Rafael D preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 1 década

¿ Deben tener los cuentos de hadas siempre finales alegres ?

¿Sabían que originalmente los cuentos de hadas tenían

con frecuencia finales tristes ?

"Un cuento de hadas es una historia con personajes folclóricos tales como hadas,duendes,elfos,troles,gigantes

y otros.El cuento de hadas es un subgénero dentro del cuento.

Estas historias involucran con frecuencia a principes y princesas, y las versiones modernas suelen tener un final

feliz y una moraleja".

http://youtube.com/watch?v=gW4qmrcpdgY

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Rafael

21/6/2008

Hora : 8:13 pm.

17 respuestas

Calificación
  • hace 1 década
    Respuesta preferida

    No sabía que los cuentos de hadas solían tener finales tristes.

    Sabés, uno de mis cuentos favoritos tiene un final triste pero es muy muy lindo. Es de Hans Christian Andersen y se llama "La pequeña cerillera". También me gusta "La sirenita" que también es super triste.

    Las diferencias con la película de "La sirenita" son estas:

    "En la película se realizan múltiples cambios a la historia original, como el hecho de que en ésta última la bruja del mar tiene un papel muy secundario. Además en el cuento original la sirenita muere por no tener el amor del príncipe, mientras que en el clásico de Disney, Ariel logra casarse con el príncipe y derrotar a la bruja del mar. Todo un final feliz típico de Disney y destinado a los más pequeños. Estos cambios han sido criticados (a pesar de ser pocos) por algunos, pero la realidad es que si, por ejemplo en Bambi los niños pueden llegar a llorar con la el prinmuerte de un personaje totalmente circunstancial (la madre de Bambi) si en La Sirenita muriese la protagonista y heroína de la historia se provocaría probablemente angustia en lugar de divertimento entre el público infantil."

    Te pego la historia de la pequenha cerillera y si te gusta podés entrar acá y ver el video.

    http://de.youtube.com/watch?v=t3nDAhITmG4

    "Hacía un frío horrible. Nevaba y empezaba a oscurecer. Era Nochevieja, la última noche del año. En medio de aquel frío y aquella oscuridad iba por la calle una niñita pobre con la cabeza descubierta y los pies descalzos. En realidad había salido de casa en zapatillas, pero no le servían: eran unas zapatillas demasiado grandes; las había usado su madre, así que eran muy grandes. La pequeña las perdió al cruzar la callo a toda prisa, los carruajes pasaban a gran velocidad y no consiguió encontrar una de las zapatillas, y la otra se la llevó corriendo un muchacho que decía que la podría usar de cuna cuando tuviera un hijo.

    Allá iba entonces la niñita con sus piececitos descalzos, enrojecidos y azules de frío. En el viejo delantal llevaba un montón de cerillas, y en la mano llevaba otro manojo. Nadie le había comprado ninguna en todo el día, nadie le había dado ni una miserable moneda de cobre. Estaba hambrienta y helada y parecía asustada, ¡pobrecita! Los copos de nieve caían sobre sus largos cabellos rubios con preciosos rizos en el cuello, pero la niña no pensaba en ello. En las ventanas se veían luces y en la calle había un delicioso olor a ganso asado. Era Nochevieja, y en eso pensaba la niña.

    En un rincón que había entre dos casas, porque una estaba más adelante en la acera que la otra, se sentó la niña y se quedó encogida. Se sentó sobre sus piernecitas, pero seguía teniendo cada vez más frío y no se atrevía a volver a casa; no había vendido ni una sola cerilla, no había conseguido ni una sola moneda de cobre, su padre la pegaría, y en casa también hacía frío, no tenían más que un tejado encima de la cabeza, y el viento entraba soplando aunque las grietas más grandes estaban tapadas con **** y telas. Sus manitas estaban muertas de frío. ¡Ah, una cerillita le vendría bien! ¡Si se atreviera a sacar una del manojo, a frotarla contra el rascador para calentarse los dedos! Sacó una. ¡Richch! ¡Cómo chisporroteaba al arder! Era una llama caliente y clara, como la de una veleta, y puso las manos encima de ella. Era una luz extraña. La pequeña imaginó que estaba sentada delante de una gran estufa de hierro con brillantes esferitas y rodillos de latón. ¡Ardía tan magníficamente aquella llamita, calentaba tan bien! Pero, ¿qué pasó?… La niña iba a estirar también las piernas para calentarlas…, y la llama se apagó. La estufa de hierro se desvaneció, y ella estaba allí sentada, con un trocito de cerilla carbonizada en la mano.

    Encendió otra, ardió, brilló y el trozo de pared donde se reflejaba la luz se volvió transparente, como un velo. La niña se vio en una habitación con la mesa puesta; en ella había un mantel deslumbrantemente blanco, porcelana fina y un ganso asado, que olía estupendamente, relleno de ciruelas pasas y manzanas. Y sucedió algo aún mejor: el ganso saltó de la bandeja y empezó a patojear por el suelo con el cuchillo y el tenedor en la espalda, y se acercó a la pobre niña. Entonces se apagó la cerilla y no quedaba más que el grueso y frío muro.

    Cogió otra. Y se encontró debajo de un precioso árbol de Navidad, aún mayor y con más adornos que el que había visto por la puerta de cristal de la casa del rico comerciante la Navidad pasada. Miles de velas lucían en las verdes ramas, y cuadros multicolores como los que adornaban los escaparates de la tienda dirigían sus ojos hacia ella. La pequeña alzó los brazos…, y la cerilla se apagó, las lucecitas de Navidad subieron más y más alto y la niña las vio convertirse en claras estrellas; una de ellas cayó dejando tras de sí una línea de fuego en medio del cielo.

    —¡Alguien ha muerto! —dijo la pequeña, porque la anciana abuela, que era la única que se portaba bien con ella, pero que ya había muerto, había dicho: «Cuando cae una estrella, es que un alma sube hacia Dios».

    Frotó otra cerilla contra la pared, surgió la luz y en el resplandor apareció su anciana abuela, tan clara, tan luminosa, tan dulce y tan buena.

    —¡Abuela! —gritó la pequeña—. ¡Oh, llévame contigo! Cuando se apague la cerilla te irás igual que se fueron la estufa caliente y el maravilloso ganso asado y el precioso árbol de Navidad.

    Y encendió rápidamente todas las demás cerillas que llevaba en el manojo, porque quería conservar a su abuela. Y las cerillas brillaron esplendorosas, había tanta claridad como en pleno día. La abuela nunca había sido tan grande ni tan bella; tomó a la niña en sus brazos y echaron a volar llenas de resplandor, llenas de alegría, más arriba. No hacía frío, el hambre y el miedo habían desaparecido…, estaban al lado de Dios.

    Pero en el rincón de las casas apareció por la mañana la niña, con las mejillas rojas y una sonrisa en los labios… Estaba muerta, la última noche del año la había hecho helarse. El primer día del año amaneció sobre el pequeño cadáver que estaba sentado allí con las cerillas en la mano: tenía un manojo casi entero quemado. «Quería calentarse», dijo alguien. Nadie sabía las cosas bellas que la niña había visto, con qué esplendor había subido con su anciana abuela hacia la alegría del Año Nuevo."

    No es bello? Yo, lo adoro.

    Un abrazo sincero,

    Argalil

  • hace 1 década

    Hola Rafa!!

    SI...originalmente terminaban tristes

    pero prefiero los de finales felices

    saludito☺

  • hace 1 década

    Creo que la vida no es un cuento de hadas, y que muchas veces nuestras historias no tienen un final feliz, como quisieramos. El final feliz lo ponen siempre los escritores en sus novelas. Pero la realidad es mas rica, y tenemos que aprender a pasar la hoja...

  • Atenea
    Lv 4
    hace 1 década

    Hola, Rafael...Yo creo que sí deberían tener siempre finales alegres, porque en el mundo real ya vemos y vivimos suficientes momentos tristes, cada día, cuando vemos los telediarios o leemos los periódicos, siempre hay noticias con finales trágicos, también en nuestro entorno nos vienen impuestos momentos tristes provocados por las circunstancias, por el azar o por decisiones que nosotros mismos debemos tomar...Por desgracia, en el mundo real, muchas veces no podemos elegir entre un final triste o un final feliz, por eso yo prefiero que los cuentas de hadas y las películas románticas terminen siempre con un final dichoso.

    Quería agradecerte las amables palabras que tuviste hacia mi hace unos días...Muchas gracias y un saludo...

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  • hace 1 década

    yo siempre me he quejado de que en los cuentos siempre los protagonicos son huerfanos de madre,(que poca ma...) y no se vale, por eso preferí siempre crearles mis propios cuentos .

    los cuentos tienen que basarse en cosas reales, no en duendes y hadas, cuando hay tantas cosas bellas que contarles .

  • @my
    Lv 6
    hace 1 década

    yo creo que si...para que los niños tengan alegría al final del cuento y eso da esperanza siempre en la vida

    del que lee los cuentos tanto el papá como el niño que escucha...creo que deja un sabor a despues de lo dificil algo puede ser mejor

    entonces nosotros tenemos ese pensamiento de esperanza

    con cariño

    @my

  • hace 1 década

    es correcto

  • Anónimo
    hace 1 década

    no,en absoluto no

  • hace 1 década

    gracias lo desconocia.

  • hace 1 década

    Eso depende de con quien se simpatice en el cuento. Si es la princesa y el principe. Tienen final feliz. Si es la bruja, el dragon, la madrastra, el ogro. Les va muy mal. Si estas actuando el cuento depende de que personaje seas, para que tengas un final feliz o triste.

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