Ayuda por favor, como curarse de la Epicondilitis? gracias?

cual el tratamiento, dieta y/o medicamentos, medicina alternativa a emplear

4 respuestas

Calificación
  • ANy
    Lv 4
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    En tratamiento

    Codos, hombros

    y pies

    Las ondas de choque son un método innovador, no invasivo, indoloro

    y de rápida recuperación para la mejora y cura de algunas patologías músculo–esqueléticas. Tatiana Aguilera

    El cuerpo humano es un sistema porque todos sus elementos están funcionalmente interrelacionados. No cabe una consideración aislada de los pies, de los hombros o de las manos. Todos forman parte de un todo y sólo dentro del sistema pueden cumplir sus funciones. Observar una mano, no dice mucho. Sin embargo, basta con observar una obra de arte, mirar cómo maneja sus manos el director de una orquesta, o presenciar un buen lanzamiento durante un juego de beisbol para analizar la mano como extensión del pensamiento. La mano entonces nos habla de la capacidad del ser humano de crear, de trabajar, de trascender, de descansar. Por eso, cuando uno de los miembros del cuerpo humano es afectado, todo el sistema padece: a quien le duele la espalda, el hombro o los pies le llega a doler ¡hasta el alma!

    Procurar que el cuerpo funcione bien y esté sano redunda en el desarrollo de la personalidad humana: desde el humor hasta la capacidad de trabajo muchos aspectos de nuestra vida dependen de esa armonía orgánica y para eso contamos con los avances de la ciencia médica.

    El desarrollo de la tecnología ha puesto a disposición de la medicina equipos cada vez más sofisticados, capaces de llegar con exactitud al área afectada con un foco preciso que facilita procedimientos puntuales y efectivos. Ese es el caso del tratamiento de ondas de choque para algunas enfermedades músculo-esqueléticas en codos, hombros y pies, las cuales detallaremos a continuación.

    Codos

    La inflamación del codo generalmente se relaciona con un traumatismo directo sobre la zona o con el sobreuso de este miembro que produce una inflamación en el epicóndilo del codo. Es una variedad de tendinitis —inflamación en los tendones o terminaciones de los músculos—. Las más frecuentes se conocen como: codo de tenista (epicondilitis lateral), que es la inflamación de las inserciones musculares en la parte lateral del codo, y el codo del golfista, que se refiere a la inflamación de las inserciones musculares en la cara interna del codo. Esta patología no la sufren exclusivamente quienes practican esos deportes sino que la pueden padecer personas que ejercitan de forma recurrente esa zona. La epicondilitis es una dolencia que tiende a ser crónica. Surge debido a un esfuerzo mal hecho, por el cual se arrancaron los tendones del sitio donde se insertan, del lado externo del codo, pues si el dolor fuese en el lado interno del codo se trataría de otra patología. En ambos tipos de inflamaciones (epicondilitis y codo del golfista) el dolor puede presentarse a nivel de la inserción muscular en el hueso del codo o se puede irradiar hacia los músculos del antebrazo y, en ocasiones, hasta la muñeca.

    Hombros

    Los dolores que se presentan en la zona del hombro a veces pueden ser causados por una inflamación denominada bursitis. Tenemos centenares de “bursas” distribuidas en el cuerpo. Su función es disminuir la fricción entre dos superficies que se mueven en diversas direcciones.

    Se podría comparar la bursa con una especie de bolsa que contiene una pequeña cantidad de aceite en su interior, sellada al vacío. Al frotarla entre las manos el movimiento sería liso y sin esfuerzo. Las bursas se localizan en las zonas donde músculos y tendones se deslizan sobre los huesos. Sin la bursa, que impide la fricción, los movimientos serían muy dolorosos. La bursitis es la inflamación de una bursa, que entonces pierde sus capacidades de deslizamiento y causa aún más fricción en ese espacio confinado. El movimiento se vuelve doloroso e irritante.

    Pies

    El dolor que se presenta en los talones, producto de la inflamación del calcáneo —ligamento que se inserta en esa zona— es lo que se conoce como fascitis plantar. En ocasiones se aprecia como una desagradable molestia que se irradia por toda la planta del pie y se agudiza cuando el peso del cuerpo ejerce presión sobre ese tejido inflamatorio. Es una patología que puede padecer cualquier persona “a pie”, habituada a caminar y que realiza las actividades físicas cotidianas.

    Las personas que sufren esta molestia suelen sentirla desde primeras horas de la mañana, apenas se levantan. Puede comenzar en el talón, pero el dolor se agudiza según la actividad que se realice y es difícil localizarlo en un punto exacto. A veces se palia con el uso del tacón, zapatos que molesten menos o plantillas. Se mitiga con terapias de frío, infiltración o taloneras de gel; sin embargo, el dolor reaparece porque la inflamación es recurrente.

    En tratamiento

    Las ondas de choque se presentan como un método innovador, no invasivo —extracorpóreo—, que elimina el riesgo asociado a las operaciones quirúrgicas, indoloro y de rápida recuperación para el tratamiento de algunas patologías músculo-esqueléticas.

    Con este tratamiento es posible activar los mecanismos naturales de reparación del organismo, ya que el paciente se recupera rápidamente después del tratamiento y los efectos secundarios son mínimos. La doctora Myriam Capasso, especialista en lesiones de hombro, considera que los candidatos para este tipo de tratamiento son principalmente pacientes con:

    • Diagnóstico de fascitis plantar crónica o espolón calcáneo que hayan sido tratados por otros métodos sin resultados satisfactorios.

    • Bursitis o tendinitis del manguito rotador en el hombro, con o sin calcificación.

    • Epicondilitis crónica o codo de tenista.

    Originariamente el uso de las ondas de choque en el campo clínico nació para la aplicación en tratamientos renales y, específicamente, para la ruptura de cálculos (litotripsia). Posteriormente su aplicación se emplea desde hace unos 15 años con fines ortopédicos para disolver las calcificaciones e inflamaciones crónicas en tendones. Estas inflamaciones pueden localizarse en diversas zonas del cuerpo: la fascitis (inflamación crónica en la base plantar), epicondilitis (inflamación en el codo), la inflamación crónica del manguito rotador (en el hombro); o la inflamación del tendón ubicado en la rodilla o “rodilla del saltador”. También es aplicable en fracturas demoradas en consolidar.

    Los creadores de este avance tecnológico son los alemanes y, desde entonces, su uso se ha difundido ampliamente en Europa. En el año 2001, la FDA (Food and Drug Administration) aprueba este tipo de tratamiento para la fascitis plantar y la epicondilitis en Estados Unidos y, actualmente, la técnica se emplea también en Colombia, México, Argentina, Brasil y Chile, acota la doctora Myriam Capasso. Advierte, además, que los pacientes con fascitis plantar tienen posibilidad de curarse en un 90% de los casos.

    “Los pacientes son sometidos a las ondas de choque con la finalidad de eliminar —desintegrar— la calcificación localizada en el tendón, evitando una cirugía para tal fin. Esta práctica activa los mecanismos naturales de reparación del organismo, permite la pronta recuperación del paciente y minimiza los efectos secundarios ”.

    También está el tratamiento de ondas de choque focalizado, un sistema de imagen de ultrasonido, el cual proporciona la localización e imagen exacta de la lesión, que puede ser vista desde diversos ángulos, antes, durante y después del tratamiento. Produce ondas de choque —también conocidas como ondas de sonido y presión— que viajan a través de una almohadilla de agua ubicada en el cabezal de la máquina para ser aplicadas en el área a tratar del paciente. El brazo articulado del equipo permite la movilización del sistema de terapia para que pueda ser alineado y posicionado en la lesión. El aparato emite una onda cuya intensidad puede ser controlada, característica muy importante porque hay casos que ameritan baja energía, mientras otras lesiones inflamatorias la exigen alta. Se requiere de 30 a 45 minutos para aplicar el tratamiento y se recomiendan tres sesiones para culminarlo. El paciente puede ser sedado o anestesiado localmente para facilitar el procedimiento.

    Quiénes sí... quiénes no

    Los criterios de selección para pacientes a ser tratados con onda de choque abarca a quienes presentan en el pie fascitis plantar con más de cuatro a seis meses de evolución y que han sido tratados con tres métodos conservadores (fármacos, fisioterapia, ortopedia). Por ejemplo, un paciente que ya hizo un buen programa de rehabilitación, usando ortosis (plantillas especiales) y fue infiltrado por lo menos una vez, sin el resultado esperado, es un candidato a la aplicación de onda de choque extracorpórea. Este método está contraindicado en situaciones agudas, puesto que hay que descartar la presencia de otras patologías asociadas que no respondan al tratamiento, como aquellas lesiones en las que los nervios se atrapan en el talón y producen molestias semejantes a la fascitis.

    “El criterio de selección para los pacientes con epicondilitis que ameritan onda de choque es que haya fracasado el tratamiento con antiinflamatorios, la inmovilización y la fisioterapia”, explica el doctor Miguel Angel Guédez

  • hace 3 años

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  • Anónimo
    hace 1 década

    Ir al médico sería una buena opción.

  • ?
    Lv 6
    hace 1 década

    El tratamiento no quirúrgico tiene tres componentes principales: protección, disminución de la inflamación, y fortalecimiento de los músculos y tendones.

    Protección: Incluye

    Reducir las actividades causantes de dolor

    Modificar aquellas actividades que agravan el dolor

    Disminuir el tiempo o intensidad de la actividad

    Realizar descansos y estiramientos

    Otros métodos de protección son la utilización de una codera elástica o una férula de muñeca y ocasionalmente la inmovilización con yeso. Un programa de estiramientos puede ser útil por disminuir la tensión del músculo sobre el tendón afecto. Los estiramientos incluyen el brazo afecto, así como el cuello, parte superior de la espalda y hombro, mano, muñeca, antebrazo y tríceps.

    El segundo componente del tratamiento no quirúrgico se dirige a disminuir la inflamación del tendón. Esto puede conseguirse con hielo, distintas modalidades de fisioterapia (como los ultrasonidos o la iontoforesis), medicación antiinflamatoria e infiltraciones con corticoides.

    Acudir al médico preferiblemente para evitar una amputación.

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