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¿que es la filosofia latinoamericana, cuales son algunos de sus principales autores?¿que....?

obras y trabajos desarrollan?¿que campos de la filosofia se desenvuelven?¿hacia donde se encamina o que futuro le aguarda?¿que aportaciones se le puede hacer a esta area de la filosofia?¿como se puede enriquecer?

4 respuestas

Calificación
  • Anónimo
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    No me agrada responder preguntas de las que el preguntante conoce ya una respuesta definida... caso que comunmente es el tuyo Deov... sin embargo, por justicia, debo añadir a la lista de los anteriores participantes a Enrique Dussell... el iniciador de la llamada filosofía de la liberación (o tambien llamada de la emancipación) de corte eminentemente político en relación al subdesarrollo de latinoamerica ante el vecino del norte y muchos temas que con ello se relacionan. Creo que es profesor en la UNAM si no mal recuerdo... no he leído gran cosa de él, pero un profesor mío fue su discipulo... o algo parecido....

    Además, no se le ha hecho justicia a Unamuno, uno de los mayores exponentes de la influencia existencialista en México, además de Antonio Machado que además de poeta, tiene mucha influencia filosófica desde su arte, al igual que Borges...

  • hace 1 década

    Hace más o menos un mes, con motivo de la clausura de los cursos, me pidieron dar una conferencia sobre el tema en la universad donde trabajo. Te mando el texto que hice para esa conferencia sin modificación alguna, pues prefiero eso en lugar de escribir todo de nuevo. ¿Va?

    La filosofía de la calandria y el sueño de los calibanes

    El martes fui invitado por algunos alumnos de octavo semestre para presentar un breve texto en el presente evento. En principio, en la breve charla que tuvimos, sugerí presentar un texto que hice hace poco tiempo a propósito de la posmodernidad, el poscolonialismo y los estudios subalternos. Son temas actuales de la filosofía latinoamericana que manejo bien y nada más fácil, por la premura del tiempo, que presentar algo ya hecho. Pero pronto me di cuenta de que no era suficiente y que lo que más llamó su atención fue la posibilidad de exponer, aunque fuese de forma escueta, qué es esto de la filosofía latinoamericana. Una razón me expusieron para justificar su preferencia: al evento estaba invitada toda la facultad de filosofía por lo que, según sus propias palabras, mi exposición bien podría servir para acercar la filosofía latinoamericana no a ellos que se van, sino a los se quedan. En este caso, ante tal invitación y el gesto para su comunidad, lo menos que podía hacer era presentar un texto original que aunque no agotara el tema sirviera de pretexto para dar a conocer algo que da curiosidad pero a ciencia cierta no se sabe qué es. Vale decir entonces que con esta breve exposición intento matar dos pájaros de un tiro, pues no han sido pocos los alumnos y los profesores que se han acercado a mí con la pregunta específica: ¿qué es la filosofía latinoamericana?, lo que de sí es complicado en tanto que la simple intención de responder qué es la filosofía en términos generales trae un sinnúmero de problemas. Por cuestiones de tiempo la segunda cuestión no la responderé. La primera, que es mi campo, intentaré responderla avisando que sólo sería el comienzo de un trabajo inagotable para un espacio tan reducido, así que para mayor información quedan todos invitados a mi clase.

    Pues bien: ¿qué es la filosofía latinoamericana? Aprovechando que hoy existen diccionarios para casi todo comenzaré dando una definición breve del Diccionario de Filosofía Latinoamericana, un trabajo serio que involucra un primer acercamiento a algunas de las definiciones y categorías que usamos cotidianamente:

    “Nombre genérico con que se conoce la producción filosófica elaborada con una perspectiva latinoamericanista explícita. La expresión remite al resultado del esfuerzo por filosofar desde las necesidades – prioritariamente sociales y políticas – de esta región geocultural y con el horizonte del proyecto que lleva por nombre más abarcador y aceptable: Nuestra América.”

    Esta definición nos dice mucho y nada al mismo tiempo. Desde una perspectiva “tradicional” no nos dice nada y de hecho de esta acepción viene el juicio negativo del núcleo duro de la filosofía que interpela nuestra actividad precisamente por su prioridad social y política. Desde otra perspectiva nos dice todo, porque la realidad es que la filosofía latinoamericana, que cubre un sinnúmero de temáticas, es producto de la sensibilidad de muchos filósofos que optaron por el compromiso de pensar en función de una realidad específica, con la única conciencia de que en esa reflexión se les va, literalmente, la vida. La filosofía latinoamericana es, efectivamente, una militancia, una toma de posición, y quien la ejerce parte de aquel principio marxiano que dice que ya hemos especulado mucho sobre qué es la realidad y que es momento de transformarla. Si uno hace el recorrido de muchos de estos filósofos latinoamericanistas, se podrá dar cuenta de que su reflexión está conectada con la necesidad de resolver problemas que les son próximos, vitales en muchos casos, es decir: de vida o muerte, lo que no demerita de ninguna forma su ardua labor intelectual llevada a cabo con todo rigor filosófico. Para nosotros, porque yo me sumo a dicha propuesta, el problema de si esto constituye filosofía o no es un problema superado.

    Ahora bien. Me parece que por cuestiones didácticas y siendo congruente con esta afirmación de que la presente exposición constituye apenas un pretexto, me parece que lo limitaré a una breve descripción de la simbología con la que la filosofía latinoamericana dio en un momento determinado cuenta de sí. Para esto comenzaré entonces reivindicando la fuerza del mito, no por su verificabilidad lógica sino como vehículo de expresión. Tal reivindicación no es mía y tampoco lo es de la filosofía latinoamericana, sino de Platón quien encuentra en el mito una forma alegórica de expresión para explicar con mayor claridad lo que no siempre puede explicarse lógicamente. En ese sentido el mito no ha perdido su fuerza y sigue presente en la filosofía, y la filosofía latinoamericana, para explicar su hacer, ha recurrido a éste o bien ha creado sus propios mitos y sus propias metáforas. Va entonces el ejemplo y con ello comienzo.

    Cuando Shakespeare escribió La tempestad difícilmente podría haber imaginado el impacto que tendría su argumento en la representación de las sociedades latinoamericanas. La trama de la obra serviría al imaginario intelectual latinoamericano para personificar su historia cultural e intelectual. ¿Qué nos narra La tempestad?: la travesía marítima de Próspero, Duque legítimo de Milán, y su hija Miranda, que al ser expulsado de su posición por su hermano y tras naufragar se encuentra repentinamente en una isla “desierta”. Allí, Próspero dedica su tiempo al estudio y el conocimiento de las Artes Clásicas y entra en contacto con seres invisibles como Ariel, genio alado o espíritu del aire, intermediario entre los dioses y los hombres, que sirve de inspiración a Próspero. Sin embargo la isla no se encontraba desierta, estaba habitada por un ser mitad hombre y mitad bestia que responde al nombre de Calibán, que no es más que una composición de otras dos palabras: Caribe (la forma como Colón nombró a la tribu antropófaga del mar Caribe) que a su vez deriva en Caníbal y de allí Calibán, quien siendo despojado y esclavizado por Próspero y su hija Miranda busca constantemente la forma de vengarse de sus dominadores.

    Hace poco más de cien años, José Enrique Rodó escribe su famoso libro dirigido a la juventud latinoamericana. Intitulado con el nombre del “espíritu del aire”, Ariel, propuso precisamente a éste como símbolo de la identidad latinoamericana. En el texto, Rodó contrapone dos formas de espiritualidad conviviendo en un mismo espacio. Por un lado la espiritualidad anglo-sajona representada por Calibán, que simboliza al craso utilitarismo estadounidense, el espíritu del capitalismo encarnado por lo que Weber definirá como la ética protestante, y por otro, Ariel, la espiritualidad latinoamericana, el ideal estético, amante de la vida, el festejo y la tierra; Dionisio en América, espiritualidad en la que debían ser educadas las élites juveniles latinoamericanas.

    Dicha representación tendría cabida durante algunos años en la intelectualidad latinoamericana. De hecho sirvió de clara inspiración para pensadores como el argentino Manuel Ugarte (1878-1951) y el mexicano José Vasconcelos (México, 1882-1959). Pero casi setenta años después, en el mismo Caribe, dicha simbología sería relocalizada. El impacto de la revolución cubana, el surgimiento del movimiento sandinista, el boom literario latinoamericano, que tiene en algunos de sus autores como personaje principal las clases populares, y la paulatina emergencia del populismo latinoamericano, particularmente el peronismo en el caso de Argentina, es decir, la emergencia del “pueblo” como centro de reflexión, produjeron cambios significativos en la forma como el intelectual latinoamericano configuraba su idea de lo que era América Latina.

    Es en estos momentos en que el cubano Roberto Fernández Retamar publica su libro que, emulando al Ariel de Rodó, llamaría Calibán. Ya no sería Ariel el símbolo de América Latina, quien de hecho vendría a representar al intelectual orgánico occidental que inspira y legitima la violencia de Próspero, sino Calibán, el dominado o colonizado, el que aprende e instrumenta el lenguaje de Próspero, el colonizador, para maldecirlo en su propia idioma. Escribe Shakespeare el siguiente diálogo en La tempestad:

    PRÓSPERO

    ¡Esclavo archiembustero, que respondes al látigo y no a la bondad! Siendo tal basura, te traté humanamente, y te alojé en mi celda hasta que pretendiste forzar la honra de mi hija.

    CALIBÁN

    ¡Ja, ja! ¡Ojalá hubiera podido! Tú me lo impediste. Si no, habría poblado de Calibanes esta isla.

    MIRANDA

    ¡Odioso esclavo, en quien no deja marca la bondad y cabe todo lo malo! Me dabas lástima, me esforcé en enseñarte a hablar y cada hora te enseñaba algo nuevo. Salvaje, cuando tú no sabías lo que pensabas y balbucías como un bruto, yo te daba las palabras para expresar las ideas. Pero, a pesar de que aprendiste, tu vil sangre repugnaba a un alma noble. Por eso te encerraron merecidamente en esta roca, mereciendo mucho más que una prisión.

    CALIBÁN

    Me enseñaste a hablar y mi provecho es que sé maldecir. ¡La peste roja te lleve por enseñarme tu lengua!

    Esta representación es evocada por algunos pensadores latinoamericanos para describir la condición de Latinoamérica; la tensión de un proceso mediante el cual los colonizados emprenden el camino hacia su liberación por la vía de la asimilación del lenguaje del dominador. Entender la lengua del dominador, en este caso la filosofía, conlleva dar cuenta de la forma como desde Occidente se configura una idea de la naturaleza del otro, el bárbaro o el salvaje, que legitima su dominio, pero también entender que en ese lenguaje se encuentra la clave para que el balbuceante Calibán rompa con su condición marginal. Por eso no basta maldecir. Es fundamental aprender y dar un uso distinto a la lengua del dominador y el balbuceo sería la forma como el dominado cambia su sentido.

    Calibán entonces descubre que no necesita renunciar al legado "impuesto", a la lengua y a la cultura del dominador, y que basta con cambiarles el signo para poder iniciar el proceso de liberación. Si alguien se pregunta por el origen de la filosofía latinoamericana, tendríamos que decir que es éste, el reconocimiento de que al proceso de violencia real lo acompaña otra de tipo de violencia de carácter epistémico, que es la que legitima un “cierto estado de las cosas”, aunque dicha interpelación es apenas una primera instancia, fundacional tal vez, de una filosofía latinoamericana que alcanza su máxima expresión, precisamente, en las filosofías de la liberación.

    Ahora bien. Para entrar al tema del carácter de la filosofía latinoamericana a partir del símbolo de la Calandria, debemos recurrir a Hegel. Hegel decía, en su Filosofía del derecho, que la filosofía siempre llega tarde en el proceso histórico de formación de la realidad: ésta “aparece en el tiempo sólo después de que la realidad ha consumado su proceso de formación y se halla ya lista y terminada” –dice Hegel. Es decir que cuando la filosofía aparece en un tiempo, la realidad ya ha envejecido. “El búho de Minerva sólo alza su vuelo en el ocaso” –dice Hegel- y la filosofía es como Búho que vuela durante la noche para verificar lo que ha dejado el día.

    Viéndolo así, la filosofía no puede intervenir como fuerza orientadora o transformadora de la realidad; en todo caso la conoce y la explica, pero no puede incidir en ella puesto que ésta ya es ocaso. Es a esto a lo que se refiere Heidegger cuando dice que la filosofía es “un pensar fuera de su tiempo”, es decir, un pensar que se constituye a sí mismo de forma auto-reflexiva, que reflexiona ante o de frente y no desde una realidad, entendida ésta como un tiempo y espacio concretos, con todo lo contradictorio que pueda parecer esta aseveración. No es que la filosofía no tenga tiempos precisos; el mismo Hegel dice que toda filosofía es una filosofía de su tiempo. En todo caso aprehende la realidad en su totalidad temporal (el día), lo que da a la filosofía, a decir de Hegel, el estatus de saber absoluto pues quien la hace, Hegel mismo, se encuentra en un lugar privilegiado de observación.

    La filosofía latinoamericana parte de un lugar diferente: si bien sigue pensando la filosofía como un discurso autónomo, el modo de hacerla tiene como eje fundamental la realidad misma. Pero esta diferencia entre el modo de pensar la filosofía en Europa y en América Latina es incomprensible si no tomamos en cuenta el principio desde el que se parte: la tradición. Según Fornet-Betancourt, aquello que da identidad a la filosofía en uno y otro lugar está íntimamente relacionado con el suelo histórico desde el que el filósofo responde a la pregunta sobre su quehacer. El conflicto que presenciamos al momento de intentar definir lo que es filosofía o no, es en realidad un conflicto entre “creencias”, entendiendo aquí por creencia la conciencia explícita de la ubicación y pertenencia a una determinada tradición y no como una mera “ocurrencia subjetiva”. Nos dice Fornet-Betancourt:

    “en nuestra ‘creencia’ nos sentimos en cierta manera herederos, porque en ella está presente realmente la herencia en que ha ido cuajando, con base en el esfuerzo convergente de distintas generaciones, todo un estilo de hacer filosofía.”

    ¿Cuál es aquella tradición de la que los filósofos latinoamericanos nos sentimos herederos? Precisamente de aquella que se perfila no sólo como un pensar ante o de frente a una determinada realidad, sino desde la misma realidad. ¿Hay entonces un modo peculiar de hacer filosofía en América Latina? Es decir: ¿hay una tradición filosófica propiamente latinoamericana como hay una alemana, una francesa o una inglesa? Nuestra respuesta es que sí y que en esa tradición afirmamos nuestra “creencia” (de nuevo entendida no como una mera ocurrencia subjetiva sino como una conciencia explícita de su ubicación y pertenencia). ¿Cuál es esta tradición? Aquella que se perfila por una vocación transformadora de la realidad o que hace de la realidad inmediata su principal referente. Estamos conscientes de que la filosofía es algo que hemos recibido, que “viene de fuera”, pero eso no impide destacar que la leemos con claves distintas, y en eso reside lo peculiar de esta filosofía, que lo es no porque sea latinoamericana sino por el simple hecho de que es filosofía.

    Pero bien. No vamos a hacer en este momento un recuento de esa tradición. En este caso lo anterior nos sirve para localizar, a pesar de algunos de sus filósofos más representativos, la filosofía latinoamericana actual en una tradición de pensamiento. La filosofía latinoamericana no es, en este sentido, sino la forma como se concretiza esa tradición en el presente, una tradición “critico-práctica” que se afinca en la realidad con la meta de serle útil. En este caso debemos pensar la filosofía latinoamericana como una serie de articulaciones entre un presente filosófico y su tradición, es decir, como una continuación de cierto modo de hacer y pensar la actividad filosófica. Y esto es lo más importante de la filosofía latinoamericana: la filosofía como actividad y por tanto como producción. Por eso conceptos como el de “normalización filosófica” en América Latina y en cualquier lugar resultan trágicos, pues plantean una normalización de tipo académica en detrimento de la filosofía como actividad y como producción.

    De esta manera, una de las cuestiones a tratar tiene que ver con la misma definición de “filosofía latinoamericana”. En lo general, si atendemos a la definición de Miró Quesada, ésta se caracterizaría por su orientación humanista y por la utilización de la filosofía como instrumento de liberación. En este caso la filosofía latinoamericana en general es una filosofía consciente de su instrumentalidad porque en ésta ponen su empeño. La otra cuestión a tratar es por qué surge este tipo de filosofía en AL. La explicación más sencilla (y no por ello menos acertada) es que la filosofía latinoamericana surge como resultado de la conciencia de una situación de dominación, marginación y dependencia propiciadas por el desarrollo del capitalismo en AL, entendido éste como parte del proceso de expansión occidental. Partiendo de lo anterior, en un sentido amplio la filosofía latinoamericana se comprendería como un conjunto extenso de filosofías que buscan una nueva forma de filosofar desde la realidad latinoamericana, intentando desentrañar la lógica que mantiene a AL en una condición al mismo tiempo que proponiendo los elementos formales para su superación.

    Aquí es cuando llegamos por fin a la Calandria. Lo propio de la filosofía latinoamericana es la utopía, no en relación con la producción literaria, sino la utopía en tanto “lo utópico” operante en la historia, en tanto metáfora terapéutica de diagnóstico/terapia aplicada a una realidad intolerable. En ese sentido nosotros creamos nuestros propios símbolos. Nuestro símbolo no es el Búho de Hegel, aquél que levanta el vuelo en el ocaso para ver lo que ha dejado el día, sino la Calandria, un ave común a todo el Continente , y que a diferencia del Búho levanta su vuelo al amanecer. En este sentido, la filosofía latinoamericana, a diferencia de la filosofía “nocturna” hegeliana, tiene, como dice Roig, un carácter “matutino” o “auroral”, es el canto del “amanecer”, canto de la esperanza y de la lucha constante por un futuro mejor; una filosofía que levanta el vuelo por la mañana y que tiene el día por delante; es el sueño diurno de los calibanes; la filosofía de los calibanes, la filosofía como una actitud ante la vida y, en algunas ocasiones, la vida misma, un compromiso producto del reconocimiento de que en las respuestas se juegan su propia existencia.

    Pero dejémoslo aquí. Sólo resta aclarar que me he dedicado en el presente texto a explicar de forma didáctica y simbólica el carácter de la filosofía latinoamericana. De ninguna forma constituyen estos los temas que cubre y en todo caso ha evolucionado en diferentes direcciones, la mayoría de éstas expuestas de forma sistemática y con lenguaje filosófico que poco o nada piden a la producción filosófica europea, tan así que la filosofía latinoamericana ha comenzado a ocupar espacios de reflexión importantes en universidades europeas y norteamericanas, precisamente porque buena parte de la reflexión filosófica en éstas se dirige actualmente a cuestiones como la democracia, el pluralismo, la diversidad cultural, el análisis del lenguaje, la posmodernidad etc.

  • hace 1 década

    Carlos Astrada estudio con Heidegger y Husserl era argentino comenzo por la fenomenologia y termino en el marxismo (cercano en muchos aspectos a Sartre). Jose Pablo Feinmann argentino,Sartreano su filosofia se inclima hacia favorecer los procesos de integración latinoamericana.

    Naomar Filho Almeida , no es filosofo es médico y epidemiologo, Brasilero. Ha aplicado la filosofia en la concepcion de la Nueva escuela de epidemiologia social latinoamericana. Critica las concepciones biologicistas y mecanicas de la medicina , aboga por una medicina para todos, realiza un estudio epidemiologico delos grupos sociales teniendo en cuenta su situación y su historia.

    La concepción con la que encara es tan novedosa para este campo que muchos doctores de reconocimiento internacional han augurado un futuro para esta ciencia en latinoamerica (La universidad de Lanus en Argentina esta dentro de esta escuela).

    Salu2

  • hace 1 década

    Ardao- Roig, entre otros

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