Francisco V preguntado en Arte y humanidadesHistoria · hace 1 década

¿Cuento Corto y narrativo, ayudaaaaaaaaaaa?

Necesito un cuento corto, una historia narrativa , es para una amiga!!!!!!!!!!!!! Pueden ser de cualquier tema.

2 respuestas

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  • hace 1 década
    Respuesta preferida

    EN ESTE LINK TENES 4 CUENTOS CORTOS AHI ESCOJES

    http://encontrarte.aporrea.org/media/61/cuentos%20...

    O SI TE GUSTA ESTE

    ESPERANDO EL TREN

    El sol, una vez abierta la puerta principal, no era el mismo que se veía tras los barrotes o en el patio tres: esa galletita incólume que los reos no solían contemplar. El de ahora era una esperanza. Ismael trató de dilatar al máximo sus pulmones porque el aire de ahora era nuevo, era glorioso. Se habían acabado los años tras las rejas, el inexorable tiempo detrás de muros de excusas que le mantuvieron prisionero durante tantos calendarios. Casi le dijo adiós al policía que cerraba tras de sí la puerta. Casi una lágrima descendió por su rostro atribulado.

    Sin un centavo en los bolsillos, que de todas formas estaban rotos, con un trozo de pan y un café barato en digestión y un sombrero roído de tanto paseárselo entre las manos fue abandonado a su suerte. La llanura se extendía inmensa ante sus ojos. Liviano, demasiado dispuesto, emprendió su marcha. Casi se le olvidaba caminar, casi el verde de los prados. Pero recordaba sí el camino a la carrilera: lo recordaba como si tan sólo ayer hubiérase bajado de las bóvedas ruidosas de una máquina de vapor. Recordaba el tren. Recordaba el camino al tren. Lo de después no importaría, esperaría agazapado al lado de los rieles, arrojaría su sombrero al vagón abierto y se treparía luego dando violentos manotazos para sujetarse. Lamentaría no llevar una guitarra. Iría a cualquier lado, nadie le esperaba; como no llevaba rumbo fijo cualquier tren le serviría.

    Se fue contando los pasos hasta que la serpiente de metal oxidado se dibujó entre los matorrales. Olvidó la cuenta; la de los pasos, la de los días, la de los años. Se sentó en la nada, viejo como una piedra, viejo como el mundo pero jamás cansado a observar el horizonte, a darle vueltas al sombrero entre las manos, a mirar por enésima vez la foto de Matilde en un trozo de periódico que siempre llevaba en el bolsillo de la camisa; el único sin agujeros. La Matilde pancarta en mano: “Libertad”. La Matilde que lo visitó los primeros tres años. La Matilde que no volvió. La Matilde que andará ********, vieja y escuálida. La Matilde linda.

    Se ha quedado allí desperdiciando sus ojos bonitos en mirar al vacío como los desperdició las últimas décadas entre las paredes de su celda. Se ha quedado allí y lleva horas esperando aunque no importa porque esperar es lo que mejor hace. Pero deberían decirle las flores o las piedras o las briznas de ocre hierba que los trenes dejaron de pasar por esta ruta desde los primeros años de su encierro. De ese encierro que felizmente ya hace parte de su pasado.

    Fuente(s): D.W
  • hace 1 década

    Del otro lado

    Marianela VALVERDE

    “Tomó sus cosas y miró el reloj, se dirigió al lugar donde se sentía seguro, probablemente porque siempre había estado ahí para él: su cuarto.

    Se despidió de sus paredes que tantos recuerdos habían guardado: sus sueños, sus ideas, sus sentimientos y ahora sus nostalgias, éstas estaban plasmadas con grafitis multicolores, con figuras y formas que solo él podía ver, que solo él podía leer, que solo él podría comprender.

    También se despidió de las ventanas, que por las soleadas tardes tapizaban su solitario rostro con las más variadas armonías y que por las mañanas le anunciaban la hora de levantarse; de su cama y de su almohada, amigas íntimas, quienes conocían sus secretos y fantasías de amores encontrados y olvidados en la memoria.

    Y antes de marcharse, le dirigió una oración al crucifijo, luego lo besó, recordó que él era quien lo había acompañado toda su vida y que la soledad era necesaria algunas veces (no siempre) para encontrarse con su propio corazón, lo volvió a mirar y entonces lo tomó y lo echó en su bolsa.

    Salió, cerro la puerta y tiró el fósforo. No miró hacia atrás, siguió caminando mientras sentía arder su espalda… brotaron algunas lágrimas que fueron arrancadas por el viento que soplaba como todos los diciembres.

    La plateada luna iba alumbrando las callejuelas llenas de sombras que cobraban vida y hacían revivir las aventuras de recuerdos infantiles y de las juventudes mutiladas…De un momento a otro se detuvo, su mirada se había nublado y de nuevo una estampida de viento volvió a secar el rostro apesadumbrado de tristeza por su partida necesaria… necesaria para trabajar, necesaria para vivir, necesaria para ser feliz, necesaria para transformarse, necesaria para experimentar la libertad, necesaria para vivir en paz, necesaria para encontrar compañía, necesaria para el pan y el techo digno…

    Al final de la calle se encontró con quien le ayudaría a transformar su vida del otro lado. Como pudo se subió al camión y se encontró con otros ojos iguales a los suyos, con otros rostros iguales al suyo: forzados, afligidos y asustados por dejar aquel lugar que tanto querían, que tanto esperaban que cambiara para no marcharse.

    Era demasiado tarde ¡eso lo habían esperado desde hace mucho!

    Entre más se alejaba, más se aferraba el corazón a su tierra, quiso por un momento arrojarse al suelo pero miró hacia la colina y vio como su choza se desvanecía lentamente por el fuego, así también su esperanza…

    Mientras del otro lado las noticias anunciaban: “los jefes de estado se reunirán para plantear medidas ante el tema migratorio”…. “han construido un muro en la frontera…”, “la nueva ley migratoria vigente traerá…”, “la mayoría de inmigrantes se desplazan por…hay que tomar medidas fuertes ante el tema migratorio…”

    Él solamente pensaba al escuchar los voceros… “¿qué saben ellos?... esos los del otro lado.”

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