Anónimo
Anónimo preguntado en Sociedad y culturaFolclore y Mitología · hace 1 década

¿violines..leyendas....?

alguien me podría decir algunas de las leyendas que se cuentan con relación a los violines... de todo tipo.... la cantidad y la calidad serán recompensadas...

2 respuestas

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  • Anónimo
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    Pues mira:

    Muchos son los instrumentos relacionados con el diablo, pero tal vez uno de los que más polémicas ha suscitado en la edad antigua sea sin duda la flauta, que se asociaba, por ejemplo, con Mercurio, lo que daba lugar a un simbolismo alquímico. En una obra del siglo IV, uno de los padres de la Iglesia describió este instrumento como el “símbolo de la serpiente”, el portavoz del diablo. Se consideraba que los movimientos del instrumentista correspondían a las torsiones del diablo. Continuando con la mitología griega, podríamos citar a otro flautista, el sátiro Marsias, que tras haber desafiado al dios Apolo, que tocaba la lira, y haber perdido la competición musical, fue desollado vivo.

    Esta relación entre los instrumentos musicales y el diablo también queda patente en la pintura, podríamos citar como ejemplo las pinturas en las que aparecen los pecados mortales: en ellas podemos observar que los instrumentos musicales están siempre presentes en las representaciones de la concupiscencia, uno de los terrenos favoritos del diablo, desde los manuscritos medievales de la Psychomachia de Prudencio hasta los numerosos y extraordinarios cuadros del Bosco.

    Pero el caso más famoso de músico que viajó deliberadamente al mundo de ultratumba es el caso de Orfeo. Su fama de virtuoso incomparable, y el relato de la búsqueda de su esposa Eurídice para rescatarla del reino de los muertos, inspiró a incontables poetas y compositores tales como Gluck y Guillaume de Machaut, máximo poeta y músico de la Francia del siglo XIV, que narra así su aventura:

    “[…] Tomó su arpa y la afinó

    y marchó al valle del horror

    sin detenerse hasta llegar a la puerta

    del Infierno: allí dejó oír fuertes

    lamentos por el amor perdido.

    Allí tocó en su arpa con máxima

    dulzura la balada inmortal,

    junto a la verja del Infierno [….]”

    Pero el músico más célebre, considerado aliado del diablo, cuando no una encarnación del mismo, es por supuesto el violinista del siglo XIX Niccolò Paganini al cual le atribuyen un pacto con Satán para consagrarlo como el mejor de todos los tiempos, hasta tal punto llegó la fama del músico, que la iglesia prohibió que sus restos fuesen enterrados en camposanto. Pero la leyenda de Paganini se basó en la de Tartini, quien compuso en 1713 su famosa sonata para violín “El trino del diablo”, supuestamente después de que el Diablo mismo le hubiera dictado la música en sueños. Sin embargo, este temor hacia los músicos de talento excepcional y la fascinación que causan se puede remontar hasta la Edad Media. Un hombre de la iglesia alemana cuenta la historia de cómo cierto clérigo cantaba con tan melodiosa perfección que despertó las sospechas de un santo, quien reconoció la voz de un demonio. Tras realizar un exorcismo, el demonio fue expulsado y sólo quedó un cadáver. Algo parecido sucedió con Jacob Stainer ( pieza clave de la escuela alemana de laudería a principios del XVII), acusado de haber vendido su alma; murió en condiciones infrahumanas y con salud mental poco estable. También podríamos citar la mitificada figura de Giuseppe Guarneri del Gesù (luthier del XVIII cuyo trabajo es tan apreciado como el de Antonio Stradivari por los ejecutantes, coleccionistas y expertos). En el folklore de muchos países, el diablo está asociado en particular al violín, asociación que ha dado pie a numerosos cuentos y composiciones musicales (pensemos, por ejemplo, en El cuento del soldado de Stravinsky). No obstante, dicen que el diablo y sus demonios son capaces de tocar muchos instrumentos, entre ellos algunos de invención propia, y adoptan múltiples formas, ejemplo de esto citaremos el gran número de instrumentos de cuerda asociados a diversos tipos de animales; animales que en este contexto simbolizan el pecado y la concupiscencia. En especial, la difundida imagen del burro que intenta tocar el arpa.

    No podemos dejar de mencionar a compositores mas recientes que han dejado en sus obras plasmada la presencia del diablo como son los casos de Pier Gynt de Ibsen y Grieg, la tetralogia de Wagner El anillo de los Nibelungo y a otros autores como Schumann, Berlioz. Franz Liszt con obras como El Vals de Mefisto o la sinfonía Fausto.

    Resulta sorprendente que en la actualidad la supuesta música del diablo sea tan omnipresente como lo fue hace un milenio. El diablo, al parecer, está presente en todos los tiempos y lugares Puede ser aterrador pero, al mismo tiempo, fascinante.

    Fuente(s): Nicolò Paganini Se presentaba a tocar con fuego iluminando el escenario. De su violín salían notas prodigiosas y atrás de él todo parecía arder en llamas. Entonces su figura crecía aún más. Se volvía un verdadero coloso. Así lo veía el público. Flaco, alto, erguido, con las manos que parecían llegarle hasta las rodillas; de trajes deshilvanados, en jirones muchas veces, su larga melena revoloteaba al mismo tiempo que su arco describía parábolas en el aire. Nadie se explicaba como podía tocar tan genialmente. Sus largos dedos se comían el violín. En realidad, siempre daba la sensación de que tocaba en violines de juguete. Cuando era niño, su padre, el señor Paganini, comerciante mal habido y ambicioso, le dijo: “Nicolás, tú vas a ser el mas grande violinista del mundo, de mi cuenta corre”, y corrió. Porque a base de golpes, el jovencito llegaría a tocar como nadie lo ha hecho ni lo habrá de hacer. Pero hubo quien dijo que lo vio. Alguna noche, mucho antes de que su leyenda creciera. Hubo alguien que aseguró haberlo visto invocar al diablo, postrarse delante del Maligno y repetirle el juramento. “Le dijo que su alma era suya a cambio de tocar como un ángel. Se encendió una luz que me cegó, Paganini se puso de pie y siguió su camino”, así dijo aquel testigo. Hubo quien le creyó y quien no le creyó. Más aquella versión fue creciendo y la gente hacia tumultos para verlo, y para oírlo tocar. Se arrebataban los boletos. Todos habían oído hablar de él, no solo los cultos. Hasta los mendigos y las prostitutas compraban sus entradas apenas se anunciaba que tocaría Nicolò Paganini, “El violinista del diablo”, como empezaron a llamarlo. Lo cierto es que a Paganini la vida le sonreía por donde pasaba -y no podía ser de otro modo: semejante genio. Feo como el demonio, su presencia impactaba a las mujeres al punto de arrojarse a sus pies. Y si no bastaba con su glamour, ahí estaba su manera de tocar (el violín, digo). A una de ellas que se resistía a amarlo, que se encerraba en su habitación y que había dado órdenes de que bajo ninguna circunstancia se dejara entrar a Paganini en su casa, el virtuoso se las ingenió para llegar hasta el balcón de la alcoba e improvisar una sonata para ¡una sola cuerda! Cuando la dama se percató de la hazaña violinística, le hizo un lugar en su cama al genio. Así anduvo Paganini, de mujer en mujer, de cama en cama. Era lo que más le atraía, junto con el dinero para gastarlo, para jugarlo. Tal vez porque durante su niñez había padecido pobreza y miseria, dinero que caía en sus manos dinero que gastaba. Y con la misma prontitud volvía a gastar más. Con la ventaja de que a veces ni en violines gastaba. Alguna vez que iba a tocar a un palacio y se le olvidó su propio instrumento, el anfitrión, de cuna noble y filántropo, extrajo su Guarnerius personal de la vitrina donde lo tenía a la vista de todos, y se lo prestó a Paganini para que saliera del aprieto. Después de que el violinista hubo tocado, el príncipe, duque, marqués o lo que haya sido, no fue capaz de guardar el violín en su sitio. Se lo regaló a Paganini sin dejar de besarle las manos. Quizás la leyenda del violinista del diablo se baso en lo que alguna vez relato Tartini acerca de su sonata “El trino del Diablo”: “Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente. Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado, pero fue en vano. La sonata que compuse entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo "La sonata del Diablo", pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre....” Niccoló Paganini falleció en Niza, Francia, el 27 de Mayo de 1840, pero el obispo de Niza negó el permiso para su entierro y su ataúd permaneció varios años en un sótano. La fama que se había tejido alrededor de su persona y su talento, forjados en un posible pacto con el demonio, fue determinante en esta decisión eclesiástica, sobretodo debido a que el propio Paganini rehusó acercarse a la Iglesia y desmentir aquellos comentarios. Solamente en 1876 fue permitido el funeral y sus restos se transfirieron al cementerio en Parma. Bienvenido el diablo, si fue quien iluminó a Paganini para que tocara como lo hizo, para que le diera al violín esa connotación mágica y para que le permitiera dejar su legado violinístico por excelencia: los Veinticuatro Caprichos para viol
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  • hace 1 década

    En mi prepa habia un maestro que le apodaban el violin porque el muy **** tenia gusto por las jovencitas de primer semestre, hasta el dia que lo corrieron por echarse una chica de la escuela, y tiempo despues lo entambaron al muy *******, y dicen las malas lenguas que alla en la carcel lo hicieron **** de tanta pila que le dieron los presos, jejeje. Es neta eh?

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