¿Conocés historias de amores contrariados?

La historia que les dejo es solo eso, una historia. FLOR DE CERA Me gustaría contarte mi historia. Soy una mujer común, como casi todas, para algunos puedo ser vieja, no conocen la edad de mi corazón, mi nombre es Ligia, tengo un hijo adolescente, en la madurez conocí a Augusto, le dediqué mis versos, mi vida... mostrar más La historia que les dejo es solo eso, una historia.

FLOR DE CERA
Me gustaría contarte mi historia.
Soy una mujer común, como casi todas, para algunos puedo ser vieja, no conocen la edad de mi corazón, mi nombre es Ligia, tengo un hijo adolescente, en la madurez conocí a Augusto, le dediqué mis versos, mi vida toda.
Atravesé miles de kilómetros para encontrarlo, no me importaban los vientos que seguramente atravesarían el camino.
Fuí a tu encuentro en compañía de mi hijo, me habías prometido ser el padre que jamás había tenido, necesitaba para Leo un padre presente.
No te importó nada, eras un excelente actor.
No lograba entender tu devoción hacia nosotros, apenas nos conocías, a mi un poco más, me desnudaba ante vos a través de mis escritos.
Recuerdo que viajamos en primavera a conocerte, jamás podría olvidar ese día, ya que el tres de septiembre festejaba mi cumpleaños.
Hacía mucho tiempo que nadie se acordaba de agasajarme, ni siquiera mi marido ausente.
En el camino hicimos planes con Leo, nos estableceríamos lejos de su padre biológico, nada nos importaba, habíamos conocido un ser que nos aceptaba a los dos, sin preguntar sobre el pasado que conocía, aceptándonos tal cual somos.
¿Sería un sueño por cumplir?.
Unos kilómetros antes de llegar a destino, cargué combustible, aproveché el tiempo para retocar mi maquillaje.
Leo, en su pre adolescencia no intuía la tortura que nos esperaba.
Llegamos a destino, tu casa estaba ubicada a pocos metros de la costa.
Pese al clima adverso, el jardín estaba bien cuidado, en una esquina crecía aferrada a la pared una flor de cera, ellas, Augusto, emperador de mi reino, fueron la simiente de mis versos.
Pasamos días inolvidables, las excursiones matizaban nuestros encuentros.
Los tres podríamos formar una familia.
Una noche el viento hacía vibrar las ventanas, me desperté, Leo dormía plácidamente, pero tú no estabas.
Bajé las escaleras, no notaste mi presencia, me paré detrás de tuyo, no advertiste mi presencia, con horror vi que te divertías con otras a través del chat.
Las imágenes de la web te habían trastornado.
De madrugada desperté a Leo, entre los dos armamos las maletas, sabíamos que dormirías hasta cualquier hora, decidimos regresar a nuestra casa.
Antes de irnos corté un gajo de la enredadera.
En casa busqué un lugar para que creciera la flor de cera, sus racimos de flores rosadas te recordarían.
La naturaleza es sabia, la enredadera se negaba a crecer, siguió siendo un tallo endeble, la trasplanté, no hubo caso, seguía tímida.
En ese instante comprendí que la flor de cera era fiel retrato de su dueño.
Pasaron unos meses, unas matas de yuyos, mataron la enredadera, eso me sirvió, para entender que vos Augusto eras de cera, intentaste por todos los medios recuperarme.
No lo lograste, mi vida continúa feliz, vos te estás secando en la soledad hasta que el destino te convierta no en una flor, sino en un muñeco de cera, sin vida.
Ruego a Dios que algún día puedas mirar con amor sincero los ojos de esa pequeña que es tu hija no querida, en ese instante se producirá la magia, el hueco que ocupa tu corazón comenzará a latir nuevamente.
Conocerás el amor a través de los ojos inocentes de tu pequeña niñita.
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