0125 preguntado en Arte y humanidadesPoesía · hace 1 década

Alguen me puede dar el poema La Ciega de la autora Alfonsina Storni?

Quiero el poema porque lo busque por todos los lados y por internet,mí madre que es la que lo quiere,porque le trae añoranza de su infancia,dice que en uno de sus versos dice así-----Toto es noche,noche oscura pero ya no se acuerda de cómo sigue.

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    PREGUNTALE A TU MADRE CUAL DE TODOS ESTOS ES... NO HAY NINGUNO PARECIDO.. NO SERA DE OTRA AUTORA?

    V I D A

    MIS NERVIOS están locos, en las venas

    la sangre hierve, líquido de fuego

    salta a mis labios donde finge luego

    la alegría de todas las verbenas.

    Tengo deseos de reír; las penas

    que de donar a voluntad no alego,

    hoy conmigo no juegan y yo juego

    con la tristeza azul de que están llenas.

    El mundo late; toda su armonía

    la siento tan vibrante que hago mía

    cuando escancio en su trova de hechicera.

    Es que abrí la ventana hace un momento

    y en las alas finísimas del viento

    me ha traído su sol la primavera.

    A S I

    HICE el libro así:

    Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí.

    Mariposa triste, leona cruel,

    Di luces y sombra todo en una vez.

    Cuando fui leona nunca recordé

    Cómo pude un día mariposa ser.

    Cuando mariposa jamás me pensé

    Que pudiers un día zarpar o morder.

    Encogida a ratos y a saltos después

    Sangraron mi vida y a sangre maté.

    Sé que, ya paloma, pesado ciprés.

    O mata florida, lloré y más lloré.

    Ya probando sales, ya probando miel,

    Los ojos lloraron a más no poder.

    Da entonces lo mismo, que lo he visto bien,

    Ser rosa o espina, ser néctar o hiel.

    Así voy a curvas con mi mala sed

    Podando jardines de todo jaez.

    S A B A D O

    ME LEVANTE temprano y anduve descalza

    Por los corredores: bajé a los jardines

    Y besé las plantas

    Absorbí los vahos limpios de la tierra,

    Tirada en la grama;

    Me bañé en la fuente que verdes achiras

    Circundan. Más tarde, mojados de agua

    Peiné mis cabellos. Perfumé las manos

    Con zumo oloroso de diamelas. Garzas

    Quisquillosas, finas,

    De mi falda hurtaron doradas migajas.

    Luego puse traje de clarín más leve

    Que la misma gasa.

    De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo

    Mi sillón de ****.

    Fijos en la verja mis ojos quedaron,

    Fijos en la verja.

    El reloj me dijo: diez de la mañana.

    Adentro un sonido de loza y cristales:

    Comedor en sombra; manos que aprestaban

    Manteles.

    Afuera, sol como no he visto

    Sobre el mármol blanco de la escalinata.

    Fijos en la verja siguieron mis ojos,

    Fijos. Te esperaba.

    DULCE TORTURA

    POLVO de oro en tus manos fue mi melancolía

    Sobre tus manos largas desparramé mi vida;

    Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;

    Ahora soy un ánfora de perfumes vacía.

    Cuánta dulce tortura quietamente sufrida

    Cuando, picada el alma de tristeza sombría,

    Sabedora de engaños, me pasada los días

    ¡Besando las dos manos que me ajaban la vida!

    DOS PALABRAS

    ESTA noche al oído me has dicho dos palabras

    Comunes. Dos palabras cansadas

    De ser dichas. Palabras

    Que de viejas son nuevas.

    Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba

    Filtrando entre las ramas

    Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras

    Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento

    Moverme para echarla.

    Tan dulces dos palabras

    -Que digo sin quererlo -oh qué bella, la vida-

    Tan dulces y tan mansas

    Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

    Tan dulces y tan bellas

    Que nerviosos mis dedos,

    Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.

    Oh, mis dedos quisieran

    Cortar estrellas.

    TU ME QUIERES BLANCA

    TU ME QUIERES alba,

    Me quieres de espumas,

    Me quieres de nácar.

    Que sea azucena

    Sobre todas, casta.

    De perfume tenue.

    Corola cerrada

    Ni un rayo de luna

    Filtrado me haya.

    Ni una margarita

    Se diga mi hermana.

    Tú me quieres nívea,

    Tú me quieres blanca,

    Tú me quieres alba.

    Tú que hubiste todas

    Las copas a mano,

    De frutos y mieles

    Los labios morados.

    Tú que en el banquete

    Cubierto de pámpanos

    Dejaste las carnes

    Festejando a Baco.

    Tú que en los jardines

    Negros del Engaño

    Vestido de rojo

    Corriste al Estrago.

    Tú que el esqueleto

    Conservas intacto

    No sé todavía

    Por cuáles milagros,

    Me pretendes blanca

    (Dios te lo perdone),

    Me pretendes casta

    (Dios te lo perdone),

    ¡Me pretendes alba!

    Huye hacia los bosques,

    Vete a la montaña;

    Límpiate la boca;

    Vive en las cabañas;

    Toca con las manos

    La tierra mojada;

    Alimenta el cuerpo

    Con raíz amarga;

    Bebe de las rocas;

    Duerme sobre escarcha;

    Renueva tejidos

    Con salitre y agua;

    Habla con los pájaros

    Y lévate al alba.

    Y cuando las carnes

    Te sean tornadas,

    Y cuando hayas puesto

    En ellas el alma

    Que por las alcobas

    Se quedó enredada,

    Entonces, buen hombre,

    Preténdeme blanca,

    Preténdeme nívea,

    Preténdeme casta.

    PRESENTlMIENTO

    TENGO el presentimiento que he de vivir muy poco.

    Esta cabeza mía se parece al crisol,

    Purifica y consume.

    Pero sin una queja, sin asomo de horror,

    Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,

    Bajo el límpido sol,

    Nazca de un gran jazmín una víbora blanca

    Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.

    ASPECTO

    VIVO dentro de cuatro paredcs matemáticas

    Alineadas a metro. Me rodean apáticas

    Almillas que no saben ni un ápice siquiera

    De esta fiebre azulada que nutre mi quimera.

    Uso una piel postiza que me la rayo en gris.

    Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis.

    Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo

    Que yo misma me creo pura farsa y estorbo.

    PARASITOS

    JAMAS pensé que Dios tuviera alguna forma.

    Absoluta su vida; y absoluta su norma.

    Ojos no tuvo nunca: mira con las estrellas.

    Manos no tuvo nunca: golpea con los mares.

    Lengua no tuvo nunca: habla con las centellas.

    Te diré, no te asombres;

    Sé que tiene parásitos: las cosas y los hombres.

    ¿SABEIS ALGO?...

    SUBI, subí, subí. Ya estaba bien arriba

    Cuando sentí un murmullo. ¿Era reto, diatriba?

    Escuché: carcajadas, ironías, insultos.

    ¿Que os parezco una simia? Oh mis buenos estultos:

    ¿Sabéis de cosas bellas?

    Yo hace siglos que vivo trenza que trenza estrellas.

    ESTE LIBRO

    ME VIENEN estas cosas del fondo de la vida:

    Acumulado estaba, yo me vuelvo reflejo...

    Agua continuamente cambiada y removida;

    Así como las cosas, es mudable el espejo.

    Momentos de la vida aprisionó mi pluma,

    Momentos de la vida que se fugaron luego,

    Momentos que tuvieron la violencia del fuego

    O fueron más livianos que los copos de espuma.

    En todos los momentos donde mi ser estuvo,

    En todo esto que cambia, en todo esto que muda,

    En toda la sustancia que el espejo retuvo,

    Sin ropajes, el alma está limpia y desnuda.

    Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero,

    Pero puedes hallarme si por el libro avanzas

    Dejando en los umbrales tus fieles y balanzas:

    Requieren mis jardines piedad de jardinero.

    ALMA DESNUDA

    SOY un alma desnuda en estos versos,

    Alma desnuda que angustiada y sola

    Va dejando sus pétalos dispersos.

    Alma que puede ser una amapola,

    Que puede ser un lirio, una violeta,

    Un peñasco, una selva y una ola.

    Alma que como el viento vaga inquieta

    Y ruge cuando está sobre los mares,

    Y duerme dulcemente en una grieta.

    Alma que adora sobre sus altares,

    Dioses que no se bajan a cegarla;

    Alma que no conoce valladares.

    Alma que fuera fácil dominarla

    Con sólo un corazón que se partiera

    Para en su sangre cálida regarla.

    Alma que cuando está en la primavera

    Dice al inviemo que demora: vuelve,

    Caiga tu nieve sobre la pradera.

    Alma que cuando nieva se disuelve

    En tristezas, clamando por las rosas

    Con que la primavera nos envuelve.

    Alma que a ratos suelta mariposas

    A campo abierto, sin fijar distancia,

    Y les dice libad sobre las cosas.

    Alma que ha de morir de una fragancia,

    De un suspiro, de un verso en que se ruega,

    Sin perder, a poderlo, su elegancia.

    Alma que nada sabe y todo niega

    Y negando lo bueno el bien propicia

    Porque es negando como más se entrega,

    Alma que suele haber como delicia

    Palpar las almas, despreciar la huella,

    Y sentir en la mano una caricia.

    Alma que siempre disconforme de ella,

    Como los vientos vaga, corre y gira;

    Alma que sangra y sin cesar delira

    Por ser el buque en marcha de la estrella.

    NOCHE DIVINA

    ESTE jardín nos cede su delicia,

    Nos cede el árbol de manzanas lleno.

    Fuente de dioses a la sed propicia,

    Pan del instinto, para el hambre, bueno.

    Mas blanco mármol sin igual pudicia

    Fija en nosotros su mirar sereno;

    Muslo desnudo, vigoroso el seno,

    Puro, como la luz que lo acaricia.

    Se hacen tus ojos demasiado azules

    Cubren tus manos impalpables tules

    Y algo divino te levanta en vuelo.

    No cortemos la fruta deleitosa

    Y mira el alma en una nube rosa,

    Cómo es de azul la beatitud del cielo.

    SOY ESA FLOR

    TU VIDA es un gran río, va caudalosamente,

    A su orilla, invisible, yo broto dulcemente.

    Soy esa flor perdida entre juncos y achiras

    Que piadoso alimentas, pero acaso ni miras.

    Cuando creces me arrastras y me muero en tu seno,

    Cuando secas me muero poco a poco en el cieno;

    Pero de nuevo vuelvo a brotar dulcemente

    Cuando en los días bellos vas caudalosamente.

    Soy esa flor perdida que brota en tus riberas

    Humilde y silenciosa todas las primaveras.

    MELANCOLIA

    OH MUERTE, Yo te amo, pero te adoro, vida...

    Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,

    Haz que por vez postrera

    Penetre mis pupilas el sol de primavera.

    Déjame algún momento bajo el calor del cielo,

    Deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo...

    Era tan bueno el astro que en la aurora salía

    A decirme: buen día.

    No me asusta el descanso, hace bien el reposo,

    Pero antes que me bese el viajero piadoso

    Que todas las mañanas,

    Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.

    PAZ

    VAMOS hacia los árboles... El sueño

    Se hará en nosotros por virtud celeste.

    Vamos hacia los árboles; la noche

    Nos será blanda, la tristeza leve.

    Vamos hacia los árboles, el alma

    Adormecida de perfume agreste.

    Pero calla, no hables, sé piadoso;

    No despiertes los pájaros que duermen.

    PESO ANCESTRAL

    TU ME DIJISTE: no lloró mi padre;

    Tú me dijiste: no lloró mi abuelo;

    No han llorado los hombres de mi raza,

    Eran de acero.

    Así diciendo te brotó una lágrima

    Y me cayó en la boca... Más veneno

    Yo no he bebido nunca en otro vaso

    Así pequeño.

    Débil mujer, pobre mujer que entiende,

    Dolor de siglos conocí al beberlo;

    Oh, el alma mía soportar no puede

    Todo su peso.

    DATE A VOLAR

    ANDA, date a volar, hazte una abeja,

    En el jardín florecen amapolas,

    Y el néctar fino colma las corolas;

    Mañana el alma tuya estará vieja.

    Anda, suelta a volar, hazte paloma,

    Recorre el bosque y picotea granos,

    Come migajas en distintas manos

    La pulpa muerde de fragante poma.

    Anda, date a volar, sé golondrina,

    Busca la playa de los soles de oro,

    Gusta la primavera y su tesoro,

    La primavera es única y divina.

    Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...

    Anda, camina por el mundo, sabe;

    Dispuesta sobre el mar está tu nave:

    Date a bogar hacia el mejor encanto.

    Corre, camina más, es poco aquéllo...

    Aún quedan cosas que tu mano anhela,

    Corre, camina, gira, sube y vuela:

    Gústalo todo porque todo es bello.

    Echa a volar... mi amor no te detiene,

    ¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!

    Llore mi vida... el corazón se apene...

    Date a volar, Amor, yo te comprendo.

    Callada el alma... el corazón partido,

    Suelto tus alas... ve... pero te espero.

    ¿Cómo traerás el corazón, viajero?

    Tendré piedad de un corazón vencido.

    Para que tanta sed bebiendo cures

    Hay numerosas sendas para tí...

    Pero se hace la noche; no te apures...

    Todas traen a mí...

    EL DIVINO AMOR

    TE ANDO buscando, amor que nunca llegas,

    Te ando buscando, amor que te mezquinas,

    Me aguzo por saber si me adivinas,

    Me doblo por saber si te me entregas.

    Las tempestades mías, andariegas,

    Se han aquietado sobre un haz de espinas;

    Sangran mis carnes gotas purpurinas

    Porque a salvarte, oh niño, te me niegas.

    Mira que estoy de pie sobre los leños,

    Que a veces bastan unos pocos sueños

    Para encender la llama que me pierde.

    Sálvame, amor, y con tus manos puras

    Trueca este fuego en límpidas dulzuras

    y haz de mis leños una rama verde.

    ¿Y TU?

    Sí, yo me muevo, vivo, me equivoco;

    Agua que corre y se entremezcla, siento

    El vértigo feroz del movimiento:

    Huelo las selvas, tierra nueva toco.

    Sí, yo me muevo, voy buscando acaso

    Soles, auroras, tempestad y olvido.

    ¿Qué haces allí misérrimo y pulido?

    Eres la piedra a cuyo lado paso.

    UN SOL

    MI CORAZON es como un dios sin lengua,

    Mudo se está a la espera del milagro,

    He amado mucho, todo amor fue magro,

    Que todo amor lo conocí con mengua.

    He amado hasta llorar, hasta morirme.

    Amé hasta odiar, amé hasta la locura,

    Pero yo espero algún amor natura

    Capaz de renovarme y redimirme.

    Amor que fructifique mi desierto

    Y me haga brotar ramas sensitivas,

    Soy una selva de raíces vivas,

    Sólo el follaje suele estarse muerto.

    ¿En dónde está quien mi deseo alienta?

    ¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?

    Vulgar estorbo, pálido follaje

    Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

    ¿En dónde está el espíritu sombrío

    De cuya opacidad brote la llama?

    Ah, si mis mundos con su amor inflama

    Yo seré incontenible como un río.

    ¿En dónde está el que con su amor me envuelva?

    Ha de traer su gran verdad sabida...

    Hielo y más hielo recogí en la vida:

    Yo necesito un sol que me disuelva.

    ODIO

    OH, PRIMAVERA de las amapolas,

    Tú que floreces para bien mi casa,

    Luego que enjoyes las corolas,

    Pasa.

    Beso, la forma más voraz del fuego,

    Clava sin miedo tu endiablada espuela,

    Quema mi alma, pero luego,

    Vuela.

    Risa de oro que movible y loca

    Sueltas el alma, de las sombras, presa,

    En cuanto asomes a la boca,

    Cesa.

    Lástima blanda del error amante

    Que a cada paso el corazón diluye,

    Vuelca tus mieles y al instante,

    Huye.

    Odio tremendo, como nada fosco,

    Odio que truecas en puñal la seda,

    Odio que apenas te conozoo,

    Queda.

    PIEDRA MISERABLE

    OH, PIEDRA dura, miserable piedra,

    Yo te golpeo, te golpeo en vano,

    Y es inútil la fuerza de mi mano,

    Oh piedra dura, miserable piedra.

    Pero haces bien, oh miserable piedra,

    Deja que tiente un golpe sobrehumano,

    Deja golpear, deja golpear mi mano,

    Oh piedra dura, miserable piedra.

    No me des nada, miserable piedra,

    Guarda un silencio altivo y soberano,

    No te ablandes jamás entre mi mano;

    Oh piedra dura, miserable piedra.

    Con tu impiedad, oh miserable piedra,

    Recobro alientos y el deseo gano,

    No te dejes caer sobre mi mano,

    Mezquina, estulta, miserable piedra.

    Si un día torpe, miserable piedra,

    Te venciera la fuerza del verano

    Y cayeras a gotas en mi mano

    Yo te odiaría, miserable piedra...

    EL RACIMO INOCENTE

    ASI, COMO jugando, te acerqué el corazón

    Hace ya mucho tiempo, en una primavera...

    Pero tú, indiferente, pasaste por mi vera...

    Hace ya mucho tiempo.

    Sabio de toda cosa, no sabías acaso

    Ese juego de niña que cubría discreto

    Con risas inocentes el tremendo secreto,

    Sabio de toda cosa...

    Hoy, de vuelta a mi lado, ya mujer, tú me pides

    El corazón aquél que en silencio fue tuyo,

    Y con torpes palabras negativas arguyo

    Hoy, de vuelta a mi lado.

    Oh, cuando te ofrecí el corazón en aquella

    Primavera, era un dulce racimo no tocado

    El corazón... Ya otros los granos han probado

    Del racimo inocente...

    FRENTE AL MAR

    OH MAR, enorme mar, corazón fiero

    De ritmo desigual, corazón malo,

    Yo soy más blanda que ese pobre palo

    Que se pudre en tus ondas prisionero.

    Oh mar, dame tu cólera tremenda,

    Yo me pasé la vida perdonando,

    Porque entendía, mar, yo me fui dando:

    "Piedad, piedad para el que más ofenda".

    Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

    Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

    Hazme tener tu cólera sin nombre:

    Ya me fatiga esta misión de rosa.

    ¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,

    Me falta el aire y donde falta quedo,

    Quisiera no entender, pero no puedo:

    Es la vulgaridad que me envenena.

    Me empobrecí porque entender abruma,

    Me empobrecí porque entender sofoca,

    ¡Bendecida la fuerza de la roca!

    Yo tengo el corazón como la espuma.

    Mar, yo soñaba ser como tú eres,

    Allá en las tardes que la vida mía

    Bajo las horas cálidas se abría...

    Ah, yo soñaba ser como tú eres.

    Mírame aquí, pequeña, miserable,

    Todo dolor me vence, todo sueño;

    Mar, dame, dame el inefable empeño

    De tornarme soberbia, inalcanzable.

    Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,

    ¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!

    Desdichada de mí, soy un abrojo,

    Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

    Y el alma mía es como el mar, es eso,

    Ah, la ciudad la pudre y equivoca

    Pequeña vida que dolor provoca,

    ¡Que pueda libertarme de su peso!

    Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...

    La vida mía debió ser horrible,

    Debió ser una arteria incontenible

    Y apenas es cicatriz que siempre duele.

    BIEN PUDIERA SER...

    PUDIERA ser que todo lo que en verso he sentido

    No fuera más que aquéllo que nunca pudo ser,

    No fuera más que algo vedado y reprimido

    De familia en familia, de mujer en mujer.

    Dicen que en los solares de mi gente, medido

    Estaba todo aquéllo que se debía hacer...

    Dicen que silenciosas las mujeres han sido

    De mi casa materna... Ah, bien pudiera ser...

    A veces en mi madre apuntaron antojos

    De liberarse, pero se le subió a los ojos

    Una honda amargura, y en la sombra lloró.

    Y todo eso mordiente, vencido, mutilado,

    Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,

    Pienso que sin quererlo lo he libertado yo.

    EL SILENCIO

    ¿NUNCA habéis inquirido

    Por qué, mundo tras mundo,

    Por el cielo profundo

    Van pasando sin ruido?

    Ellos, los que traspiran

    Las cosas absolutas,

    Por sus azules rutas

    Siempre callados giran.

    Sólo el hombre, pequeño,

    Cuyo humano latido

    En la tierra, es un sueño,

    ¡Sólo el hombre hace ruido!

    MI HERMANA

    SON LAS DIEZ de la noche; en el cuarto en penumbra

    Mi hermana está dormida, las manos sobre el pecho;

    Es muy blanca su cara y es muy blanco su lecho,

    Como si comprendiera, la luz casi no alumbra.

    En el lecho se hunde a modo de los frutos

    Rosados, en el hondo colchón de suave pasto.

    Entra el aire a su pecho y levántalo casto

    Con su ritmo midiendo los fugaces minutos.

    La arropo dulcemente con las blancas cubiertas

    Y protejo del aire sus dos manos divinas;

    Caminando en puntillas cierro todas las puertas,

    Entorno los postigos y corro las cortinas.

    Hay mucho ruido afuera, ahoga tanto ruido.

    Los hombres se querellan, murmuran las mujeres,

    Suben palabras de odio, gritos de mercaderes:

    Oh, voces, deteneos. No entréis hasta su nido.

    Mi hermana está tejiendo como un hábil gusano

    Su ******* de seda: su ******* es un sueño.

    Ella con hilo de oro teje el copo sedeño:

    Primavera es su vida. Yo ya soy el verano.

    Cuenta sólo con quince octubres en los ojos,

    Y por eso los ojos son tan limpios y claros;

    Cree que las cigueñas, desde países raros,

    Bajan con rubios niños de piececitos rojos.

    ¿Quién quiere entrar ahora? Oh ¿eres tú, buen viento?

    ¿Quieres mirarla? Pasa. Pero antes, en mi frente

    Entíbiate un instante; no vayas de repente

    A enfriar el manso sueño que en la suya presiento.

    Como tú, bien quisieran entrar ellos y estarse

    Mirando esa blancura, esas pulcras mejillas,

    Esas finas ojeras, esas líneas sencillas.

    Tú los verías, viento, llorar y arrodillarse.

    Ah, si la amáis un día sed buenos, porque huye

    De la luz si la hiere. Cuidad vuestra palabra,

    Y la intención. Su alma, como cera se labra,

    Pero como a la cera el roce la destruye.

    Haced como esa estrella que de noche la mira

    Filtrando el ojo por un cristalino velo:

    Esa estrella le roza las pestañas y gira,

    Para no despertarla, silenciosa en el cielo.

    Volad si os es posible por su nevado huerto:

    ¡Piedad para su alma! Ella es inmaculada.

    ¡Piedad para su alma! Yo lo sé todo, es cierto.

    Pero ella es como el cielo: ella no sabe nada.

    S I E S T A

    SOBRE la tierra seca

    EI sol quemando cae:

    Zumban los moscardones

    Y las grietas se abren...

    El viento no se mueve.

    Desde la tierra sale

    Un vaho como de horno;

    Se abochorna la tarde

    Y resopla cocida

    Bajo el plomo del aire...

    Ahogo, pesadez,

    Cielo blanco; ni un ave.

    Se oye un pequeño ruido:

    Entre las pajas mueve

    Su cuerpo amosaicado

    Una larga serpiente.

    Ondula con dulzura.

    Por las piedras calientes

    Se desliza, pesada,

    Después de su banquete

    De dulces y pequeños

    Pájaros aflautados

    Que le abultan el vientre.

    Se enrosca poco a poco,

    Muy pesada y muy blanda,

    Poco a poco se duerme

    Bajo la tarde blanca.

    ¿Hasta cuándo su sueño?

    Ya no se escucha nada.

    Larga siesta de víbora

    Duerme también mi alma.

    UN DIA

    ANDAS por esos mundos como yo; no me digas

    Que no existes, existes, nos hemos de encontrar;

    No nos conoceremos, disfrazados y torpes,

    Por los anchos caminos echaremos a andar.

    No nos conoceremos, distantes uno de otro

    Sentirás mis suspiros y te oiré suspirar.

    ¿Dónde estará la boca, la boca que suspira?

    Diremos, el camino volviendo a desandar.

    Quizá nos encontremos frente a frente algún día,

    Quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.

    Y ahora me pregunto... Cuando ocurra, si ocurre,

    ¿Sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?

    CARTA LIRICA A OTRA MUJER

    VUESTRO nombre no sé, ni vuestro rostro

    Conozco yo, y os imagino blanca,

    Débil como los brotes iniciales,

    Pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina.

    En vuestros ojos placidez de lago

    Que se abandona al sol y dulcemente

    Le absorbe su oro mientras todo calla.

    Y vuestras manos, finas, como aqueste

    Dolor, el mío, que se alarga, alarga,

    Y luego se me muere y se concluye

    Así, como lo veis; en algún verso.

    Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca

    Tenéis un rumoroso colmenero.

    Si las orejas vuestras son a modo

    De pétalos de rosas ahuecados...

    Decidme si lloráis, humildemente.

    Mirando las estrellas tan lejanas.

    Y si en las manos tibias se os aduermen

    Palomas blancas y canarios de oro.

    Porque todo eso y más, vos sois, sin duda:

    Vos, que tenéis el hombre que adoraba

    Entre las manos dulces, vos la bella

    Que habéis matado, sin saberlo acaso,

    Toda esperanza en mí... Vos, su criatura.

    Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma

    Estáis gustando del amor secreto

    Que guardé silencioso... Dios lo sabe

    Por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.

    Os lo confieso que una vez estuvo

    Tan cerca de mi brazo, que a extenderlo

    Acaso mía aquélla dicha vuestra

    Me fuera ahora... ¡sí! acaso mía...

    Mas ved, estaba el alma tan gastada

    Que el brazo mío no alcanzó a extenderse:

    La sed divina, contenida entonces,

    Me pulió el alma... ¡Y él ha sido vuestro!

    ¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos

    El se adormece y le decís palabras

    Pequeñas y menudas que semejan

    Pétalos volanderos y muy blancos.

    Acaso un niño rubio vendrá luego

    A copiar en los ojos inocentes

    Los ojos vuestros y los de él

    Unidos en un espejo azul y cristalino...

    ¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!

    ¡Arrancaban tan firmes los cabellos

    A grandes ondas, que a tenerla cerca

    No hiciera yo otra cosa que ceñirla!

    Luego dejad que en vuestras manos vaguen

    Los labios suyos; él me dijo un día

    Que nada era tan dulce al alma suya

    Como besar las femeninas manos...

    Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve

    Vagando por afuera de la vida,

    -Como aquellos filósofos mendigos

    Que van a las ventanas señoriales

    A mirar sin envidia toda fiesta-

    Me allegue humildemente a vuestro lado

    Y con palabras quedas, susurrantes,

    Os pida vuestras manos un momento,

    Para besarlas, yo, como él las besa...

    Y al recubrirlas, lenta, lentamente,

    Vaya pensando: aquí se aposentaron

    ¿Cuánto tiempo?, sus labios, ¿cuánto tiempo

    En las divinas manos que son suyas?

    ¡Oh, qué amargo deleite, este deleite

    De buscar huellas suyas y seguirlas

    Sobre las manos vuestras tan sedosas,

    Tan finas, con sus venas tan azules!

    Oh, que nada podría, ni ser suya,

    Ni dominarle el alma, ni tenerlo

    Rendido aquí a mis pies, recompensarme

    Este horrible deleite de hacer mío

    Un inefable, apasionado rastro.

    Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,

    Barrera ardiente, viva, que al tocarla

    Ya me remueve este cansancio amargo,

    Este silencio de alma en que me escudo,

    Este dolor mortal en que me abismo,

    Esta inmovilidad del sentimiento

    ¡Que sólo salta, bruscamente, cuando

    Nada es posible!

    ESTA TARDE

    AHORA quiero amar algo lejano...

    Algún hombre divino

    Que sea como un ave por lo dulce,

    Que haya habido mujeres infinitas

    Y sepa de otras tierras, y florezca

    La palabra en sus labios, perfumada:

    Suerte de selva virgen bajo el viento...

    Y quiero amarlo ahora. Está la tarde

    Blanda y tranquila como espeso musgo,

    Tiembla mi boca y mis dedos finos,

    Se deshacen mis trenzas poco a poco.

    Siento un vago rumor... Toda la tierra

    Está cantando dulcemente... Lejos

    Los bosques se han cargado de corolas,

    Desbordan los arroyos de sus cauces

    Y las aguas se filtran en la tierra

    Así como mis ojos en los ojos

    Que estoy sonañdo embelesada...

    Pero

    Ya está bajando el sol de los montes,

    Las aves se acurrucan en sus nidos,

    La tarde ha de morir y él está lejos...

    Lejos como este sol que para nunca

    Se marcha y me abandona, con las manos

    Hundidas en las trenzas, con la boca

    Húmeda y temblorosa, con el alma

    Sutilizada, ardida en la esperanza

    De este amor infinito que me vuelve

    Dulce y hermosa...

    LA MIRADA

    MAÑANA, bajo el peso de los años,

    Las buenas gentes me verán pasar,

    Mas bajo el peño oscuro y la piel mate

    Algo del muerto fuego asomará.

    Y oiré decir: ¿quién es esa que ahora

    Pasa? Y alguna voz contestará:

    -Allá en sus buenos tiempos

    Hacía versos. Hace mucho ya.

    Y yo tendré mi cabellera blanca,

    Los ojos limpios, y en mi boca habrá

    Una gran placidez y mi sonrisa

    Oyendo aquéllo no se apagará.

    Seguiré mi camino lentamente,

    Mi mirada a los ojos mirará,

    Irá muy hondo la mirada mía,

    Y alguien, en el montón, comprenderá.

    EL CANAL

    EN LA DULCE fragancia

    De la dulce San Juan,

    Recuerdos de mi infancia

    Enredados están.

    Mi casa hacia los fondos

    Tendía su vergel;

    Allí canales hondos

    Entre abejas y miel.

    De enrojecidas ondas

    Y pequeño caudal

    Era el mío, entre frondas,

    Predilecto canal.

    Vagas melancolías

    Llevábanme a buscar

    En los oscuros días

    Aquel dulce lugar.

    Barquitos trabajaba

    En nevado papel

    Y en el agua soltaba

    Tan menudo bajel.

    Y navegaban hasta

    Que un recodo fugaz

    Se interponía: ¡basta!

    No los veía más.

    Y al perder mi barquito

    Solíanme embargar

    Ideas de infinito

    Y rompía a llorar.

    Niña: ya presentías

    Lo que ocurrir debió:

    Todo, por otras vías,

    Se ha ido y no volvio.

    Q U E J A

    SEÑOR, mi queja es ésta,

    Tú me comprenderás:

    De amor me estoy muriendo,

    Pero no puedo amar.

    Persigo lo perfecto

    En mí y en los demás,

    Persigo lo perfecto

    Para poder amar.

    Me consumo en mi fuego,

    ¡Señor, piedad, piedad!

    De amor me estoy muriendo,

    ¡Pero no puedo amar!

    LA QUE COMPRENDE

    CON LA CABEZA negra caída hacia adelante

    Está la mujer bella, la de mediana edad,

    Postrada de rodillas, y un Cristo agonizante

    Desde su duro leño la mira con piedad.

    En los ojos la carga de una enorme tristeza,

    En el seno la carga del hijo por nacer,

    Al pie del blanco Cristo que está sangrando reza:

    -¡Señor, el hijo mío que no nazca mujer!

    EL HIJO DE UN AVARO

    YA LA AVARICIA te imprimió su huella

    Sobre las carnes: la materia escasa

    Recubre apenas tu armazón exiguo

    De hombros estrechos.

    Cabellos tienes desteñidos; mira

    Cómo tu piel no brilla. Se repite

    En tí el milagro de tu padre, el hombre

    De ojos agudos.

    ¿Recuerdas tú? Cuando eras niño apenas

    Medio dormido entre la sombra, oías

    Caer monedas, lenta, lentamente...

    Una por una.

    Como tu padre, a medianoche anduvo

    También tu abuelo en subterráneo, y antes,

    El padre de su padre ya ambulaba

    Bajo la tierra.

    Mira tus dedos deprimidos, mira.

    Mira la curva del pulgar derecho,

    Menguado está como tu alma; ¡mira!...

    ¿Miedo no sientes?

    Ni los esclavos te aman.. . ¡Ah, no sabes

    Cuán fácil aman los esclavos! Muestra

    La bolsa tuya y llegarán cantando

    Tus alabanzas.

    Odias el sol pues te parece el oro

    Que no pudiste conseguir. Te encierras

    Por no mirarlo, cuando sale a darse

    Sencillamente.

    Cuando tus manos van a tus bolsillos

    Temblor las mueve, que tu raza toda

    Pesa en los dedos con que, apenas, tiendes

    Su vil moneda.

    Oh las mujeres que a tu lado pasan

    Sienten el hielo de tus ojos y huyen

    En sueños dulces a lejanos bosques

    Primaverales.

    Hijo de avaro, ven a mis rodillas,

    Piedad me sobra..., recogí en los ojos

    El cielo azul, y el mar, que es movimiento,

    Filtró por ellos.

    ¡Hijo de avaro, recubrirte ansío

    Con mis dos brazos y en los ojos grises

    Mirarte fijo!... ¡Como un soplo ardiente

    Te daré el alma!

    Te sentirás crecer: los hombros tuyos

    Han de agrandarse; tus cabellos secos

    Tomarán brillo y el pulgar menguado

    La curva mía.

    Hijo de avaro, ven a mis rodillas;

    ¡Nadie te amó! Encogido, tembloroso,

    Nunca entendiste el bien de los humanos;

    Unico: darse.

    A ricos de alma le ofrecí mi alma

    Toda, temblando de alegría; llega,

    No tengas miedo, buitre, no se acaba

    El pozo mío.

    Que nadie es pobre como tú, el enjuto

    De pecho y alma, el de los ojos grises,

    El de los dedos comprimidos, secos...

    ¡Hijo de avaro!

    BUENOS AIRES

    BUENOS AIRES es un hombre

    Que tiene grandes las piernas,

    Grandes los pies y las manos

    Y pequeña la cabeza.

    (Gigante que está sentado

    Con un río a su derecha,

    Los pies monstruosos movibles

    Y la mirada en pereza.)

    En sus dos ojos, mosaicos

    De colores, se reflejan

    Las cúpulas y las luces

    De ciudades europeas.

    Bajo sus pies, todavía

    Están calientes las huellas

    De los viejos querandíes

    De boleadoras y flechas.

    Por eso cuando los nervios

    Se le ponen en tormenta

    Siente que los muertos indios

    Se le suben por las piernas.

    Choca este soplo que sube

    Por sus pies, desde la tierra,

    Con el mosaico europeo

    Que en los grandes ojos lleva.

    Entonces sus duras manos

    Se crispan, vacilan, tiemblan,

    ¡A igual distancia tendidas

    De los pies y la cabeza!

    Sorda esta lucha por dentro

    Le está restando sus fuerzas,

    Por eso sus ojos miran

    Todavía con pereza.

    Pero tras ellos, velados,

    Rasguña la inteligencia

    Y ya se le agranda el cráneo

    Pujando de adentro afuera.

    Como de mujer encinta

    No fíes en la indolencia

    De este hombre que está sentado

    Con el Plata a su derecha.

    Mira que tiene en la boca

    Una sonrisa traviesa,

    Y abarca en dos golpes de ojo

    Toda la costa de América.

    Ponle muy cerca el oído:

    Golpeando están sus arterias:

    ¡Ay, si algún día le crece

    Como los pies, la cabeza!

    UN CEMENTERIO QUE MlRA AL MAR

    DECID, oh muertos, ¿quién os puso un día

    Así acostados junto al mar sonoro?

    ¿Comprendía quien fuera que los muertos

    Se hastían ya del canto de las aves

    Y os han puesto muy cerca de las olas

    Porque sintáis del mar azul, el ronco

    Bramido que apavora?

    Os estáis junto al mar que no se calla

    Muy quietecitos, con el muerto oído

    Oyendo cómo crece la marea,

    Y aquel mar que se mueve a vuestro lado,

    Es la promesa no cumplida, de una

    Resurrección.

    En primavera, el viento, suavemente,

    Desde la barca que allá lejos pasa,

    Os trae risas de mujeres... Tibio

    Un beso viene con la risa, filtra

    La piedra fría, y se acurruca, sabio,

    En vuestra boca y os consuela un poco...

    Pero en noches tremendas, cuando aúlla

    El viento sobre el mar y allá a lo lejos

    Los hombres vivos que navegan tiemblan

    Sobre los cascos débiles, y el cielo

    Se vuelca sobre el mar en aluviones,

    Vosotros, los eternos contenidos,

    No podéis más, y con esfuerzo enorme

    Levantáis las cabezas de la tierra.

    Y en un lenguaje que ninguno entiende

    Gritáis: -Venid, olas del mar, rodando,

    Venid de golpe y envolvednos como

    Nos envolvieron, de pasión movidos,

    Brazos amantes. Estrujadnos, olas,

    Movednos de este lecho donde estamos

    Horizontales, viendo cómo pasan

    Los mundos por el cielo, noche a noche...

    Entrad por nuestros ojos consumidos,

    Buscad la lengua, la que habló, y movedla,

    ¡Echadnos fuera del sepulcro a golpes!

    Y acaso el mar escuche, innumerable,

    Vuestro llamado, monte por la playa,

    ¡Y os cubra al fin terriblemente hinchado!

    Entonces, como obreros que comprenden,

    Se detendrán las olas y leyendo

    Las lápidas inscriptas, poco a poco

    Las moverán a suaves golpes, hasta

    Que las desplacen, lentas, -y os liberten.

    ¡Oh, qué hondo grito el que daréis, qué enorme

    Grito de muerto, cuando el mar os coja

    Entre sus brazos, y os arroje al seno

    Del grande abismo que se mueve siempre!

    Brazos cansados de guardar la misma

    Horizontal postura; tibias largas,

    Calaveras sonrientes: elegantes

    Fémures corvos, confundidos todos,

    Danzarán bajo el rayo de la luna

    La milagrosa danza de las aguas.

    Y algunas desprendidas cabelleras.

    Rubias acaso, como el sol que baje

    Curioso a veros, islas delicadas

    Formarán sobre el mar y acaso atraigan

    A los pequeños pájaros viajeros.

    H U M I L D A D

    YO HE SIDO aquélla que paseó orgullosa

    El oro falso de unas cuantas rimas

    Sobre su espalda, y creyó gloriosa,

    De cosechas opimas.

    Ten paciencia, mujer que eres oscura:

    Algún día, la Forma Destructora

    Que todo lo devora,

    Borrará mi figura.

    Se bajará a mis libros, ya amarillos,

    Y alzándola en sus dedos, los carrillos

    Ligeramente inflados, con un modo

    De gran señor a quien lo aburre todo,

    De un cansado soplido

    Me aventará al olvido.

    S O Y

    SOY SUAVE y triste si idolatro, puedo

    Bajar el cielo hasta mi mano cuando

    El alma de otro al alma mía enredo.

    Plumón alguno no hallarás más blando.

    Ninguna como yo las manos besa,

    Ni se acurruca tanto en un ensueño,

    Ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,

    Un alma humana de mayor terneza.

    Muero sobre los ojos, si los siento

    Como pájaros vivos, un momento,

    Aletear bajo mis dedos blancos.

    Sé la frase que encanta y que comprende

    Y sé callar cuando la luna asciende

    Enorme y roja sobre los barrancos.

    PALABRAS A MI MADRE

    NO LAS GRANDES verdades yo te pregunto, que

    No las contestarías; solamente investigo

    Si, cuando me gestaste, fue la luna testigo,

    Por los oscuros patios en flor, paseándose.

    Y si, cuando en tu seno de fervores latinos

    Yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro

    Te adormeció las noches, y miraste, en el oro

    Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.

    Porque mi alma es toda fantástica, viajera,

    Y la envuelve una nube de locura ligera

    Cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

    Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.

    Arrullada en un claro cantar de marineros

    Mirar las grandes aves que pasan sin destino.

    DUERME TRANQUILO

    DIJlSTE la palabra que enamora

    A mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.

    Duerme tranquilo. Debe estar sereno

    Y hermoso el rostro tuyo a toda hora.

    Cuando encanta la boca seductora

    Debe ser fresca, su decir ameno;

    Para tu oficio de amador no es bueno

    El rostro ardido del que mucho llora.

    Te reclaman destinos más gloriosos

    Que el de llevar, entre los negros pozos

    De las ojeras, la mirada en duelo.

    ¡Cubre de bellas víctimas el suelo!

    Más daño al mundo hizo la espada fatua

    De algún bárbaro rey Y tiene estatua.

    LA VIA LACTEA

    BLANCO polen de mundos, dulce leche del cielo

    ¡Quién fuera una gigante mariposa divina

    Para hundir la cabeza en aquella tu harina

    Impalpable y libarte como a cosa del suelo!

    Ya de nuevo en los ojos quema la primavera,

    Mas mi pasión humana yace, roto el peciolo,

    Y agotada mi alma está el mundo tan solo

    Que camino y retumban mis pasos en la esfera.

    Y en las noches nevadas, cuando a pesar de quietos

    Siento moverse arriba los blancos esqueletos

    De las estrellas muertas, me acomete como un

    Deseo de los cielos, y no sé qué ofreciera

    Porque sobre mi frente miserable cayera

    Una gota tan sólo te la leche de Juno.

    F I E S T A

    JUNTO a la playa, núbiles criaturas,

    Dulces y bellas, danzan, las cinturas

    Abandonadas en el brazo amigo.

    Y las estrellas sirven de testigo.

    Visten de azul, de blanco, plata, verde...

    Y la mano pequeña, que se pierde

    Entre la grande, espera. Y la fingida,

    Vaga frase amorosa, ya es creída.

    Hay quien dice feliz: -La vida es bella.

    Hay quien tiende su mano hacia una estrella

    Y la espera con dulce arrobamiento.

    Yo me vuelvo de espaldas. Desde un quiosco

    Contemplo el mar lejano, negro y fosco,

    Irónica la boca. Ruge el viento.

    CARA COPIADA

    ES LA CARA de un niño transparente, azulosa,

    Como si entre los músculos y la piel de la cara

    Una napa de leche lentamente rodara.

    En ella solamente la boca es una rosa.

    Y detrás de ese cutis de lavada azucena

    Otra cara se esconde, fuertemente esculpida;

    Es aquella del hombre que le ha dado la vida

    Y se mueve en sus rasgos y los gestos le ordena:

    Mira con inocencia y es dura su mirada.

    Su sonrisa es tranquila y en el fondo es taimada:

    Hay huellas en la fresca ternura de su pulpa.

    Ya en la boca se pinta la blandura redonda

    Que dan los besos largos y en su nariz la honda

    Codicia de la especie. ¡Y carece de culpa!

    O L V I D O

    LIDIA ROSA: hoy es martes y hace frío. En tu casa,

    De piedra gris, tú duermes tu sueño en un costado

    De la ciudad. ¿Aún guardas tu pecho enamorado,

    Ya que de amor moriste? Te diré lo que pasa:

    El hombre que adorabas, de grises ojos crueles,

    En la tarde de otoño fuma su cigarrillo.

    Detrás de los cristales mira el cielo amarillo

    Y la calle en que vuelan desteñidos papeles.

    Toma un libro, se acerca a la apagada estufa,

    En el tomacorriente al sentarse la enchufa

    Y sólo se oye un ruido de papel desgarrado.

    Las cinco. Tú caías a esta hora en su pecho,

    Y acaso te recuerda... Pero su blando lecho

    Ya tiene el hueco tibio de otro cuerpo rosado.

    E N C U E N T R O

    LO ENCONTRE en una esquina de la calle Florida

    Más pálido que nunca, distraído como antes,

    Dos largos años hubo poseído mi vida...

    Lo miré sin sorpresa, jugando con mis guantes.

    Y una pregunta mía, estúpida, ligera,

    De un reproche tranquilo llenó sus transparentes

    Ojos, ya que le dije de liviana manera:

    -¿Por qué tienes ahora amarillos los dientes?

    Me abandonó. De prisa le vi cruzar la calle

    Y con su manga oscura rozar el blanco talle

    De alguna vagabunda que andaba por la vía.

    Perseguí por un rato su sombrero que huía...

    Después fue, ya lejana, una mancha de herrumbre.

    Y lo engulló de nuevo la espesa muchedumbre.

    E L E N G A Ñ O

    SOY TUYA, Dios lo sabe por qué, ya que comprendo

    Que habrás de abandonarme, fríamente, mañana,

    Y que, bajo el encanto de mis ojos, te gana

    Otro encanto el deseo, pero no me defiendo.

    Espero que esto un día cualquiera se concluya,

    Pues intuyo, al instante, lo que piensas o quieres.

    Con voz indiferente te hablo de otras mujeres

    Y hasta ensayo el elogio de alguna que fue tuya.

    Pero tú sabes menos que yo, y algo orgulloso

    De que te pertenezca, en tu juego engañoso

    Persistes, con aire de actor del papel dueño.

    Yo te miro callada con mi dulce sonrisa,

    Y cuando te entusiasmas, pienso: no te des prisa,

    No eres tú el que me engaña; quien me engaña es mi

    [sueño.

    EL PARQUE

    EN EL AIRE reseco, flota miel diluída,

    De los árboles bajan zumos de primavera,

    La sangre de los troncos su subida acelera.

    La abeja soberana va a quitar una vida.

    Por el urbano parque de rojizos senderos,

    Afeitadas gramillas y artificiales fuentes,

    Paseo. Las estatuas tienen tristes las frentes,

    Pero a sus pies las flores saltan de los canteros.

    Bosquecillos de acacias, puestos de trecho en trecho,

    Calan el horizonte, al dibujo sensible.

    Zumba un oro ligero, mas sin cuerpo visible.

    Hay arriba un zafiro ahuecado por techo.

    En el verdoso lago, donde el pétalo ambula,

    Señoriales, los cisnes, enarcados, navegan;

    Finas columnas blancas se reflejan y juegan

    A encontrarse en el agua, que las tuerce y ondula.

    Como hace miles de años flota un áspero aliento

    De mediodía, y bajo mi planta destructora

    La gramilla aplastada no se duele ni llora;

    Pugna por levantarse sobre el brazo del viento.

    Como hace miles de años sube de las corola,

    Un venenoso, dulce y profundo llamado:

    Paréceme que algo va a serme revelado.

    Retrocedo en el tiempo. Queman las amapolas.

    ¿Dónde he visto estos cisnes, esta hiedra, hace mucho?

    ¿Estas blancas columnas y este sol deslumbrante?

    No tenía estas ropas grises de caminante:

    Yo nadaba en un lago y escuché lo que escucho.

    Una nota asustada, suelta mi pecho magro.

    ¿Siento mi voz acaso como por vez primera?...

    Ah, el corazón disuelto de tanta primavera

    Está fuera del tiempo y anticipa un milagro.

    Está fuera del tiempo, porque vuelvo la vista

    Al tupido boscaje de espinosas retamas

    Y presiento que acechan las pupilas en llamas

    De algún sátiro joven que el asalto se alista.

    Va la tierra a prensarse bajo el casco de uña,

    Y a su rito salvaje, veré alzarse las aves

    De sus nidos ocultos, y los céspedes suaves

    Encogerse al amago de la dura pezuña.

    Algo de otras edades, de una extraña grandeza,

    Sorprenderá a los cisnes blancos del siglo xx,

    Sonreirán las bocas de mármol de la fuente

    Al amor desusado de una fiera simpleza.

    Por mirar cómo escapan las mujeres rosadas,

    Las mujeres de piedra darán vuelta sus bustos,

    Y en la sombra discreta de los negros arbustos

    Habrá una fuga fina de blancas carcajadas.

    Pero es grave el contraste: bajo mis ojos cae

    Saliendo del boscaje, una cara pulida:

    Es de mi siglo: un joven; por la boca sin vida

    Pasa un cansancio lento que a lo real me trae.

    Hacia mí se encamina con un paso que ondula

    Su piel amarillenta le da una muerta gracia,

    Ojeras prematuras sellan su aristocracia;

    Pasa a mi lado, mira, me pesa y me calcula...

    Galantería fácil, frase de primavera,

    Irrumpe de su boca, tenue mancha lavada;

    Miro sus manos pulcras y su barba afeitada;

    Y se anima en sus ojos una llama ligera.

    ... Pero se aleja a paso reposado y tranquilo,

    Algún cisne lo mira sin sorpresa en el lago,

    sigue cantando el ave su canto fino y vago,

    La araña no ha cesado de tejer con su hilo.

    El sol, sobre su cuerpo, cobra la indiferencia

    De un filósofo triste que contemplara escombros;

    Cada vez más se alejan los rellenados hombros

    Y a su paso las cosas se cargan de paciencia.

    No han girado sus bustos las mujeres de piedra;

    Sigue el agua goteando con idéntico canto;

    En el bosque no hay risas ni carreras de espanto;

    Mana un negro silencio, y está quieta la hiedra...

    Allá lejos se pierde la figura del hombre;

    Recuerdo su mirada, turbia y domesticada.

    ¡Oh suspicaz, moderna y pequeña mirada,

    El corazón me llenas de una angustia sin nombre!

    DOLOR

    QUISIERA esta tarde divina de octubre

    Pasear por la orilla lejana del mar;

    Oue la arena de oro, y las aguas verdes,

    Y los cielos puros me vieran pasar.

    Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,

    Como una romana, para concordar

    Con las grandes olas, y las rocas muertas

    Y las anchas playas que ciñen el mar.

    Con el paso lento, y los ojos fríos

    Y la boca muda, dejarme llevar;

    Ver cómo se rompen las olas azules

    Contra los granitos y no parpadear

    Ver cómo las aves rapaces se comen

    Los peces pequeños y no despertar;

    Pensar que pudieran las frágiles barcas

    Hundirse en las aguas y no suspirar;

    Ver que se adelanta, la garganta al aire,

    El hombre más bello; no desear amar...

    Perder la mirada, distraídamente,

    Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;

    Y, figura erguida, entre cielo y playa,

    Sentirme el olvido perenne del mar.

    NATURALEZA MIA

    NATURALEZA mía, la que fuera

    Como pesada abeja en primavera,

    Ociosa y hecha para siestas de oro,

    Voraz, aletargable, mudadera.

    Bajo las tardes cálidas, dormida

    De amor, ya el nuevo amor te daba brida,

    Y tú arrastrabas un pesado cuerpo,

    Pesado por el zumo de la vida.

    ¿Qué hice de tí? Para enfrentar tus males

    Sobre tus formas apreté sayales,

    Y en flagelarte puse empeño tanto

    Que hoy filosofas junto a los rosales.

    Disminuida, atáxica, robada,

    En tu pura pureza violada,

    Miras te baten palmas los sensatos

    Con tu ya blanca y última mirada.

    MUNDO DE SIETE POZOS

    SE BALANCEA,

    arriba, sobre el cuello,

    el mundo de las siete puertas:

    la humana cabeza...

    Redonda, como dos planetas:

    arde en su centro

    el núcleo primero.

    Osea la corteza;

    sobre ella el limo dérmico

    sembrado

    del bosque espeso de la cabellera.

    Desde el núcleo

    en mareas

    absolutas y azules,

    asciende el agua de la mirada

    y abre las suaves puertas

    de los ojos como mares en la tierra.

    ... tan quietas

    esas mansas aguas de Dios

    que sobre ellas

    mariposas e insectos de oro

    se balancean.

    Y las otras dos puertas:

    las antenas acurrucadas

    en las catacumbas que inician las orejas;

    pozos de sonidos,

    caracoles de nácar donde resuena

    la palabra expresada

    y la no expresa:

    tubos colocados a derecha e izquierda

    para que el mar no calle nunca.

    y el ala mecánica de los mundos

    rumorosa sea.

    Y la montaña alzada

    sobre la línea ecuatorial de la cabeza:

    la nariz de batientes de cera

    por donde comienza

    a callarse el color de vida;

    las dos puertas

    por donde adelanta

    -flores, ramas y frutas-

    la serpentina olorosa de la primavera.

    Y el cráter de la boca

    de bordes ardidos

    y paredes calcinadas y resecas;

    el cráter que arroja

    el azufre de las palabras violentas,

    el humo denso que viene

    del corazón y su tormenta;

    la puerta

    en corales labrada suntuosos

    por donde engulle, la bestia,

    y el ángel canta y sonríe

    y el volcán humano desconcierta.

    Se balancea,

    arriba,

    sobre el cuello,

    el mundo de los siete pozos:

    la humana cabeza.

    Y se abren praderas rosadas

    en sus valles de seda:

    las mejillas musgosas,

    Y riela

    sobre la comba de la frente,

    desierto blanco,

    la luz lejana de una muerta...

    VOLUNTAD

    MARIPOSA ebria,

    la tarde,

    giraba sobre nuestras cabezas

    estrechando sus círculos

    de nubes blancas

    hacia el vértice áspero

    de tu boca

    que se abría frente al mar.

    Cielo y tierra

    morían

    en la música verde de las aguas

    que no conocían caminos.

    Retrocedía,

    ahuecada,

    la pared del horizonte

    e iban a echarse a danzar

    las rocas negras.

    Me desnivelaban ya

    los círculos de arriba

    empujándome hacia ti

    como hacia raíz lejana

    de la que brotara.

    Pero sólo la tarde

    bebió, lenta,

    la cicuta

    de tu boca.

    V O Z

    TE ATARE

    a los puños

    como una llama,

    dolor de servir

    a cosas estultas.

    Echaré a correr

    con los puños en alto

    por entre las casas

    de los hombres.

    Hemos dormido, todos,

    demasiado.

    Dormido

    a plena luz

    como las estrellas

    a pleno día.

    Dormido,

    con las lámparas

    a medio encender;

    enfriados

    en el ardimiento solar;

    contando el número

    de nuestros cabellos,

    viendo crecer

    nuestras veinte

    uñas.

    ¿Cuándo

    los jardines del cielo

    echarán raíces

    en la carne de los hombres,

    en la vida de los hombres,

    en la casa de los hombres?

    No hay que dormir,

    hasta entonces.

    Abiertos los párpados;

    separados con los dedos,

    si quieren ceder,

    hasta enrojecerlos

    por el cansancio,

    como los círculos

    lunares,

    cuando la tormenta

    quiere

    desmembrar

    el universo.

    CONTRA VOZ

    ENTIERRA la pluma

    antes de atarte a los puños

    como una llama

    el dolor de servir

    a cosas estultas.

    Por su punta,

    como por los canales

    que desagotan el río,

    tu agua se desparrama

    y muere en el llano.

    La palabra arrastra limos,

    pule piedras,

    y corta selvas imaginarias.

    Piden los hombres

    tu lengua,

    tu cuerpo,

    tu vida:

    Tírate a una hoguera,

    florece en la boca

    de un cañón.

    Una punta de cielo

    rozará

    la casa humana.

    L L A M A

    MI QUEJA abre la pulpa

    del corazón divino

    y su estremecimiento

    aterciopela

    el musgo de la tierra.

    Un ámbar agridulce

    destilado de las

    flores cerúleas

    cae a mojar

    mi labios sedientos.

    Ríos de sangre

    bajan de mis manos

    a salpicar el rostro

    de los hombres.

    Sobre la cruz del tiempo

    clavada estoy.

    El rumor lejano

    del mundo, ráfaga cálida,

    evapora el sudor

    de mi frente.

    Mis ojos, faros de angustia,

    trazan señales misteriosas

    en los mares desiertos.

    Y eterna,

    la llama de mi corazón

    sube en espirales

    a iluminar el horizonte.

    REGRESO EN SUEÑOS

    BOCA perdida en el vaivén del tiempo;

    detrás de los paisajes escondida;

    boca hacia atrás huyente en el espacio;

    boca muerta que fuiste boca viva:

    Torbellinos de rostros te apagaron,

    tú, que eras rosa ya palidecida;

    bloques de casas, cielos circulantes,

    telones fueron a velarte esquiva.

    Alguna vez la punta de la llama

    pintó en el aire la ligera estría

    de tu boca atersada a finos verbos:

    seda en la seda, flor más florecida.

    O levanté la mano para asirte

    en la nube traslúcida que lucía

    acuchillada del cuchillo mismo

    que parte en dos la ya palidecida.

    Y a veces, en el fondo de otra boca,

    flor de agua pura aún mas verdecida,

    hube de hallarte. Mas se abrió tu boca

    como la sal al viento en las salinas...

    Pero anoche, ¿de dónde regresaste?

    ¿De tumbas de agua? ¿De raíz nutrida

    en anchos bosques? ¿De trasmundos malva?

    ¿Qué cadenas de seres te fue guía?

    Cortaste los paisajes y los rostros,

    los circulantes cielos en huidas,

    bloques de casas, hojarasca de horas,

    y me hallaste no muerta, que dormida.

    Pájaro de aire, reposó la boca

    sobre la boca mía anochecida.

    Mas no era boca. A musgo, macerado

    en los soles de Dios, se parecía.

    F R A S E

    FUERA de ley, mi corazón

    A saltos va en su desazón.

    Ya muerde acá, sucumbe allí,

    Cazando allá, cazando aquí.

    Donde lo intento yo dejar

    Mi corazón no se ha de estar.

    Donde lo deba yo poner

    Mi corazón no ha de querer.

    Cuando le diga yo que sí,

    Dirá que no, contrario a mí.

    Bravo león, mi corazón

    Tiene apetitos, no razón.

    MAÑANA GRIS

    SE ABREN bocas grises

    en la plancha

    redonda del mar.

    Tragan nubes grises

    las bocas

    silenciosas del mar.

    Dormidos los peces,

    en el fondo,

    están.

    Colocados en nichos,

    el cuerpo frío horizontal

    duermen todos los peces

    del mar.

    Uno, bajo una aleta,

    tiene un pequeño

    sol invernal.

    Su luz difusa

    asciende

    y abre una aurora pálida

    en cada boca gris del mar.

    Pasa el buque

    y los peces

    no se pueden despertar.

    Gaviotas trazan signos de acero

    sobre la inmensidad.

    C A L L E

    UN CALLEJON abierto

    entre altos paredones grises.

    A cada momento

    la boca oscura de las puertas,

    los tubos de los zaguanes,

    trampas conductoras

    a las catacumbas humanas.

    ¿No hay un calosfrío

    en los zaguanes?

    ¿Un poco de terror

    en la blancura ascendente

    de una escalera?

    Paso con premura.

    Todo ojo que me mira

    me multiplica y dispersa.

    Un bosque de piernas,

    un torbellino de círculos

    rodantes,

    una nube de gritos y ruidos,

    me separan la cabeza del tronco,

    las manos de los brazos,

    el corazón del pecho,

    los pies del cuerpo,

    la voluntad de su engarce.

    Arriba;

    el cielo azul

    aquieta su agua transparente;

    Ciudades de oro

    lo navegan.

    PLAZA EN INVIERNO

    ARBOLES desnudos

    corren una carrera

    por el rectángulo de la plaza.

    En sus epilépticos esqueletos

    de volcadas sombrillas

    se asientan,

    en bandada compacta,

    los amarillos

    focos luminosos.

    Bancos inhospitalarios,

    húmedos

    expulsan de su borde

    a los emigrantes soñolientos.

    Oyendo fáciles arengas ciudadanas,

    un prócer,

    inmóvil sobre su columna

    se hiela en su bronce.

    E L H O M B R E

    NO SABE cómo: un día se aparece en el orbe,

    hecho ser; nace ciego; en la sombra revuelve

    los acerados ojos. Una mano lo envuelve.

    Llora. Lo engaña un pecho. Prende los labios. Sorbe.

    Más tarde su pupila la tiniebla deslíe

    y alcanza a ver dos ojos, una boca, una frente.

    Mira jugar los músculos de la cara a su frente

    y aunque quién es no sabe, copia, imita y sonríe.

    Da una larga corrida sobre la tierra luego.

    Instinto, sueño y alma trenza en lazos de fuego,

    los suelta a sus espaldas, a los vientos. Y canta.

    Kilómetros en alto la mirada le crece

    y ve el astro, se turba, se exalta, lo apetece:

    una Mano le corta la mano que levanta.

    P A S I O N

    UNOS besan las sienes, otros besan las manos,

    otros besan los ojos, otros besan la boca.

    Pero de aquél a éste la diferencia es poca.

    No son dioses, ¿qué quieres?, son apenas humanos.

    Pero, encontrar un día el espíritu sumo,

    la condición divina en el pecho de un fuerte,

    el hombre en cuya llama quisieras deshacerte

    ¡como al golpe de viento las columnas de humo!

    La mano que al posarse, grave, sobre tu espalda,

    haga noble tu pecho, generosa tu falda,

    y más hondos los surcos creadores de tus sesos.

    ¡Y la mirada grande, que mientras te ilumine

    te encienda al rojoblanco, y te arda, y te calcine

    hasta el seco ramaje de los pálidos huesos!

    U N A M I R A D A

    LA PERDI de mi vida; en vano en los plurales

    rostros, el fulgor busco de su fluído divino;

    no hay copias de sus ojos; tan sólo un hombre vino

    con ellas a la tierra; no hay pupilas iguales:

    Redondo el globo blanco, mundo que anda despacio;

    y la pupila aguda, cazadora y ceñida;

    y la cuenca de sombras por rayos recorrida.

    (Pretextos de que nazca la llama y logre espacio.)

    No más bellas que tantas otras bellas pupilas.

    Tantas. Si las prendieran en desusadas filas,

    como collar del mundo, serían su atavío.

    Pero lo que adoraba no es lo mejor: yo busco

    un modo de asomarse; el luminoso y fusco

    resplandor de dos únicos orbes: lo que era mío.

    A E R O S

    HE AQUI que te cacé por el pescuezo

    a la orilla del mar, mientras movías

    las flechas de tu aljaba para herirme

    y vi en el suelo tu floreal corona.

    Como a un muñeco destripé tu vientre

    y examiné sus ruedas engañosas

    y muy envuelta en sus poleas de oro

    hallé una trampa que decía: sexo.

    Sobre la playa, ya un guiñapo triste,

    te mostré al sol, buscón de tus hazañas,

    ante un corro asustado de sirenas.

    Iba subiendo por la cuesta albina

    tu madrina de engaños, Doña Luna,

    y te arrojé a la boca de las olas.

    RUEGO A PROMETEO

    AGRANDAME tu roca, Prometeo;

    entrégala al dentado de la muela

    que tritura los astros de la noche

    y hazme rodar en ella, encadenada.

    Vuelve a encender las furias vengadoras

    de Zeus y dame látigo de rayos

    contra la boca rota, mas guardando

    su ramo de verdad entre los dientes.

    Cubre el rostro de Zeus con las gorgonas;

    a sus perros azuza y los hocicos

    eriza en sus sombríos hipogeos:

    He aquí a mi cuerpo como un joven potro

    piafante y con la espuma reventada

    salpicando las barbas del Olimpo.

    E L H I J O

    SE INICIA y abre en tí, pero estás ciega

    para ampararlo y si camina ignoras

    por flores de mujer o espada de hombre,

    ni qué alma prende en él, ni cómo mira.

    Lo acunas balanceando, rama de aire,

    y se deshace en pétalos tu boca

    porque tu carne ya no es carne, es tibio

    plumón de llanto que sonríe y alza.

    Sombra en tu vientre apenas te estremece

    y sientes ya que morirás un día

    por aquél sin piedad que te deforma.

    Una frase brutal te corta el paso

    y aún rezas y no sabes si el que empuja

    te arrolla sierpe o ángel se despliega.

    SUGESTION DE UNA CUNA VACIA

    UN PAJARO de luna hasta la tierra

    la trajo. Inhabitada. Pero un nimbo...

    Y se veía alzar desde su fondo

    una ranilla humana al rosal abriendo.

    Con los párpados bajos del ocaso

    los barrotes doblaban sus rigores

    y se agitaba la ranilla rosa

    en cárcel presa ya y aún no nacida.

    A la luz de noche, franjas estelares

    le dibujaban triángulos y cruces

    de sombras y fulgor en nudo triste.

    Y se acunaba sola, dulcemente,

    como si arriba una celeste mano

    le diera viento mecedor de flores.

    E L S U E Ñ O

    MASCARA tibia de otra más helada

    sobre tu cara cae y si te borra

    naces para un paisaje de neblina

    en que *********** crecen, la flor corre.

    Allí el mito despliega sus arañas;

    y enflora la sospecha; y se deshace

    la cólera de ayer y el iris luce;

    y alguien que ya no es más besa tu boca;

    Que un no ser, que es un más ser, doblado,

    prendido estás aquí y estás ausente

    por praderas de magias y de olvido.

    ¿Qué alentador sagaz, tras el reposo,

    creó este renacer de la mañana

    que es juventud del día volvedora?

    A MADONA POESIA

    AQUI a tus pies lanzada, pecadora,

    contra tu tierra azul, mi cara oscura,

    tú, virgen entre ejércitos de palmas

    que no encanecen como los humanos.

    No me atrevo a mirar tus ojos puros

    ni a tocarte la mano milagrosa;

    miro hacia atrás y un río de lujurias

    me ladra contra tí, sin Culpa Alzada.

    Una pequeña rama verdecida

    en tu orla pongo con humilde intento

    de pecar menos, por tu fina gracia,

    ya que vivir cortada de tu sombra

    posible no me fue, que me cegaste

    cuando nacida con tus hierros bravos.

    VOY A DORMIR

    DIENTES de flores, cofia de rocío,

    manos de hierbas, tú, nodriza fina,

    tenme prestas las sábanas terrosas

    y el edredón de musgos escardados.

    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

    Ponme una lámpara a la cabecera;

    una constelación, la que te guste;

    todas son buenas: bájala un poquito.

    Déjame sola: oyes romper los brotes...

    te acuna un pie celeste desde arriba

    y un pájalo te traza unos compases

    para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:

    si él llama nuevamente por teléfono

    le dices que no insista, que he salido...

  • hace 1 década

    http://amediavoz.com/storni.htm

    http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/alfonsin...

    (En el segundo sitio que te dejo, hay manuscritos y poesía no tan difundida que tal vez contenga lo que tu madre busca)

    Aquí verás todos sus poemas, varios nombran la noche, aunque no como lo expresas y tampoco bajo el título La Ciega... Tal vez al leerlos reconozca cuál es el que recuerda ...Suerte!

  • ...
    Lv 6
    hace 1 década

    ¿Seguro que se llama La ciega?..

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