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Criticas e informacion sobre luis pales matos?

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  • Jurong
    Lv 5
    hace 1 década
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    LUIS PALÉS MATOS

    (1898-1959)

    Poeta puertorriqueño. Nació en Guayama y murió en Santurce. En su familia hubo varios poetas: sus padres y dos de sus hermanos. Pero, al parecer, solamente él sobresalió como artista reconocido.

    A la edad de dieciséis años, publicó Azaleas, su primer libro de versos. En este su primer libro se ve claramente la influencia de los poetas modernistas hispanoamericanos de sus tiempo: Rubén Darío, Julio Herrera y Reissig y Leopoldo Lugones, entre otros.

    Siendo aún joven, falleció súbitamente su padre. Debido a ello, tuvo que dejar los estudios universitarios para ayudar económicamente a su familia. Nunca volvió a la universidad para terminarlos.

    Se casó con Natividad Suliveres, muchacha a quien había conocido en la escuela secundaria. Poco después de haberse casado, Natividad falleció de tuberculosis. A la muerte de su esposa, Palés se trasladó a San Juan y allí trabajó como canciller en el Consulado de Santo Domingo. Luego pasó al Departamento de Salud, en donde conoció a María de Lourdes Valdés Tous, con la que se casó.

    Participó mucho en la política de la Isla, exhibiendo grandes dotes de orador. En la campaña política de 1929, se involucró mucho en el movimiento independista de Puerto Rico.

    La primera edición de Tuntún de pasa y grifería vio la luz en San Juan en 1937. Este primer volumen le consiguió el primer premio de literatura concedido por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Siguió con su novela Litoral. Se publicó por entregas, tanto en el semanario de la Universidad de Puerto Rico como en el periódico El Diario de Puerto Rico..

    Después de sufrir un infarto, Palés viajó por Estados Unidos. En esta gira participó en muchas presentaciones de sus obras y le otorgaron toda clase de honores, tanto de grupos culturales como de varias universidades norteamericanas.

    Los años que siguieron fueron duros para él. Además de la muerte de su primera esposa Verónica y de su hijo Edgardo, su primera nieta falleció en 1958. Había puesto en ella toda su ilusión y su gran amor. Poco duró, sin embargo, este gran vacío en su vida, porque al año siguiente, fallece él también en Santurce, a la edad de sesenta y un años.

    FRONTIS

    Lector, vas a beber en una fuente,

    donde al bajar el labio y la mirada,

    encontrarás tu imagen retratada

    en la seda de su onda transparente;

    vas a beber el agua de un torrente

    hecha de Todo y en resumen Nada,

    que sabe de la estrella inmaculada

    y de la sima negra y atrayente...

    Ese es mi verso; profundiza un poco.

    No compadezcas mi dolor, si loco

    te lanza entre la sombra su saeta;

    sigue, a tientas quizás: Jasón perdido,

    y toparás al cabo sorprendido,

    el vellocino de oro del poeta.

    CANCIONES DE LA VIDA MEDIA

    Ahora vamos de nuevo a cantar alma mía;

    a cantar sin palabras.

    Desnúdate de imágenes y poda extensamente

    tus viñas de hojarasca.

    No adulteres el mosto que hierve en tus lagares

    con esencias extrañas,

    y así, te dará un vino sencillo pero puro,

    porque es vino de casa.

    Anda el viejo camino para que se te vea

    la intención noble y clara,

    y huye de las retóricas travesuras ingenuas

    que inquietaron tu infancia.

    Ya eres vieja, alma mía. Árbol que entra en la zona

    de la vida mediada.

    Como fruta madura te cuelga el sentimiento

    de la rama más alta.

    Rama de bella fronda que perfumó al canto,

    ahora se ve pelada...

    Para cuajar el fruto tuvieron que caerse

    las hojas de la rama.

    Así estás, alma mía, en tu grave hora nueva,

    toda desnuda y blanca,

    erguida hacia el silencio milenario y profundo

    de la estrella lejana.

    EL RELOJ

    Con una incontrastable isocronía

    canta el reloj las horas que transcurren,

    y cual gnomos, por su armazonería,

    como suspiros, rápidas, se escurren.

    Quizá el tedio lo mata, y a porfía

    las dos agujas del reloj, se aburren,

    de estar marca que marca todo el día,

    arcano idioma que ellas no discurren.

    Mirado desde lejos, tiene aspecto

    extraño y mitológico, de insecto

    que ye correr la vida, indiferente;

    y el péndulo, una lengua centelleante,

    hiperbólicamente jadeante

    que se mofa del tiempo eternamente.

    MATINAL

    (Para Carmelo Obén)

    El letargo padece despertamientos;

    palpita entre las frondas rumor de oleaje,

    y una llovizna sueña desgreñamientos

    de cristales sutiles, sobre el ramaje.

    Como un orientalismo de ensoñamientos

    la neblina recoge su tul de encaje.

    ¿Qué efervescencia pone sacudimientos

    en la pereza rústica del paisaje?

    Un trino cristalino lejano suena,

    y Polimnia desflora su cantilena

    en el glú-glú risueño de la fontana:

    Febo guiña indeciso detrás del monte,

    y explota en llamaradas el horizonte

    al ósculo candente de la mañana.

    GUAYAMESA

    Suave como los tallos del papiro,

    con una vaga irradiación de fresa

    es tu talle de egipcia, en el que admiro

    toda la majestad de una princesa.

    El ensueño y el mar, en el zafiro

    de tus ojos, se tiñen Guayamesa;

    y como turquesino es el suspiro,

    en tus ojos se baña de turquesa.

    Cabellera auroral y frente blanca

    donde el pudor alguna vez se estanca...

    cuando tu cabellera rizos llueve.

    Al caer en tu frente ese tesoro,

    urde un desborde de flamante oro

    sobre un albino témpano de nieve.

    MATICES

    (Para un suave poeta:

    a Nicolás Blanco)

    I

    Una risotada

    en todas las cosas...

    sobre la enramada

    de las pomarrosas;

    en el océano

    que tiembla de gozo,

    bajo el beso sano,

    tibio y amoroso

    de la luna llena,

    que se muestra plena

    de anhelos febriles,

    cuando los celajes

    pasan, cual mirajes

    de cosas sutiles.

    II

    Anhelo de agua

    cristalina y pura,

    bajo de la fragua

    que da calentura

    del sol irritante

    que en el cenit brilla

    como centelleante,

    pupila amarilla.

    Un hálito de horno

    agranda el bochorno

    que en todo se siembra,

    y brilla el desmayo

    al canto de un gallo

    llamando a su hembra.

    III

    Las hojas muriendo

    pálidas y mustias

    van al alma hiriendo

    como haces de angustias,

    y la brisa queda

    en sus blandos giros

    un tropel remeda

    de amantes suspiros.

    Mariposa blonda

    silenciosa ronda

    el jardín exiguo,

    mientras la memoria

    recorre la historia

    de un recuerdo antiguo.

    IV

    Desprovistos de hojas

    los árboles viejos

    dan al viento dejos

    de ocultas congojas.

    Lentos los salterios

    vierten su tristeza

    entre la pereza

    de los monasterios...

    Bajo la nevada

    parece que nada

    de vida palpita,

    y fulge la luna

    como el alma de una

    nostalgia infinita.

    NEUROSIS

    Yo no sé si soy sonámbulo o neurótico;

    siento algos en el alma, y no son míos...

    El ambiente me sofoca, como a exótico

    en un pueblo enteramente de judíos.

    Vivo en ml y no comprendo; hormigueos

    van abriendo filtraciones de erotismo

    en mi pecho, y un enjambre de deseos

    mancha ci cisne de mi estricto misticismo.

    Poco a poco de mi juicio van comiendo

    y un volcán de efervescencia promoviendo

    al tocar de mis recuerdos el tropel;

    que se agitan como cuervos plutonianos,

    como duendes, como brujas, como enanos

    del imperio revoltoso de Luzbel.

    MEDIA NOCHE

    Este silencio lleno de morfina

    goza un mareo de profundidades,

    donde el alma poética se inclina

    atisbando soñadas claridades;

    y se pierde en la sed, de una divina

    procesión de simbólicas beldades:

    novia blanca, y azul, y cristalina,

    novia llena de espiritualidades.

    Las doce de la Noche. Muy aprisa

    pasa el arco invisible de la brisa

    sobre el cordaje rudo de la fronda;

    y el soñador bohemio, bajo una

    borrachera, vacua ante la luna

    que le clava su ****** pura y honda.

    LA PIEDRA

    En su duro letargo concentrada,

    redonda, como el cráneo de un gigante,

    la piedra en la vereda perfumada

    es verruga enigmática y punzante.

    Quieta, sintió la alegre carcajada,

    y el temblor de la carne rozagante,

    de la muchacha frá*** y cansada

    que llegó con el cántaro jadeante.

    La piedra suda un ansia negra y blonda.

    En lo profundo de su entraña honda

    un sueño se arrebuja perezoso.

    "¡Moisés, Moisés, la turba está sedienta;

    tócame con tu vara, que revienta

    el manantial de liquido precioso!"

    EL BESO

    El champagne de la tarde sedativa

    embriagó la montaña y el abismo,

    de una sedosidad de misticismo,

    y de una opalescencia compasiva.

    Hundiste el puñal zarco de tu altiva

    mirada en mis adentros, y el lirismo

    cundió mi alma de romanticismo:

    rodó la gema de la estrofa viva.

    Entonces gimió el cisne de mi ansia,

    por el remanso lleno de arrogancia

    de tus ojos nostálgicos y sabios;

    y la dorada abeja del deseo,

    en su errante y sutil revoloteo

    buscó el clavel sangriento de tus labios.

    SABADO DE GLORIA

    (Para mi profesor

    y distinguido amigo José M. Baba)

    Esta mañana loca de campana,

    y una como alegría retozona,

    rebosa rica limpidez cristiana

    en su franca pureza de madona.

    "¡Cristo, Cristo!" resuena en la pradera

    la elocuencia de Abril. "Toma estas flores;

    colna me las brindó en la primavera

    y ellas pueblan de triunfo mis ardores...

    Cristo mira las almas sonriendo;

    en sus sonrisas inquietantes, mudas,

    un calor de entusiasmo se deslíe;

    mientras todo ridículo, corriendo

    sobre un pellejo hecho pollino, Judas

    al verse tan estúpido, se ríe.

    DIA NUBLADO

    Bajo las nubes plúmbeas y letíferas

    brinca el recuerdo, fugitivo y rancio,

    y en las calmas beatas y somníferas

    palpita una fatiga de cansancio.

    Recorta el monte su silueta bruna

    en una fiebre mística de asceta,

    pues lejos de Guayama, goza una

    hiperbólica paz de anacoreta.

    La conciencia del dombo se ennegrece,

    cual la de un criminal, y desfallece

    en la seda de exótico desmayo;

    le nacen al dolor siete raíces,

    y en la pizarra de los cielos grises

    Dios escribe su nombre con el rayo.

    EL RIO

    El río es una melancolía estirada y sofocante.

    El río es una irritación de piedras, calcinante.

    Está seco, no tiene lágrimas porque el sol quemante

    lo ha mirado con pupila penetrante...

    El río está sediento... rememora anhelante,

    cuando espejeó la nieve de un semblante

    y adormeció a un cuerpo fragante...

    ¡Oh el perfume en su onda voluptuosa y palpitante!

    Voló a otras regiones el martinete errante;

    y está marchita en su margen la flor odorante.

    El lirio no genuflexiona arrogante...

    El río embiste la vista plúmbeo y abrasante;

    el río es un pesar petrificado y punzante...

    El río es una melancolía estirada y sofocante.

    LA GUAJANA

    Como si una nube se hubiese dormido

    sobre la esmeralda del cañaveral,

    con un gris sedoso, media desteñido

    la guajana flecha la vista espectral.

    En su pesadumbre de esfuerzo perdido,

    de una neurastenia lánguida, eternal,

    tiene la elocuencia sutil del olvido,

    y un sugestionismo lúgubre y fatal.

    La llanura sufre la calenturienta

    sensación de un ansia; sobre ella revienta

    la guajana coma el copo de amargar,

    y en aquella eterna sonata de almíbar,

    irrumpe la triste lágrima de acíbar

    como en la alegría revienta el dolor.

    LA CEIBA

    La ceiba sobre el cauce se dobla bondadosa

    quebrando la afonía de la áfona llanura.

    Con su voz de matrona, la ceiba caprichosa

    tiene el ramaje loco de una rara locura.

    Ella entraña el recuerdo recóndito y fragante,

    de una princesa india de pupila moruna,

    que sumergió en el río su cuerpo palpitante

    bajo la anemia crónica de la pálida luna.

    Ella ofrenda su sombra tutelar al viajero

    nostálgico de calma; el ruiseñor parlero,

    entona entre sus ramas fervientes sonatinas;

    la ceiba es una madre, que sobre el río largo

    expande su paraguas enorme; y sin embargo,

    la ceiba tiene el tronco pletórico de espinas.

    ENSOÑACION

    Por el cuadrado de una ventana de nuestra escuela

    que de soslayo me ríe toda su claridad,

    miro el paisaje chillón y viva, de un azul hondo

    y una sencilla calma de infante diafanidad.

    El cielo limpio, de vez en cuando, se mancha en una

    de esas blancuras puras y llenas de santidad,

    con que el celaje tiñendo el dombo del firmamento

    risueña el éxtasis con su ternura de castidad.

    Mientras discurre par la pizarra la geometría

    le nacen alas de ibis al ave del alma mía,

    y de la escuela me voy muy lejos, a una región

    donde es más fresca la gran mejilla de la mañana,

    y sollozando sobre las notas de la fontana,

    me aguarda inquieta la dulce novia del corazón.

    MISTICO

    (Para la muerta niña)

    Envuelta en una magia de rosados candores,

    sobre un reclinatorio de nardos y azahares,

    tu cuerpecito lleno de inocentes temblores

    dormía su narcisismo, ajeno a las pesares.

    Velaba tu alma honesta vago romanticismo:

    doradas mariposas, quiméricos jardines,

    fuentecillas gimiendo en su solitarismo

    como un encantamiento de notas de violines.

    Abismada en el prisma que la niñez ponía

    ante tus ojos, negros como los sinsabores,

    tu vida era crátera de rica fantasía.

    Y, núcleo de una alegre cáfila de rumores,

    eras como el preludio de suave melodía

    que el céfiro nocturno remeda entre las flores.

    FANTASIA

    (Para la amada del haschich)

    Bajo la pedrería de la noche estrellada,

    borracho en el zafiro de un desmayo amoroso,

    sueño en las pupilas morunas de mi amada

    que habita en un castillo lejano y misterioso.

    Nos amamos de lejos, pues un dragón rabioso

    cuida los movimientos de mi novia encantada,

    y ella, sin abatirse por su destino odioso,

    hila místicamente tranquila y resignada.

    ¿La fuga? Será noche, cuando la primavera

    vierta su cornucopia de luz en la pradera

    y suene del convento la romántica esquila,

    cuando mi amada anónima, que ni una queja exhala,

    concluya, con sus dedos delicados, la escala

    que hace tiempo en la rueca de su silencio hila.

    FRUTA PROHIBIDA

    (Para la amada de fuego)

    Era la noche plétora de un delirio chispeante,

    era una indiferencia sonámbula y fragante:

    la muda indiferencia de los astros, despiertos

    como un diluvio de ojos parpadeantes y abiertos.

    Era un vaho de perfume de hembra en los jardines,

    bajo la enredadera de los blancos jazmines;

    y aquellas, las estrellas, nos miraban temblando;

    y vino el paraíso de anhelos suspirando;

    y vino aquel deseo de la mujer primera,

    y tembló sorprendida la casta enredadera;

    y en el febril incendio de nuestra edad temprana,

    tú deshecha en querellas, yo en el amor ardiente,

    probamos los dulzores de la roja manzana,

    y vimos como alegre silbaba la serpiente. .

    FIEBRE AUTUMNAL

    El crepúsculo finge un hervidero

    cruento y ardiente... Sobre el mar sonoro

    resbala el melancólico y postrero

    lampo de sol, como una flecha de oro.

    El monstruo llora un rictus de armonías

    y al beso de la luz se congestiona,

    cual si sangraran en sus ondas frías

    las cuatro heridas de Rabí Jeschona.

    La ojera del ocaso cobra un vago

    violeta-oscuro, dándole al estrago

    un capricho romántico de rosas;

    la noche muestra toda su fortuna,

    y brota, como un pétalo, la luna

    envuelta en santidades vaporosas.

    Saludos

  • hace 1 década

    Poeta puertorriqueño. Nació en Guayama y murió en Santurce. En su familia hubo varios poetas: sus padres y dos de sus hermanos. Pero, al parecer, solamente él sobresalió como artista reconocido.

    A la edad de dieciséis años, publicó Azaleas, su primer libro de versos. En este su primer libro se ve claramente la influencia de los poetas modernistas hispanoamericanos de sus tiempo: Rubén Darío, Julio Herrera y Reissig y Leopoldo Lugones, entre otros.

    Siendo aún joven, falleció súbitamente su padre. Debido a ello, tuvo que dejar los estudios universitarios para ayudar económicamente a su familia. Nunca volvió a la universidad para terminarlos.

    Se casó con Natividad Suliveres, muchacha a quien había conocido en la escuela secundaria. Poco después de haberse casado, Natividad falleció de tuberculosis. A la muerte de su esposa, Palés se trasladó a San Juan y allí trabajó como canciller en el Consulado de Santo Domingo. Luego pasó al Departamento de Salud, en donde conoció a María de Lourdes Valdés Tous, con la que se casó.

    Participó mucho en la política de la Isla, exhibiendo grandes dotes de orador. En la campaña política de 1929, se involucró mucho en el movimiento independista de Puerto Rico.

    La primera edición de Tuntún de pasa y grifería vio la luz en San Juan en 1937. Este primer volumen le consiguió el primer premio de literatura concedido por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Siguió con su novela Litoral. Se publicó por entregas, tanto en el semanario de la Universidad de Puerto Rico como en el periódico El Diario de Puerto Rico..

    Después de sufrir un infarto, Palés viajó por Estados Unidos. En esta gira participó en muchas presentaciones de sus obras y le otorgaron toda clase de honores, tanto de grupos culturales como de varias universidades norteamericanas.

    Los años que siguieron fueron duros para él. Además de la muerte de su primera esposa Verónica y de su hijo Edgardo, su primera nieta falleció en 1958. Había puesto en ella toda su ilusión y su gran amor. Poco duró, sin embargo, este gran vacío en su vida, porque al año siguiente, fallece él también en Santurce, a la edad de sesenta y un años.

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