Fede G preguntado en Arte y humanidadesLibros y Autores · hace 1 década

¿cuales son los rasgos distintivos en la narrativa de borges?

2 respuestas

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  • hace 1 década
    Respuesta preferida

    El relativismo en la narrativa borgesiana (I)

    A pesar del largo periodo que los separa de su creación y publicación, treinta y cinco años, los cuentos “Hombre de la esquina rosada”1 (Historia universal de la infamia, 1935) e “Historia de Rosendo Juárez”2 (El informe de Brodie, 1970) son hermanos gemelos por referirse a la misma historia, aunque los procedimientos narrativos resulten, en cierto modo, distintos y, al final, los personajes expresen focalizaciones o puntos de vistas relativamente diferentes. Indagar en ese relativismo de las visiones a que juega la literatura borgesiana -y en general cualquier discurso social y humanístico, aun el histórico- es uno de los objetivos de este trabajo, orientado no solamente desde la teoría y la crítica literaria sino desde la sinergia que proponen los estudios multiculturales, en la medida en que toda literatura es un producto generado por la historia de las culturas. Pero si bien la literatura no nos proporcionará nunca una muestra verídica de la realidad, nos la postula a través del lenguaje tropológico que emplea, y en ello, quizás por encima de las ciencias, logren el arte y la literatura un mayor acercamiento a la esencia de la compleja realidad. Siempre una metáfora dice más que la mejor de las descripciones objetivas del realismo. Jaime Rest, interpretando muy lúcidamente las ideas de Borges sobre los contactos entre signo y realidad, anota: “El lenguaje recae de manera inevitable en la ficción, porque jamás podrá transmitirnos un conocimiento apropiado del mundo. Pero la ficción no es inocente o vana, porque tal vez proporcione algún tipo de referencia acerca de aquello que deseamos saber, una aproximación connotativa de eso mismo que escapa al frustrado intento de quien pretende ejercer la denotación”3.

    En “Hombre de la esquina rosada” (HER), un narrador en primera persona -un guapo- cuenta, en un lenguaje saturado de regionalismos a lo lunfardo, a un grupo de oyentes o narratarios, una historia, más de compadritos -hombres fuera de la ley, grupo anómico4- que de gauchos o campesinos. En la medida en que el discurso del narrador viene dirigido a unos oyentes que son personajes, nos alejamos del narratario grado cero y nos acercamos a uno concreto y específico que se puede percibir en señales implícitas y expresas (pronombres -ustedes, usted, les-; vocativos -señor, Borges-; formas verbales -falta, hablarme, reconocer-).

    A ustedes, claro que les falta la debida esperiencia para reconocer ese nombre, pero Rosendo Juárez el Pegador, era de los que pisaban más fuerte por Villa Santa Rita.

    Pero La Lujanera, que era la mujer de Rosendo, las sobraba lejos a todas. Se murió, señor, [...].

    Entonces, Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso [..., énfasis agregado].

    Mientras en siglos pasados, con la idea teológica del autor-narrador como instancia omnisciente, sus intervenciones sobre el lector se producían de manera directa -recuérdese el “desocupado lector”, de Cervantes-, en el relato contemporáneo, el autor crea dentro del locus de la enunciación, un narratario específico que le sirve de pantalla para controlar al lector, sin que éste perciba tal manipulación.

    Los narratarios así, en “Hombre de la esquina rosada”, se dividen en dos clases: en primer lugar, los jóvenes a los que “les falta la debida esperiencia”, es decir, no tuvieron una intervención directa sino que mencionan hechos y personajes de un relato escuchado, y por eso no pueden hablar de Rosendo Juárez ni del finado Francisco Real, de allí que, como una especie de juglar o rapsoda, el viejo narrador, les hable de una época heroica en que solo el uso de cuchillo corajudo otorgaba el grado de macho respetado. En segundo lugar, aparece el narratario Borges, a quien seguramente el narrador conoce como escritor de fábulas y por ello le quiere dar una lección de suspense y mostrarle el cristal de los orilleros antiguos:

    Parece cuento, pero la historia de esa noche rarísima [...].

    Como dice Prince: “Ciertos valores que deben ser defendidos, ciertos equívocos que deben ser disipados [o mantenidos, agrego yo], lo son fácilmente por mediación de las intervenciones dirigidas al narratario; cuando es necesario poner de relieve la importancia de una serie de acontecimientos, tranquilizar o inquietar, justificar unas acciones o señalar lo arbitrario, todo esto puede hacerse gracias a las señales dirigidas al narratario”5. De hecho, como juzga la pragmática de la comunicación verbal cotidiana, los oyentes determinan el tema y las intenciones del discurso del hablante. Es lo que Searle y Austin nos han hecho ver con su teoría de los actos de habla (enunciación, intención del hablante y acción a que se mueve al oyente). Pero en literatura, en la medida en que no tiene in praesentia al lector, el autor se vale entonces de las pantallas o máscaras (narrador y narratario) para influir sobre sus receptores. Lo interesante es percibir qué competencias comunicativas pone en juego el narr

  • hace 1 década

    La fantasia, el argentinismo

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