Anónimo
Anónimo preguntado en Educación y formaciónOtros - Educación · hace 1 década

¿¡necesito una poesia de el 24 de octubre qe sea rapido?

1 respuesta

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  • Baul
    Lv 4
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    Esto fue lo poco que le consegui, espero le sirva alguna, mucvha suerte y gracias porque me hizo investigar

    TU ME QUIERES BLANCA

    Tú me quieres alba,

    Me quieres de espumas,

    Me quieres de nácar.

    Que sea azucena

    Sobre todas, casta.

    De perfume tenue.

    Corola cerrada

    Ni un rayo de luna

    Filtrado me haya.

    Ni una margarita

    Se diga mi hermana.

    Tú me quieres nívea,

    Tú me quieres blanca,

    Tú me quieres alba.

    Tú que hubiste todas

    Las copas a mano,

    De frutos y mieles

    Los labios morados.

    Tú que en el banquete

    Cubierto de pámpanos

    Dejaste las carnes

    Festejando a Baco.

    Tú que en los jardines

    Negros del Engaño

    Vestido de rojo

    Corriste al Estrago.

    Tú que el esqueleto

    Conservas intacto

    No sé todavía

    Por cuáles milagros,

    Me pretendes blanca

    (Dios te lo perdone),

    Me pretendes casta

    (Dios te lo perdone),

    ¡Me pretendes alba!

    Huye hacia los bosques,

    Vete a la montaña;

    Límpiate la boca;

    Vive en las cabañas;

    Toca con las manos

    La tierra mojada;

    Alimenta el cuerpo

    Con raíz amarga;

    Bebe de las rocas;

    Duerme sobre escarcha;

    Renueva tejidos

    Con salitre y agua;

    Habla con los pájaros

    Y lévate al alba.

    Y cuando las carnes

    Te sean tornadas,

    Y cuando hayas puesto

    En ellas el alma

    Que por las alcobas

    Se quedó enredada,

    Entonces, buen hombre,

    Preténdeme blanca,

    Preténdeme nívea,

    Preténdeme casta.

    Sábado

    Me levanté temprano y anduve descalza

    Por los corredores: bajé a los jardines

    Y besé las plantas

    Absorbí los vahos limpios de la tierra,

    Tirada en la grama;

    Me bañé en la fuente que verdes achiras

    Circundan. Más tarde, mojados de agua

    Peiné mis cabellos. Perfumé las manos

    Con zumo oloroso de diamelas. Garzas

    Quisquillosas, finas,

    De mi falda hurtaron doradas migajas.

    Luego puse traje de clarín más leve

    Que la misma gasa.

    De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo

    Mi sillón de ****.

    Fijos en la verja mis ojos quedaron,

    Fijos en la verja.

    El reloj me dijo: diez de la mañana.

    Adentro un sonido de loza y cristales:

    Comedor en sombra; manos que aprestaban

    Manteles.

    Afuera, sol como no he visto

    Sobre el mármol blanco de la escalinata.

    Fijos en la verja siguieron mis ojos,

    Fijos. Te esperaba.

    Peso ancestral

    Tú me dijiste: no lloró mi padre;

    tú me dijiste: no lloró mi abuelo;

    no han llorado los hombres de mi raza,

    eran de acero.

    Así diciendo te brotó una lágrima

    y me cayó en la boca; más veneno

    yo no he bebido nunca en otro vaso así pequeño.

    Débil mujer, pobre mujer que entiende,

    dolor de siglos conocí al beberlo.

    Oh, el alma mía soportar no puede

    todo su peso.

    La caricia perdida

    Se me va de los dedos la caricia sin causa,

    se me va de los dedos... En el viento, al rodar,

    la caricia que vaga sin destino ni objeto,

    la caricia perdida, ¿quién la recogerá?

    Pude amar esta noche con piedad infinita,

    pude amar al primero que acertara a llegar.

    Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

    La caricia perdida, rodará... rodará...

    Si en el viento te llaman esta noche, viajero,

    si estremece las ramas un dulce suspirar,

    si te oprime los dedos una mano pequeña

    que te toma y te deja, que te logra y se va.

    Si no ves esa mano, ni la boca que besa,

    si es el aire quien teje la ilusión de llamar,

    oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

    en el viento fundida, ¿me reconocerás?

    (Languidez)

    Voy a dormir

    Dientes de flores, cofia de rocío,

    manos de hierbas, tú, nodriza fina,

    tenme prestas las sábanas terrosas

    y el edredón de musgos escardados.

    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

    Ponme una lámpara a la cabecera;

    una constelación, la que te guste;

    todas son buenas, bájala un poquito.

    Déjame sola: oyes romper los brotes...

    te acuna un pie celeste desde arriba

    y un pájaro te traza unos compases

    para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:

    si él llama nuevamente por teléfono

    le dices que no insista, que he salido.

    (24 de octubre de 1938)

    ¡Adiós!

    Las cosas que mueren jamás resucitan,

    las cosas que mueren no tornan jamás,

    se quiebran los vasos y el vidrio que queda

    ¡es polvo por siempre y por siempre será!

    Cuando los capullos caen de la rama

    dos veces seguidas no florecerán...

    Las flores tronchadas por el viento impío

    ¡se agotan por siempre, por siempre jamás!

    Los días que fueron, los días perdidos,

    los días inertes ya no volverán.

    ¡Qué tristes las horas que se desgranaron

    bajo el aletazo de la soledad!

    ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,

    las sombras creadas por nuestra maldad!

    ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,

    las cosas celestes que así se nos van!

    ¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...

    —de llagas infectas—¡cúbrete de mal!

    ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,

    corazón maldito que inquietas mi afán!

    ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!

    ¡Adiós mi alegría llena de bondad!

    ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,

    las cosas celestes que no vuelven más! ...

    ¡Ven, dolor!

    ¡Golpéame, dolor! Tu ala de cuervo

    b

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