En Irlanda, Aproximadamente trescientos años antes del nacimiento de Cristo, los Celtas vivieron en las Islas Británicas, Escandinavia, y Europa Occidental. Eran una sociedad como cualquiera de las de hoy, pero sus usos y costumbres fueron controlados por una sociedad secreta de sacerdotes paganos llamada los druidas.
Ellos adoraban y servían a Samhain, dios de la muerte. Cada año, el 31 de octubre, los druidas celebraban la víspera del año nuevo céltico en honor de su dios pagano Samhain.
Trick-Or-Treat, Treta o Trato
Los sacerdotes druidas iban de casa en casa exigiendo alimentos y vírgenes para ofrenda a su dios Samhain en el festival de la muerte, si se los daban se hacía un trato (treat) y se iban en paz. Si la gente de la aldea no daba a los druidas el alimento o persona que exigían, se lanzaba una maldición sobre la casa entera y según ella, alguien de esa familia moriría ese año. Esa era la trampa o treta (trick).
Jack O Lantern
Los druidas llevaban con ellos un **** grande, el cual habían ahuecado en el interior, con una cara tallada en el frente, para representar el espíritu demoniaco del que recibían su poder y conocimiento, mismo que se encargaría de ejecutar toda maldición e iluminar su camino. Este espíritu se llama "espíritu familiar". El ****, encendido por una vela dentro, era una linterna para los druidas por la noche. Ellos llamaron "Jock" al espíritu de la linterna.
Origen del día de muertos
Cuando estas prácticas llegaron a Norteamérica en los siglos 18 y 19, los colonizadores hallaron que los nabos no eran tan grandes, así que los substituyeron por calabazas. Desde entonces a esta figura tan representativa del Halloween se le llamó "Jock, el que vive en la linterna" y después vino a ser "Jack-O-Lantern" o Linterna de Jack.
En México, la costumbre de rendir culto a los muertos se practica desde la época prehispánica, desde el 1800 antes de Cristo. En las Fiestas de "difuntos" se ponían ofrendas que bien podían ser un homenaje, un presente, o el ofrecimiento de un sacrificio.
Para los antiguos mexicanos lo que determinaba el lugar dónde transcurriría su vida después de morir era principalmente las causas o la forma en que morían. Ellos creían en varios paraísos y varios infiernos (que no tenían significado "moral"). Es decir, un mundo superior para los vivos y otro inferior para los muertos.
Según el Códice Florentino y el texto de la Historia General de las Cosas de la Nueva España estos mundos eran los siguientes: El Tlalocan, de Tlaloc (dios del agua y la lluvia), donde iban los que morían por causas del agua; el paraíso oriental, hogar de los guerreros, de los caídos en batallas y de los sacrificados al sol (Tonatiuh); el occidental que era el hogar de las mujeres que morían en el parto (las Cihuateteos) y el paraíso del sol que era llamado Tonacalli.
Los muertos que no eran elegidos para habitar en los otros paraísos, iban al Mictlan (lugar de los muertos), o mundo inferior. En el reinaba Mictlantecuhtli y la reina Mictlancihuatl (señora del lugar de los muertos). En este mundo se establecían todos los que morían por muertes naturales no relacionadas con las otras moradas.
La ofrenda a los muertos
Para llegar al Mictlan se debían vencer múltiples retos: 4 días de viaje entre montañas que chocaban para aplastar al viajero, una feroz lagartija gigante, un cocodrilo monstruoso, 8 desiertos, 8 colinas, un viento helado, cuchillos lacerantes y un río llamado Chiconahuapan, mismo que debía cruzar montado en un perro Itzcuintle sin manchas.
Para resistir este viaje, tanto el día de su muerte como durante las festividades de los muertos se les otorgaban ofrendas que les proporcionaban fuerza para su tránsito al inframundo; alimentos, agua, sal, juguetes para los niños y el perro en el que viajarían por el río Chiconahuapan.