Anónimo
Anónimo preguntado en Educación y formaciónAyuda con los estudios · hace 1 década

¿quien conoce alguna dramatización o historia corta con tres personajes mujeres?

por favor necesito una dramatización bien corta para el colegio...si se puede con 3 o 4 personajes .

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  • hace 1 década
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    Aquí van 3 títulos de obras y sus comentarios.

    Visión del mundo femenino en los dramas chilenos Vivir (Barrios, 1916) y ¡Quién quiere mi virtud! (Acevedo, 1930). ¿Sujetas socialmente estigmatizadas?, por

    Watts R., Bélgica.

    Universidad de Santiago

    *

    Importantes cambios afectaban a la sociedad chilena en las primeras décadas del siglo XX, periodo en que se concretaba el desarrollo de una clase media vinculada a la banca, industria y comercio. En pos de ese desarrollo se difundían con éxito, entre otros postulados, el mejoramiento legal de la mujer, el reconocimiento de los hijos legítimos, ilegítimos y naturales, la preocupación por la educación no sólo del hombre sino también de la mujer. Corresponde acotar que por ese periodo la población femenina se acercaba numéricamente a la masculina y, por tanto, se empezaba a vislumbrar como atractivo el voto femenino.

    Aquella preocupación programática a favor de la condición social de la mujer culmina por 1934 cuando se establece la cláusula de igualdad de derechos entre hombre y mujer, tanto en lo civil como en lo político. El derecho femenino a sufragio tardaría algunos años en concretarse. En consecuencia, en las primeras décadas del siglo XX las reivindicaciones femeninas avanzaban, pero le quedaban aún muchos tramos por recorrer.

    En ese contexto, se publican los dramas chilenos Vivir (Eduardo Barios, 1916) y ¡Quién quiere mi virtud! (Antonio Acevedo Hernández, 1930). Se trata de dos textos dramáticos que propician espacios a las ideas, creencias y valores que se desplazan entre la ficción y la conflictiva cotidianeidad. En Vivir y en ¡Quién quiere mi virtud!, los personajes Olga, María e Inés integran núcleos familiares que han descendido social y económicamente y que tambalean en el impreciso límite entre la burguesía media y el proletariado. En sendos dramas, el protagonismo femenino se apoya en personajes que enfrentan circunstancias adversas tanto en el interior de sus hogares como en el entorno social.

    Se trata de mujeres jóvenes, próximas a los treinta años, bien parecidas. Las tres han recibido educación formal y, conforme las costumbres establecidas, aspiran a casarse y a formar una familia.

    1) Entre la realidad y la ilusión romántica: Vivir

    Esta obra, escrita en una época en que el autor bordeaba los 40 años y ya destacaba como poeta y novelista, consta de tres Actos. El conflicto central, que oscila entre lo sublime y lo trágico, entre la cordura y la alienación, refiere directamente a un drama psicológico.

    El reparto se concentra en Olga, María y doña Matilde : un trío femenino que se articula por el sentimiento de amor de las más jóvenes hacia destinatarios infieles. Se les opone un trío masculino, conformado por Martín y Ramiro, escurridizos enamorados y don Roque, un sastre de barrio que – como buen vecino- apoya a las mujeres e intenta distensionar la atmósfera con cierta dosis de optimismo y consejos prácticos. En la Escena Cuarta del Primer Acto, asoma Tránsito, joven lavandera, madre soltera. La presencia fugaz de este personaje anticipará el destino de María.

    Las circunstancias que anuncian la intriga apuntan hacia el peregrinaje, por calles y plazas de Santiago, de doña Matilde, anciana abuela y único pariente de Olga. Puesto que Olga ha perdido las energías, es la abuela quien –día tras día- “deja los pies en la calle” con la esperanza de encontrar a Ramiro, quien en una corta estada en el puerto enamoró a Olga y, luego, sin huella alguna, se esfumó.

    La muchacha, demasiado joven e incauta, afirma que Ramiro es el hombre perfecto de su vida. Criada entre los mimos de la abuela, insiste –casi obsesa- en que la anciana encuentre al desaparecido. Doña Matilde, plena de amor por su nieta, a quien ha criado desde bebé, sufre por el dolor de la muchacha. Ante la perspectiva de verla sonreír nuevamente, accede a buscar sin éxito a Ramiro.

    MATILDE. (En un nuevo acceso de llanto.) Seré una bruta, una infeliz vieja

    que no sabe sino sentir ... Pero es que no me resigno ... ¿qué quiere? No puedo

    resignarme a que mi hijita se me consuma. Porque ella es como yo, igual.

    (Barrios:108)

    Ambas mujeres residen en Valparaíso y, desde hace un par de meses, están allegadas donde María, joven costurera quien, además, atiende una pequeña cigarrería en su propio domicilio. María, a los 30 años, resiste los requerimientos de su enamorado Martín, medio poeta y medio pintor, padre soltero. María no tiene fe en los hombres, pues cree conocerlos bien. Pero su secreto anhelo es tener un hijo a quien prodigar cariños y afanes, incluso le tiene ya tejidas algunas prendas.

    MARÍA (Mientras acaricia al niño de Tránsito.) No es tan sencillo. Pero no

    desespero. Yo no llegaré a vieja sin tener un hijo. Me lo he jurado. De los

    hombres no espero nada. Pero un hij

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