Anónimo
Anónimo preguntado en Sociedad y culturaGrupos y CulturasOtros - Grupos y Culturas · hace 1 década

¿cuales son las creencias de la religion confusionista?

¿cuales son las creencias de la religion confucionista?

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  • Anónimo
    hace 1 década
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    ) Confusionismo vale tanto como enturbiamiento, como roce con la mentira; a veces, es la identificación con la mentira misma. El confusionismo en las ideas es la mezcla, más o menos patente, del error con la verdad; y la verdad no puede sino salir perdiendo en su contacto con el error. La mentira y la verdad mezcladas traen como consecuencia que la primera, aureolada con el prestigio de la segunda, se propague en el ánimo más fácilmente y se adueñe de él sin resistencia, mientras la verdad aparece desprestigiada, manchada por su contagio con el error. En un círculo de personas enfermas y sanas, nada podrán salir ganando estas últimas; si acaso, aumentarán la virulencia y el peligro de la enfermedad. Se impone, pues, depurar y aclarar las ideas en todos los órdenes en que haya entrado la desorientación.

    El mundo está ahora, como nunca, atacado de este mal. Confusionismo de ideas tiene aquel que hace vida de burdel y vida de iglesia; confusionismo de ideas es el del estudiante que frecuenta la Comunión y vive olvidado del estudio y del trabajo; confusionismo el de aquéllos que se llaman caballeros cristianos y que, en el cumplimiento de sus deberes profesionales, prescinden de Jesucristo.

    No en lo esencial, no en lo fundamental, pero sí en pequeños detalles, en ocasiones de poca monta, en apariencia, ¿no padeceremos nosotros también este confusionismo de ideas? Es difícil puntualizar, pero cada uno puede aplicar su inteligencia -como se aplica al estudio de otro negocio cualquiera-, para ver si descubre algo en su vida. Que cada uno indague y, si nada encuentra en un primer examen, insista con más detenimiento; si aun así no halla nada, busque en su pasado esas tinieblas; si ha salido de esa oscuridad, dé gracias a Dios de corazón y pídale su luz y su ayuda para siempre.

    2) Confusionismo en el corazón. Hay personas que parecen llevar su corazón en la mano y ofrecerlo a todo el que pasa, como diciendo: ¿Quién lo quiere? (48). Al hablar así, pienso en tantos jóvenes que se figuran estar sirviendo a Jesucristo, porque pertenecen a esta y a la otra entidad, todas muy buenas, pero, en realidad, nada hacen ellos de provecho. Llevan su corazón al descubierto, como en un escaparate, para que todos lo vean y lo posean. Cabría decirles: ¡no puedes comportarte así! ¿Adónde irás a parar con esa sensiblería loca, con esa poesía necia y ñoña que mueve a risa? ¿No es tu corazón de Jesucristo? Pues ciérralo bien, consérvalo sólo para Él, firmemente guardado con siete cerrojos (49). ¿O acaso piensas darle a Dios el corazón sólo cuando los otros lo hayan gastado y pisoteado y despreciado? No, pon una guardia firme en tu corazón. ¡Es tan pegadizo! Aun teniéndolo sojuzgado, ¡cuántas veces trata de librarse del yugo impuesto, para asirse a todo lo que encuentra! Vigilemos sus movimientos y comprobemos si van o no de acuerdo con el querer del Corazón de Cristo.

    (48). Cfr. Camino, n. 146.

    (49). Cfr. Camino, n. 188.

    ¡Cuánto hay que rectificar en la conducta diaria! Esos atolondramientos; esos chistes, más o menos graciosos, con puntos y ribetes de bellaquería; ese hablar con exceso; esas comidas destempladas, esas ocupaciones a las que se va para satisfacer la sensualidad...

    ¿Qué hacer para mantener sumiso al enemigo, para estar seguros frente a los ataques de las tres concupiscencias: la soberbia, la avaricia y la carne (50)? Pues entretengámosle con pequeños combates lejos de los muros capitales de la fortaleza. Presentémosle escaramuzas en pequeños detalles: en la lengua, en la vista, en el trabajo, en el trato con los demás; descendamos al pormenor y cuidemos así de aplastar al enemigo. Seremos cien veces derrotados, pero ¿qué importa? Cada derrota nos enardecerá para la pelea siguiente. Además, ninguna de estas batallas, si planteamos la lucha en terreno tan distante de la fortaleza central que defiende nuestro corazón, permitirá al adversario atacar sus muros. Y si, por permisión de Dios, en algún momento llegase hasta ahí su embestida, agotado por las continuas y anteriores peleas, sería tan débil que, a pesar de nuestra flaqueza, sería vencido fácilmente (51).

    (50). Cfr. 1 Jn 2, 16.

    (51). Cfr. Camino, n. 307.

    Desorientación en el corazón y en la conducta; por no evitarla, se explica la inconstancia de tantas personas. Cavan y arrojan la tierra, empiezan su camino y, cuando se habían ya encaramado en alguna cordillera, fatigados, lo dejan de repente y se lanzan al abismo. Los meses, quizá los años, de trabajo han sido estériles; no se rectificó la intención, no se colocó bajo la ayuda luminosa de Dios el esfuerzo personal: era un camino que no conducía a ninguna parte. El remedio hubiera sido seguro, la vuelta atrás posible, si -reconociendo nuestra miseria personal y nuestra absoluta incapacidad- nos hubiésemos echado en brazos de Dios, para ser amparados en nuestras firmes decisiones por su piedad y su poder.

    3) ¿Remedio para todo esto? No puede haber

    Fuente(s): Mis Estrellas Por Favor!!! █║▌│ █│║▌ ║││█║▌ │║║█║ τσdσs lσs Dεяεcнσs яεsεяvαdσs. cσρчяιgнτ ©2009
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