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Lucas C

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Preguntas8
  • Interesados en desarrollar método para obtención de energía barata o gratis?

    Tengo interés en desarrollar método para la obtención de energía barata o gratis, y me gustaría contactarme con personas que colaboren en la concreción de dos ideas.

    2 respuestasFísicahace 1 década
  • Uno de mis entretenimiento es la mecánica y quisiera saber?

    En qué orden o posición debo colocar los cojinetes de bancada (tiene cinco) de un motor AP 1.8, de Coupé XR3 Ford Escort 1992.

    4 respuestasArreglos y Mecánicoshace 1 década
  • ¿Podemos hacer de Yahoo Respuestas, un espacio de opinión y construir una visión real de Latinoamérica?

    Si bien tiene como objetivo compartir la experiencia y el conocimiento individual, será posible que entre todos los Latinoamericanos podamos identificar correctamente los problemas que nos aquejan - que por lo visto contienen factores comunes a nuestros países y aportar opiniones que sirvan para ser canalizadas en nuestras vidas cotidianas y en lo posible su transmisión a nuestros gobernantes.

    6 respuestasParticipación Cívicahace 1 década
  • ¿Qué opinas con respecto a la condena por negar el holocausto judío?

    "Un tribunal alemán condenó el jueves a cinco años de prisión a un prominente revisionista del Holocausto extraditado desde Canadá por incitar al odio racial y negar que los nazis mataron a seis millones de judíos". (sic)

    http://mx.news.yahoo.com/s/reuters/070215/internac...

    9 respuestasLeyes y Éticahace 1 década
  • ¿Es EEUU el aliado natural de México?

    Sobran ejemplos que el único aliado natural de USA es Inglaterra y que México, sólo lo es en forma limitada y por conveniencia. Por sentido común, por lengua, por raíces e historia los aliados naturales en el orden político y económico, no deberían ser el resto de los países de América Hispana?.

    7 respuestasOtros - Política y Gobiernohace 1 década
  • ¿ La INSOLENCIA es uno de los males que afecta negativamente a la nuestro país, Argentina?

    Es largo, pero vale la pena leerlo

    LA ARGENTINA INSOLENTE

    En mi casa me enseñaron bien, pero todo estaba mal.

    Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas

    sagradas:

    Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.

    Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

    Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que

    nadie discutía... ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos

    mantenía a raya con la simple amenaza: "Ya van a ver cuando llegue papá".

    Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a

    trabajar... porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás

    volvían a su casa. No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la

    morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y

    sostenida graciosamente por mi mamá) era razón

    suficiente para cumplir las reglas.

    Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un

    cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme

    esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las

    reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme

    un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían

    porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas.

    Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno

    tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

    Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y

    consistentes como eran "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa" o

    "escuchar cuando los mayores hablan".

    Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran

    las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los

    de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales

    ante la Sagrada Ley Casera.

    Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié "las reglas" mediante

    el sano y excitante proceso de la "travesura" que me permitía acercarme

    al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre

    era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente.

    La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me

    permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo

    y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo

    predecible. El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos,

    pues alejaba el rencor, y trasquilaba a los

    privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas.

    Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me

    amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

    Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi

    casa . Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal.

    Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi

    casa había "travesuras" sin "castigo", y una enorme cantidad de "reglas"

    que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido(o

    un ******, si me lo permite).

    El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas arriba. Conocí

    algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo),

    nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: la impunidad.

    ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había

    justicia, justicia simple, clara, e inmediata.

    Pero también había piedad. Le explicaré: Justicia, porque "el que las

    hace las paga".

    Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y

    su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y

    listo... y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno

    tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que

    había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

    Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y

    así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que

    en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que

    todo funcionara. En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como

    todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado.

    Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

    Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase

    responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su

    lugar.

    Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es

    lo que nos arruinó. La INSOLENCIA.

    Usted puede romper una regla, es su riesgo, pero si alguien le llama la

    atención, o es

    atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo

    y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la

    cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a

    los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que

    uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper

    la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que

    responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no

    hay remedio.

    El mal de los Argentinos es la insolencia.

    La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La

    insolencia hace un culto de cuatro principios:

    1.. Pretender saberlo todo

    2.. Tener razón hasta morir

    3.. No escuchar

    4.. Tú me importas sólo si me sirves.

    La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los

    niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que

    los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los

    impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que

    no pueden trabajar, al mismo tiempo, cierran los caminos y no dejan

    trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a

    aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar.

    Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo

    todos. Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y

    arrogante.

    Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi

    casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que

    demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus

    casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos

    una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos... ¿por qué

    nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?

    Yo se lo voy a contestar, PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a

    cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable.

    Porque hacerse responsable es tomar un compromiso, y comprometerse es

    aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos

    una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien

    organizados.

    Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a

    respetar estas reglas. Le propongo que hagamos algo para identificarnos

    entre nosotros.

    1.. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y

    tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con

    usted hasta que lo encuentre.

    2.. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo

    usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos

    varios para levantar un mismo papel.

    3.. Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos,

    aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la

    regla!!

    4.. Si es un automovilista respete los semáforos, y respete los derechos

    del peatón.

    5.. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

    Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar

    a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la

    insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad

    individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a

    mantenerla limpia y ordenada. Si todos somos capaces de hacer esto,

    seremos capaces de hacer cualquier cosa. Porque hay que aprender a

    hacerlo todos los días.

    Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes

    todos los días, todo el tiempo.

    Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o

    cargará siempre con el arrepentimiento.

    ¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?

    2 respuestasOtros - Sociedad y Culturahace 1 década
  • Por qué es llamado I.V.A. en Argentina el Impuesto al Valor Agregado?

    Que en su inicio tuviera un porcentaje menor y en la actualidad es del 21%, si en realidad debería llamarse Impuesto al Consumo de los Pobres Asalariados, mientras que productores y grandes empresas tienen la posibilidad de computar como crédito fiscal el impuesto abonado en sus compras. También el pobre asalariado debe pagar impuestos provinciales y municipales.

    3 respuestasOtros - Política y Gobiernohace 1 década