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El llamado

Me llaman desde allá...

larga voz de hoja seca,

mano fugaz de nube

que en el aire de otoño se dispersa.

Por arriba el llamado

tira de mi con tenue hilo de estrella,

abajo, el agua en tránsito,

con sollozo de espuma entre la niebla.

Ha tiempo oigo las voces

y descubro las señas.

Hoy recuerdo: es un día venturoso

de cielo despejado y clara tierra;

golondrinas erráticas

el camino azul puntean.

Estoy frente a la mar y en lontananza

se va perdiendo el ala de una vela;

va yéndose, esfumándose,

y yo también me voy borrando en ella.

Y cuando al fin retorno

por un leve resquicio de conciencia,

¡cuán lejos ya me encuentro de mi mismo!

¡qué mundo más extraño me rodea!

Ahora, dormida junto a mi reposa

mi amor sobre la hierba.

El seno palpitante

sube y baja tranquilo en la marea

del ímpetu calmado que diluye

espectrales añiles en su ojera.

Miro esa dulce fábrica rendida,

cuerpo de trampa y presa

cuyo ritmo esencial como jugando

manufactura la caricia aérea

el arrullo narcótico y el beso

-víspera ardiente de gozosa queja-

y me digo: Ya todo ha terminado...

Mas de pronto, despierta,

y allá en el negro hondón de sus pupilas

que son un despedirse y una ausencia,

algo me invita a su remota margen

y dulcemente sin querer me lleva.

Me llaman desde allá...

Mi nave aparejada está dispuesta,

a su redor, en grumos de silencio,

sordamente coagula la tiniebla.

Un mar hueco, sin peces,

agua vacía y negra

sin vena de fulgor que la penetre

ni pisada de brisa que la mueva.

Fondo inmóvil de sombra,

límite gris de piedra...

¡Oh soledad, que a fuerza de andar sola

se siente de sí misma compañera!

Emisario solícito que vienes

con oculto mensaje hasta mi puerta,

sé lo que te propones

y no me engaña tu misión secreta;

me llaman desde allá

pero el amor dormido aquí en la hierba

es bello todavía

y un júbilo de sol baña la tierra.

¡Déjeme tu implacable poderío

una hora, un minuto más con ella!

5 respuestas

Calificación
  • hace 1 década
    Respuesta preferida

    Este es un poema del Puertorriqueño Luis Palés Matos, no de la compañera que nos lo comparte. Nació en Guayama y murió en Santurce. En su familia hubo varios poetas: sus padres y dos de sus hermanos. Pero, al parecer, solamente él sobresalió como artista reconocido.

    A la edad de dieciséis años, publicó Azaleas, su primer libro de versos. En este su primer libro se ve claramente la influencia de los poetas modernistas hispanoamericanos de sus tiempo: Rubén Darío, Julio Herrera y Reissig y Leopoldo Lugones, entre otros.

    Siendo aún joven, falleció súbitamente su padre. Debido a ello, tuvo que dejar los estudios universitarios para ayudar económicamente a su familia. Nunca volvió a la universidad para terminarlos.

    Se casó con Natividad Suliveres, muchacha a quien había conocido en la escuela secundaria. Poco después de haberse casado, Natividad falleció de tuberculosis. A la muerte de su esposa, Palés se trasladó a San Juan y allí trabajó como canciller en el Consulado de Santo Domingo. Luego pasó al Departamento de Salud, en donde conoció a María de Lourdes Valdés Tous, con la que se casó.

    Participó mucho en la política de la Isla, exhibiendo grandes dotes de orador. En la campaña política de 1929, se involucró mucho en el movimiento independista de Puerto Rico.

    La primera edición de Tuntún de pasa y grifería vio la luz en San Juan en 1937. Este primer volumen le consiguió el primer premio de literatura concedido por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Siguió con su novela Litoral. Se publicó por entregas, tanto en el semanario de la Universidad de Puerto Rico como en el periódico El Diario de Puerto Rico..

    Después de sufrir un infarto, Palés viajó por Estados Unidos. En esta gira participó en muchas presentaciones de sus obras y le otorgaron toda clase de honores, tanto de grupos culturales como de varias universidades norteamericanas.

    Los años que siguieron fueron duros para él. Además de la muerte de su primera esposa Verónica y de su hijo Edgardo, su primera nieta falleció en 1958. Había puesto en ella toda su ilusión y su gran amor. Poco duró, sin embargo, este gran vacío en su vida, porque al año siguiente, fallece él también en Santurce, a la edad de sesenta y un años.

  • hace 1 década

    es un poema muy bonito,no se tu edad,ni si es tuyo,pero logras combinar el arte de la palabra con lo que quieres expresar,es rebuscado para quien no entiende la perdida que es irremediable,no solo es un poema de despedida ,tambien es de amor,si es tuyo ¡felicidades! sino,te ruego que me des el autor.

  • ox7m5f
    Lv 4
    hace 1 década

    Felicitaciones, porque te arriesgas a las críticas. Es un poema que puedes revisarlo y quitarle -lo que talvez está sobrando: -El exceso de rima. Como pides opiniones: Busca la musicalidad interna.

    Fuente(s): Que alguien diga que lo revises, no significa -que no está bien. Parece que los críticos aquí -son rígidos.
  • hace 1 década

    No esta del todo mal, pero siento que a veces perdías el rumbo del llamado o no nos sabias guiar hacia el mismo que tu verso dice.

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  • hace 1 década

    Tus ideas y tu forma de escribir me agradan, pero creo que eres muy rígida y estas pensando más en las palabras que tienen que rimar que en lo que estas sintiendo,practica, las cosasno tienen que salir tal y como las escribes, hay cosas que se tienen que pulir, solo sueltate

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