Anónimo
Anónimo preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 1 década

alguien sabe el autor de la poesia "fallo positivo"?... OJO poesia no cancion de mecano...gracias?

2 respuestas

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  • hace 1 década
    Respuesta preferida

    ¡Qué lástima

    que yo no pueda cantar a la usanza

    de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!

    ¡Qué lástima

    que yo no pueda entonar con una voz engolada

    esas brillantes romanzas

    a las glorias de la patria!

    ¡Qué lástima

    que yo no tenga una patria!

    Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa

    desde una tierra a otra tierra, desde una raza

    a otra raza,

    como pasan

    esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.

    ¡Qué lástima

    que yo no tenga comarca,

    patria chica, tierra provinciana!

    Debí nacer en la entraña

    de la estepa castellana

    y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;

    pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,

    y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.

    Después... ya no he vuelto a echar el ancla,

    y ninguna de estas tierras me levanta

    ni me exalta

    para poder cantar siempre en la misma tonada

    al mismo río que pasa

    rodando las mismas aguas,

    al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.

    ¡Qué lástima

    que yo no tenga una casa!

    Una casa solariega y blasonada,

    una casa

    en que guardara,

    a más de otras cosas raras,

    un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada

    (que me contaran

    viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)

    y el retrato de un mi abuelo que ganara

    una batalla.

    ¡Qué lástima

    que yo no tenga un abuelo que ganara

    una batalla,

    retratado con una mano cruzada

    en el pecho, y la otra en el puño de la espada!

    Y, ¡qué lástima

    que yo no tenga siquiera una espada!

    Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,

    ni una tierra provinciana,

    ni una casa

    solariega y blasonada,

    ni el retrato de un mi abuelo que ganara

    una batalla,

    ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?

    ¡Qué voy a cantar si soy un paria

    que apenas tiene una capa!

    Sin embargo...

    en esta tierra de España

    y en un pueblo de la Alcarria

    hay una casa

    en la que estoy de posada

    y donde tengo, prestadas,

    una mesa de pino y una silla de ****.

    Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla

    en una sala

    muy amplia

    y muy blanca

    que está en la parte más baja

    y más fresca de la casa.

    Tiene una luz muy clara

    esta sala

    tan amplia

    y tan blanca...

    Una luz muy clara

    que entra por una ventana

    que da a una calle muy ancha.

    Y a la luz de esta ventana

    vengo todas las mañanas.

    Aquí me siento sobre mi silla de ****

    y venzo las horas largas

    leyendo en mi libro y viendo cómo pasa

    la gente a través de la ventana.

    Cosas de poca importancia

    parecen un libro y el cristal de una ventana

    en un pueblo de la Alcarria,

    y, sin embargo, le basta

    para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.

    Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa

    cuando pasan

    ese pastor que va detrás de las cabras

    con una enorme cayada,

    esa mujer agobiada

    con una carga

    de leña en la espalda,

    esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,

    y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.

    ¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana

    siempre y se queda a los cristales pegada

    como si fuera una estampa.

    ¡Qué gracia

    tiene su cara

    en el cristal aplastada

    con la barbilla sumida y la naricilla chata!

    Yo me río mucho mirándola

    y la digo que es una niña muy guapa...

    Ella entonces me llama

    ¡tonto!, y se marcha.

    ¡Pobre niña! Ya no pasa

    por esta calle tan ancha

    caminando hacia la escuela de muy mala gana,

    ni se para

    en mi ventana,

    ni se queda a los cristales pegada

    como si fuera una estampa.

    Que un día se puso mala,

    muy mala,

    y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

    Y en una tarde muy clara,

    por esta calle tan ancha,

    al través de la ventana,

    vi cómo se la llevaban

    en una caja

    muy blanca...

    En una caja

    muy blanca

    que tenía un cristalito en la tapa.

    Por aquel cristal se la veía la cara

    lo mismo que cuando estaba

    pegadita al cristal de mi ventana...

    Al cristal de esta ventana

    que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja

    tan blanca.

    Todo el ritmo de la vida pasa

    por el cristal de mi ventana...

    ¡Y la muerte también pasa!

    ¡Qué lástima

    que no pudiendo cantar otras hazañas,

    porque no tengo una patria,

    ni una tierra provinciana,

    ni una casa

    solariega y blasonada,

    ni el retrato de un mi abuelo que ganara

    una batalla,

    ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,

    y soy un paria

    que apenas tiene una capa...

    venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

    espero te sirva,

    db

  • hace 1 década

    es de Pilar Navarro Robles y precisamente la estoy buscando si la tienes o la escuentras pasamela porfa. es una de mis poesias favoritas y por tonta regale la ultima copia que tenia y ahora no la puedo encontrar. espero que te sirva la informacion.

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