento, las 24 horas- no respeta ninguna rutina. Entonces, el cabo que sirve el rancho (el almuerzo o la cena) en la cámara de oficiales debe ir a la enfermería para auxiliar eventuales heridos o a la cubierta de vuelo, para participar en el operativo de seguridad que rodea cada salida del helicóptero Fennec.Entre los ejercicios en que se destacaron tanto la Parker como la Rosales figuraron los tiros de cañón a un blanco que se colocó a unos 11 kilómetros. Allí la puntería de los buques argentinos motivó una felicitación del comandante de división.

    Fuente(s): Diario Clarin
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